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Entrevista:GERARDO DÍAZ FERRÁN | Presidente de la patronal CEOE | Crisis financiera mundial | Las efectos en España

"Si no se toman medidas, las empresas caerán una tras otra"

El líder de los empresarios se recupera de una semana de vértigo que deja como herencia el mayor terremoto vivido nunca en esta organización, acostumbrada al consenso. Díaz Ferrán quiere pasar página y hacer reformas

El despacho de Gerardo Díaz Ferrán (Madrid, 1942) es un reflejo del pragmatismo. Una fotografía con José Luis Rodríguez Zapatero, por un lado; otra con Esperanza Aguirre, por otro. También con los Reyes y sobre la mesa, un retrato de su esposa. El espacio es amplio y solemne. Allí, el presidente de la CEOE ha madurado la destitución, que derivó en sonora dimisión, del que ha sido número dos de la organización durante 24 años, Juan Jiménez Aguilar. Antes de la entrevista se ha reunido con José María Lacasa, quien se perfila como nuevo secretario general. Al final, los servicios de prensa le pasan algunos teletipos. Uno informa de que Pizarro y Rato pueden sustituirle, otro de que Jesús Bárcenas, presidente de Cepyme y uno de sus enemigos, propone traer a Fidel Castro a dirigir España. Sonríe.

"Si la negociación no llega a nada con los sindicatos, debe actuar el Gobierno"

"Las medidas del Ejecutivo van en la buena dirección, pero son insuficientes"

"Intenté una salida amistosa de Jiménez Aguilar, pero exigía que le destituyera"

"Mi papel como empresario no me resta independencia"

"En los últimos años esta casa no estaba pendiente de los avances"

"Le he dicho a Solbes que el ICO financie de forma temporal a la 'pyme"

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Pregunta. ¿Por qué ha prescindido de Jiménez Aguilar?

Respuesta. Por falta de confianza. Necesito un equipo de total confianza y no tuve más remedio que hacerlo. En los momentos de crisis económica que vivimos -lo malo no ha hecho más que empezar-, creo que necesitamos una CEOE absolutamente cohesionada, seria, transparente y eficaz, para emprender el diálogo social y las reformas.

P. ¿No debería haber abordado este asunto cuando usted llegó al cargo, hace más de un año?

R. Ya en varias ocasiones había negociado con él una salida amistosa; pero no fue posible porque siempre me decía que propusiera su destitución al comité ejecutivo, como dicen los Estatutos. He tenido muchas dificultades.

P. ¿Qué tipo de dificultades?

R. De aceptación de las reformas que yo proponía y que él no consideraba necesarias. Cuando llega un presidente nuevo hay que emprender cambios. Hubo un desencuentro serio en marzo tras el que me armé de paciencia. Incluso le di la confianza por escrito porque me lo pidió. De todos modos por medio ha surgido un tema que colmó el vaso.

P. ¿Se refiere al acta firmada por él de una asamblea de 2003 que nunca existió?

R. Sí, pero no quiero incidir en ello. Tenía dos opciones: destituirlo o irme yo. Como tengo verdadera ilusión en esto y cuento con el apoyo mayoritario, estaba claro que debía destituirlo. Es lo mejor para la organización.

P. El problema es que Jiménez Aguilar cuenta con apoyo en CEOE. ¿No teme una especie de rebelión interna en la casa?

R. ¡Cómo no va a tener amigos una persona que lleva 24 años en el cargo! Pero, para ser sinceros, creo que la confederación de Andalucía no es que esté a favor de Jiménez Aguilar, sino que su presidente se presentó a las elecciones contra mí y yo se las gané por once a dos. Y luego el presidente de Cepyme se ha metido conmigo constantemente con falacias. No le he contestado y no lo voy a hacer. Le voy a tender la mano.

P. Dependerá de lo que diga.

R. Claro. Me imagino que pide elecciones anticipadas.

P. ¿Y va a haberlas?

R. Hay que hacer una reforma de los estatutos, precisamente para que pueda haberlas. La reforma deberá aprobarla una asamblea. Después el comité ejecutivo decidirá cuál es el mejor momento para convocar elecciones. La fecha límite es mayo de 2010.

P. O sea, que las adelantará.

R. Vamos a estudiarlo. Ha habido muchas delegaciones que se han expresado en contra de hacerlo, entre ellas Cataluña, cuyo presidente, Juan Rosell, ha vuelto a ser vicepresidente de CEOE tras reconstruir yo la relación. También se ha incorporado el de la patronal vasca, que nunca había sido vicepresidente. No se ha ido nadie, ni siquiera los díscolos.

P. Parece que tiene el comité controlado...

R. No, controlado, no tengo a nadie. Tengo gente que me quiere y que está a mi favor.

P. Los sindicatos hablan del posible deterioro del diálogo social por esta crisis.

R. Para nada. No creo que lo hayan dicho ni Cándido Méndez ni José María Fidalgo. Los dos saben que apuesto por el diálogo.

P. Sus críticos argumentan que sus negocios particulares (por ejemplo, Aerolíneas Argentinas), pueden restarle independencia como presidente de la CEOE.

R. No me restan independencia. Sé distinguir perfectamente entre mis empresas y mi labor en la patronal. Que las confederaciones las presida un funcionario o un empresario ha estado siempre a debate. Lo natural es que un empresario presida una organización empresarial como en el 95% de las europeas. También hay que comprender que es lógico que el Gobierno defienda a las empresas españolas en el extranjero.

P. Lo de Cuevas era atípico.

R. Era atípico en la persona [no era empresario] y quizá más en el tiempo [permaneció 23 años en el cargo]. En la reforma de estatutos propondré que cada presidente sólo pueda serlo por un máximo de dos periodos. Siempre he manifestado mi respeto y admiración por el trabajo realizado por Jose María Cuevas.

P. ¿Cuál es su nuevo proyecto para la CEOE?

R. Va a ser muy ambicioso al objeto de ayudar a las organizaciones territoriales y sectoriales, y ganar en modernización y transparencia. Hay que recopilar experiencias para hacer propuestas permanentemente y colaborar con el Gobierno de turno en la labor de lograr las condiciones adecuadas para crear empleo. Por ejemplo, si en EE UU tienen la mitad de paro que en Europa, pues vayamos a estudiar su experiencia. Merece la pena.

P. Pero las condiciones laborales pueden ser peores.

R. La realidad puede ser ésa. Pero esta casa debe estar pendiente de los avances. Y, para ser sincero, no se estaba haciendo en los últimos años. Hay que impulsar la internacionalización, introducir las nuevas tecnologías... Y demostrar al Gobierno que no puede quitar la deducción fiscal de I+D+i a las empresas por haber rebajado el impuesto de sociedades. Es un disparate; son empleos.

P. Si esas medidas son necesarias, ¿por qué la CEOE ha renunciado a reformas laborales en la declaración del diálogo social?

R. No es así. Desde el primer día dije que no me parece bien que el Gobierno diga que no va a aprobar cuestiones en las que no estemos de acuerdo patronal y sindicatos. Me parece bien que nos deje negociar, pero la obligación de gobernar es del Gobierno y si la negociación no llega a nada, tiene que tomar las medidas necesarias.

P. ¿Incluso si no le gustan a la CEOE?

R. Sí. Hay un tema gravísimo que crece mes a mes, el absentismo laboral. Nuestras tasas duplican las europeas y esto mina la competitividad de las empresas. Además, va en contra de los trabajadores que no faltan. Hay enfermedades modernas, como la depresión, difíciles de medir si son de verdad. Y si los sindicatos no quieren llegar a soluciones, el Gobierno tiene que tomar medidas.

P. ¿Es correcta la política del Gobierno ante la crisis?

R. Creo que es insuficiente, como que los Presupuestos son expansivos y debían ser restrictivos. Este Gobierno ha hecho algunas cosas bien, otras mal y otras que no ha hecho y hacen falta. Las medidas que están tomando van en la buena dirección. No la de los 400 euros, que me parece disparatada; pero no son suficientes. Lo que no se puede hacer es criticar a un gobierno por ser de un partido que no te gusta. Hay que criticarle o alabarle y convencerle de que haga cosas necesarias. Ahora, por ejemplo, debe ayudar a dar liquidez a las empresas.

P. Pero las empresas tendrán también alguna responsabilidad en los excesos de estos años, ¿no? ¿Debe ahora el Gobierno reparar esos excesos?

R. Es verdad que pudo haber empresas que, como había exceso de liquidez y los bancos iban a las puertas de las casas ofreciendo dinero, lo obtuvieron. Si eres un emprendedor y el dinero te lo ponen fácil, lo coges. Como esto se ha presentado de manera tan brusca, hay problemas graves. No los ha provocado el empresario, sino las condiciones coyunturales.

P. Pero su llamada a hacer un paréntesis en la economía de libre mercado...

R. Quiero dejar bien claro que siempre he defendido, defiendo y defenderé la economía de mercado. Lo que ocurre es que estamos en una crisis de proporciones desconocidas y hay que tomar medidas excepcionales. Por ejemplo, que el ICO [Instituto de Crédito Oficial] pueda avalar a las pymes y a las empresas en general para que tengan capital circulante y tesorería porque no se lo dan los bancos ni las cajas. Es verdad que el ICO no está para eso, pero le he dicho a Solbes que lo haga para este año y para 2009. Después, ya veremos si se prorroga. Vemos que EE UU está tomando medidas proteccionistas increíbles. Si no se hace algo va a aumentar mucho más el paro y los 1.500 millones que se recogen en el Presupuesto de 2009 para la prestación de desempleo se van a duplicar. Las empresas van a ir cayendo una tras otra.

P. La medida que pide del ICO es intervencionista, una contradicción para su forma de pensar.

R. Es verdad. Es una contradicción en una economía de mercado, pero es un tema concreto y por un periodo concreto. Se trata de que el ICO dé el aval, no el crédito. Es vital por encima de cualquier circunstancia para que muchas empresas sigan funcionando.

P. ¿Qué le ha respondido el Gobierno?

R. Se lo dije en enero al presidente cuando me preguntó cuál era el principal problema. Poco importa que el dinero cueste un punto más, lo importante es que haya. Y cada día la situación es más grave. Estamos hablando de un millón de empleos en juego.

P. ¿Cree que el Gobierno trató de ocultar la crisis?

R. No tengo datos para responderle. Nadie esperaba que el deterioro fuera tan fuerte.

P. ¿Ha sido acertada la política monetaria del BCE?

R. Es necesario que se bajen los tipos de interés. El BCE defiende la inflación, mientras la Reserva Federal, el crecimiento. Esa es la clave. Lo que constato es que los empresarios norteamericanos están contentísimos con Trichet cuando los que tendrían que estarlo son los europeos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de septiembre de 2008