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Entrevista:JUAN LUIS IBORRA | Director y guionista | PEGADOS AL ASFALTO

"En agosto, todo Madrid es mío"

Da igual cuántas películas haya dirigido (cinco) o cuántos guiones para el cine haya escrito (15: Boca a boca, El amor perjudica seriamente la salud...). Juan Luis Iborra (Alicante, 1959) cuenta, sin asomo de arrepentimiento, que mientras duró Aquí no hay quien viva, los periodistas sólo le preguntaban por su trabajo como director de la serie del momento. El tema tenía que salir también en esta entrevista. Y él, encantado. "Disfruté muchísimo con la serie", confiesa en una heladería fashion de La Latina.

La cita -corta porque le recogen para llevarle a rodar fuera de Madrid- es frente al teatro de La Latina, donde ya cuelgan los carteles de la comedia Mentiras, incienso y mirra. Jordi Rebellón, Elisa Matilla, Ángel Pardo... Actores televisivos que, además, son grandes amigos suyos. Son, de hecho, los que le pidieron que se metiera en teatro. Debuta el 10 de septiembre.

El fotógrafo elige primero el mercado de la Cebada. Después, los grafitos de la plaza de la Puerta de Moros -más conocida como la del botellón- para hacer las fotos. Enseguida se apiada del entrevistado: "Un par más y lo dejamos, que esto no hay quien lo aguante". Esto es un pestazo a meado que Iborra, como vecino de La Latina, conoce bien. Mejor refugiarse en la heladería.

Pregunta. Hay gente que trabaja en dos cosas a la vez, pero lo suyo no es normal.

Respuesta. Estoy con cuatro. Además de esta función, empiezo a escribir otra obra de teatro con Antonio Albert, hago sustituciones como director de Escenas de matrimonio y escribo una serie nueva para José Luis Moreno.

P. ¿Y las vacaciones?

R. Tuve una semana en julio y haré otra en septiembre.

P. ¿Dónde se va?

R. A mi pueblo, soy de Levante, de Alfàs del Pi.

P. ¿Cómo lleva un mediterráneo esto de tener el mar lejos?

R. Soy muy raro. Mis hermanos dicen que soy muy poco del Mediterráneo porque no lo echo de menos. Quizá porque sé que lo tengo allí y voy de vez en cuando a visitar a mi madre. Soy muy de asfalto. Y me gusta mucho Madrid. Me encanta la Gran Vía; es una calle maravillosa. Pero cada vez menos, porque nos están cerrando todos los cines.

P. O sea, que no sufre por quedarse en agosto.

R. Nada. Me gustan las comodidades de agosto, que en los cines y en los restaurantes haya poca gente. Voy mucho a Matritum, que es estupendo, y sólo cierra esta última semana. Eso sólo lo disfrutamos los que curramos en agosto. Es como una especie de recompensa. Digo: ahora todo esto es mío y me puedo mover con tranquilidad. Aunque cada vez menos. En el centro se nota que cada vez hay más turismo en verano. Es bestial.

P. ¿Qué le gusta de la ciudad?

R. Soy raro también en esta profesión, porque me gusta levantarme muy pronto. Es el único momento en que disfruto de la ciudad como a mí me gusta. Es una ciudad distinta. Me encanta pasear antes del trabajo.

P. ¿Qué ruta hace?

R. Doy la vuelta a la plaza Mayor, que vacía es muy bonita. Bajo hasta la plaza de Oriente, donde a esa hora el sol no molesta nada, entro por la calle del Arenal, donde empiezas a ver el bullicio, los camiones de reparto... Y entro en Sol, que es como la plaza de Marraquech, por las mezclas. Calle de los Jerónimos, paseo del Prado, con el arbolado y el fresquito, y subo otra vez por Huertas a casa.

P. ¿No se habrá metido al teatro por la crisis del cine?

R. El teatro ha sido una sorpresa. Yo no sabía que, si funciona, una obra puede estar dos años de gira. Si la gente quiere ver la función, todavía no hay top manta que se la dé. Me da pena porque me gusta mucho el cine. La televisión es la gran suerte que hemos tenido muchos del cine, actores y directores. Antes era un medio un poco desprestigiado pero yo lo recomiendo porque se aprende mucho.

P. También aprendió en Aquí no hay quien viva.

R. Me llamaron porque sabían que me gustaba mucho la serie. Fue agotador. Como tenía tanto éxito, Antena 3 nunca quiso quitarla de emisión. No dejamos de grabar nunca. Algunos días, 18 y 20 horas. Recuerdo la primera vez. Era una secuencia con Luis Merlo, que bajaba corriendo las escaleras, iba a la portería y robaba una llave, muy agobiado. Sólo tenía esa secuencia. No sabía el porqué del agobio. Y él tampoco. Me preguntaba y yo le decía. Mira, Luis, tú sal agobiado, corre y roba las llaves. Ya llegará el resto del guión.

P. Ahora, en el teatro, sigue fiel a la comedia.

R. Es comedia, pero se habla mucho de sentimientos. De amistad, de soledad... Es un grupo de amigos de toda la vida que han cuidado poco esa amistad. Sólo se ven en la cena de Reyes. Y allí salen todos los trapos sucios.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 28 de agosto de 2008