La carrera hacia la Casa Blanca | Convención Republicana

McCain asegura ser el auténtico cambio

El candidato republicano se distancia del conservadurismo radical de su partido

Ofreciendo las cicatrices de su heroico pasado como garantía, John McCain ha pedido a sus compatriotas que confíen en que será él, y no Barack Obama, el que haga los cambios políticos que están esperando. Cambios que, según la propuesta del candidato presidencial republicano, deben ser acometidos, no con partidismo, voluntarismo o frases hermosas, sino con la valentía demostrada en el servicio a la nación y la experiencia de un largo historial de acción contestataria.

En su discurso ante la Convención evitó mencionar a George Bush
McCain se trastabilló varias veces al tratar de concretar sus propuestas

Más información

McCain marcó distancias en su discurso del jueves de una convención en la que se ha ratificado la vigencia de un conservadurismo implacable, para recuperar su ángulo más independiente, más centrista y más popular. El McCain que habló en el Xcel Center de Saint Paul fue el candidato en el que los estrategas republicanos confiaron desde un principio como la única opción realista de conservar el poder.

Conservarlo, no a base de discursos, por cierto. Si de eso dependiera, McCain podría ya volverse a Arizona. El suyo del jueves fue, además, de los peores que se le han escuchado: aburrido, deslavazado y torpemente leído.

Su único momento de esplendor fue el largo y minucioso relato de sus cinco años como prisionero de guerra en Vietnam. Ésa es, en realidad, su principal baza y el punto de partida de toda su argumentación. Ese periodo es el que forja la leyenda del guerrero indomable, del admirado patriota que no duda en poner su vida en extremo peligro en salvaguarda del honor de su país.

Con semejante carta de presentación se puede pedir cualquier cosa, incluida la extravagancia de ser admitido como agente del cambio después de haber pasado más de un cuarto de siglo en el Senado y de pertenecer en posición relevante al partido que ha gobernado los últimos ocho años y 22 de los últimos 30. Como recordaba un periodista norteamericano estos días, nadie representa mejor el Capitolio que John McCain, nadie ha pasado más tiempo en las tertulias de la presunta prensa liberal de Washington que John McCain.

Difícil tarea se antoja la de convencer a un electorado que, en más de un 70%, cree que el país camina en la dirección equivocada, que el responsable del descarrilamiento no es George Bush sino los demócratas. Pero la dificultad de la tarea no es un obstáculo para una personalidad volcánica como McCain.

Por si acaso, no obstante, McCain evitó mencionar a Bush por su nombre en su discurso del jueves, y se refirió al "presidente" una sola vez y de forma muy genérica. A cambio, mencionó la palabra "cambio" 10 veces, sólo cinco menos que Obama hace una semana. "Déjenme hacerle una advertencia a Washington: el cambio se acerca", dijo el candidato republicano. "Yo no tengo por costumbre romper las promesas que le hago a mi país, así es que cuando les digo que voy a cambiar Washington, saben que es cierto".

McCain trastabilló varias veces al tratar de concretar la forma de ese cambio en propuestas económicas y sociales o al definir el modelo de sistema que busca. Siempre ha sido un hombre más de ideales que de ideologías, y fue en la exposición de su propio carácter donde buscó la complicidad de los electores.

Insistió en que siempre ha sido un disidente dentro de su propio partido y garantizó que no busca con su victoria en las urnas un triunfo más para sus colores políticos. Fue, incluso, severamente autocrítico. "Fuimos elegidos para cambiar Washington y dejamos que Washington nos cambiara a nosotros", afirmó. "Perdemos la confianza del pueblo americano cuando algunos republicanos caen en la tentación de la corrupción. Perdemos su confianza cuando en lugar de reformar el Estado, ambos partidos lo hacen más grande".

"Vamos a cambiar eso", prometió. "Vamos a recuperar la confianza del pueblo defendiendo los valores que admiran los norteamericanos. El partido de Lincoln, Roosevelt y Reagan va a volver a sus principios".

McCain sonó también renovador en lo que respecta a la política internacional. "Es hora de volver a enseñar al mundo cómo lidera América", manifestó. Y puso dos ejemplos: Irán -"sigue siendo el principal patrocinador del terrorismo y está en camino de adquirir armas nucleares"- y Rusia - "los líderes de Rusia, ricos de petróleo y corruptos de poder, han negado los ideales democráticos y las obligaciones de una potencia responsable"-.

Aseguró que sabe "cómo hacer frente al mundo" y garantizó firmeza frente a los peligros que amenazan a Estados Unidos. Pero puso más énfasis en la defensa de la causa de la paz. "Odio la guerra", declaró, "es peor de lo que uno pueda imaginarse". "Utilizaré toda mi experiencia internacional y todos los instrumentos a mi disposición -diplomáticos, económicos, militares y el poder de nuestros ideales- para construir las bases de una paz duradera", añadió.

John McCain elogió, por supuesto, a su designada como candidata al cargo de vicepresidenta, Sarah Palin, pero no siguió a ésta por la senda de la guerra cultural que parece cernirse de nuevo sobre la sociedad norteamericana. Es, a todas luces, una estrategia diseñada con antelación: Palin vigoriza a las abatidas bases conservadoras y McCain atrae el voto indeciso que no pueda resistirse a la llamada de un héroe.

"Siempre he trabajado con miembros de ambos partidos para resolver los problemas. Así es como gobernaré como presidente. Tenderé mi mano a cualquiera que ayude a hacer avanzar este país. Tengo la experiencia y las cicatrices para probarlo. El senador Obama, no".

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0005, 05 de septiembre de 2008.

Lo más visto en...

Top 50