Columna
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Los consejos de McGuinness

He tenido la oportunidad de pasar unos días en Irlanda del Norte, cuyo proceso de paz ha sido seguido con especial interés desde el País Vasco. Hace justo una semana, el principal diario de la zona, el Belfast Telegraph, publicaba una extensa entrevista de más de media página (se trata de un periódico en formato sábana) con el viceprimer ministro del Gobierno del Ulster y destacado dirigente del Sinn Fein Martin McGuinness, realizada por el periodista David McKittrick. El motivo era el inicio de la nueva etapa en el Ejecutivo de coalición que los republicanos comparten con el DUP (Partido Unionista Democrático), tras el relevo al frente del mismo del histórico reverendo Ian Paisley por Peter Robison.

El que todos reconozcan que no hay marcha atrás hace que muchos vascos miremos a Irlanda del Norte con sana envidia

Las palabras de McGuinness resultaban especialmente esclarecedoras para conocer las dificultades que es necesario superar tras alcanzar un acuerdo definitivo para el final de la actividad armada, fundamentalmente las que hacen referencia a la reconciliación de sectores que han sido enemigos acérrimos durante décadas.

Cuando en mayo del pasado año se puso en marcha el Gobierno de coalición norirlandés entre el ala más ultra del unionismo y un Sinn Fein cuyo principal representante en el gabinete era un antiguo comandante del IRA no faltaron comentaristas que compararon la situación con la de un hipotético Ejecutivo vasco compartido por el PP y Batasuna.

Sorprendentemente, la buena sintonía (al menos, de cara a la opinión pública) de Paisley y McGuinness provocó que fuesen bautizados como los Chuckle Brothers, en alusión a una popular y sonriente pareja de cómicos británica. El dirigente republicano confiesa que algunos de los momentos más delicados que le ha tocado vivir en su etapa como viceprimer ministro han sido aquéllos en que ha tenido que reunirse con víctimas de la actividad del IRA, especialmente con un grupo de oficiales de policía que habían quedado discapacitados como consecuencia de los atentados de dicha organización. Destaca McGuinness el hecho de que, incluso en estos casos, siempre han recibido palabras de apoyo y ánimo por la labor que los políticos unionistas y republicanos vienen desarrollando para lograr la paz y la normalización.

El dirigente del Sinn Fein cita expresamente al País Vasco como uno de los lugares del que más visitantes ha recibido para interesarse por la experiencia irlandesa y subraya una idea que, no por obvia, debe dejar de ser recordada: "Yo les digo [a quienes le preguntan por la experiencia del Ulster] que sin un liderazgo decisivo es casi imposible resolver el conflicto". En un momento en el que el pesimismo parece haberse instalado en nuestra tierra de cara a la consecución de una paz irreversible a la que debería seguir un imprescindible esfuerzo para la concordia, algunas de las apreciaciones de McGuinness aportan un pequeño rayo de esperanza: 'Te voy a decir lo que he aprendido", le explica al entrevistador. "He aprendido que nada es imposible. No importa cómo estén las cosas. Si existe voluntad de encontrar una salida, ésta se encuentra".

No vamos a ser tan ingenuos de pensar que lo ocurrido en Ulster es la gran panacea. Personalmente, me pareció un poco deprimente que la principal atracción turística de Belfast consista en los murales republicanos de Falls Road y en los lealistas de Shankill. Sin embargo, el que todas las partes del conflicto reconozcan que no hay marcha atrás en el proceso de paz y el que se estén dando sinceros pasos para la reconciliación de comunidades secularmente enfrentadas hace que muchos vascos miremos hacia Irlanda del Norte con una sensación de sana envidia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 08 de septiembre de 2008.

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