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Tribuna:PEKÍN 2008 | Balonmano

La respuesta está en su mirada

Me han preguntado muchas veces cuáles son los principales recursos de David Barrufet, esos que le han convertido en uno de los mejores porteros del mundo durante los últimos 12 años. La respuesta está en su mirada. Si tienen la posibilidad de hablar personalmente con él verán cómo sus ojos revelan una mente muy rápida. Tiene una gran altura y envergadura, sí, pero no es un portento físico. Cabría esperar de un portero de balonmano a un tipo muy potente, capaz de desplazarse o mover las piernas y brazos muy rápidos, alguien muy semejante a un velocista. Pero éste no es el caso de David. Es decir, no es tan rápido y potente como Kasper Kvid o Tomás Svenson. En algunas ocasiones parece que ni siquiera atesora la condición física de un gran deportista, pero su efectividad en portería es altísima.

¿Dónde radica entonces su calidad? Es bastante sencillo de explicar, pero muy difícil de hacer. David se anticipa al lanzamiento de los contrarios... y acierta. Existe un complejo proceso cognitivo detrás de cada acción de un portero de balonmano. La diferencia es que Barrufet procesa mejor y más rápido. ¿Innato? Puede que algo haya, pero sobre todo voluntad, experiencia y entrenamiento. Veamos unos datos que justifican esta afirmación. Los lanzamientos potentes de balonmano rozan los 100km/h, lo que significa que el tiempo de vuelo del balón oscila entre 0,2 y 0,35 segundos en función de que sean más o menos próximos a la portería. El tiempo de parada de los porteros, entendidos como el tiempo que transcurre entre una señal visual y la realización de un gesto de parada a la base de la portería, por ejemplo, es de 0,35 a 0,40. Es decir, el vuelo del balón es más breve que el tiempo que se tarda en hacer un movimiento de parada.

Entonces, ¿cómo paran los porteros? Se anticipan. En otras palabras, ellos perciben e interpretan mucha información del exterior. Saben qué jugador es y adónde suele tirar, desde qué distancia, valoran el grado de oposición de los defensores y el gesto del lanzamiento. A partir de toda esa información intuyen que un lanzamiento concreto puede ir a una zona determinada y van. Si aciertan lo paran, y si no, gol.

Los expertos como Barrufet procesan muy rápidamente esa información en el cerebro y suelen acertar muchas veces. ¿Es todo? No. Tienen más cosas. Estrategia, te ofrecen un lado para que piques, y una especie de sistema de seguridad, que consiste en dejar el brazo y la pierna contraria a la zona de lanzamiento "a ver si les da por casualidad". Es que Barrufet amedrenta al contrario. Ante él, todos los lanzadores tienen miedo. Aunque estén metiendo goles ese partido, les puede parar el último y decisivo balón. Se lo ha ganado en 20 años de competición al máximo nivel.

Xavi Pascual, especialista en entrenamiento de porteros, afirmaba en su reciente tesis doctoral que el rendimiento de los partidos de balonmano depende, en primer lugar, de la efectividad de los lanzamientos y en segundo del porcentaje de paradas. Si conseguimos ante Islandia y en la final -esperemos- una efectividad superior a un 60% en lanzamientos y de 42% o más en la portería, tendremos el oro. Mis respetos, Don David, como decía Luismi López en sus retransmisiones.

Jordi Álvaro es entrenador de balonmano y profesor de la Universidad Europea de Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 22 de agosto de 2008