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Reportaje:PEKÍN 2008 | Tenis

De tenista a deportista

Rafa Nadal sostiene que el ambiente que ha vivido como un atleta más en la Villa Olímpica le ha motivado para ganar

Quien hoy será el número uno del tenis mundial llegó asfixiado a Pekín tras un curso frenético, pero encontró un revitalizante inesperado. La capital china le cambió la rutina: nada de horas y horas de soledad y aburrimiento en un hotel de lujo. "Vine muy cansado y durante los primeros días en Pekín los entrenamientos se me hicieron muy pesados", sostuvo ayer Rafa Nadal, ya con la medalla de oro al cuello. ¿Cómo se recuperó? "Vivir en la Villa como otro deportista más ha sido una experiencia fantástica, totalmente diferente. El ambiente que me he encontrado me ha servido de gran ayuda. Por eso doy las gracias al resto de atletas. Con ellos, aunque no lo sepan, encontré la energía y la fuerza mental necesarias. En un hotel no lo habría conseguido".

"Un deportista como Phelps es un orgullo para el mundo entero"

"Aunque hubiera caído en mi primera ronda, sentiría que había defendido a mi país"

Al manacorense se le veía con un gusanillo especial. Ha disfrutado durante los Juegos y, pese a su extraordinaria colecta de trofeos, el medallón olímpico le ha hecho sentir un cosquilleo nada frecuente: "He escuchado el himno en París, en Montecarlo... Pero aquí es más especial. Ganas por ti y por mucha gente. Hay muy pocas oportunidades en la vida de disfrutar algo así". Para un ganador de cinco torneos del Grand Slam no debe de resultar sencillo distinguir entre tantas emociones. El tópico sería deslizar que todas son iguales. Pero Nadal expuso un matiz interesante: "Por supuesto que cada torneo es diferente, pero... Para el tenista, nada como el Grand Slam; para el deportista, nada como los Juegos". O sea, ¿se ha sentido más deportista que tenista durante esta semana? "Sí, en la Villa me han pedido autógrafos, pero me he sentido un deportista más".

A Nadal se le acumulan las sensaciones. Su vida es puro vértigo. No tiene apenas tiempo de metabolizar los sentimientos. A los 22 años se le amontonan. En tres meses ha conquistado Roland Garros, Wimbledon y Olimpia, lo que jamás había conseguido un tenista desde que este deporte fue añadido al programa de los Juegos, en los de Seúl 1988.

Hoy, con el oro al cuello y la etiqueta de número uno del mundo, ya estará en Nueva York, donde el próximo lunes comenzará el Open de Estados Unidos. "Es un momento para disfrutar, no para pensar en Nueva York", afirmó antes de apuntar cuál es su próximo sueño: "Jugar bien la semana que viene. El tenis es así. Ganas y a la semana siguiente ya estás sufriendo en otro torneo. Pero, bueno, a Nueva York vendrá mi amigo Tomeu y no estaré solo".

Así vive el mejor tenista de la actualidad, al día, sin tiempo para el más allá. De hecho, aseguró haber aterrizado en Pekín "sin el objetivo del oro". "Sólo quería jugar bien cada partido. Vine a defender a mi país lo mejor posible y, si no hubiera ganado, aunque hubiese caído en mi primera ronda, sentiría que lo había intentado defender de la misma forma". Atrapado por el calendario, ni siquiera supo decir cuándo celebrará el éxito en los Juegos: "Después de Nueva York, de la Copa Davis de septiembre...".

Nadal, en pleno éxtasis, relativizó casi todo menos su victoria sobre Fernando González. El liderazgo en la clasificación mundial, por ejemplo: "También era muy feliz cuando estaba de número dos o cuando entré en el top ten". Tampoco se siente más presionado al ocupar una posición tan privilegiada. Puesto a barnizar, elegante como es, hasta hizo un guiño a Roger Federer cuando le preguntaron si su tenis aún tenía capacidad de mejora: "Si Federer puede mejorar, ¿por qué yo no? ¿Federer? Técnica y tenísticamente, es el mejor de la historia, el más completo, sin duda. Tiene una variedad de golpes que ya me gustaría tener a mí porque, cuando la tienes, como es su caso, te da muchísimos más recursos a lo largo de un partido".

Tampoco González, su adversario en la final, dudó en elogiar al español, hasta el punto de que lamentó su "mala suerte" por haber encontrado a Nadal en su tránsito hacia el oro. Al número uno, un puesto merecido, según el chileno: "Rafa ganó Roland Garros muy cómodo, pero Federer era el favorito en Wimbledon y le destronó. Rafa es humano y, como tal, no es invencible, pero nadie tiene su mentalidad de campeón".

De flor en flor, Nadal no se olvidó de Michael Phelps, con el que se fotografió en la Villa durante la semana. "Sería un placer", subrayó, "volver a hacernos una foto, sobre todo porque la que me hicieron para mí no salió muy bien". Para el campeón olímpico de tenis, la gesta del nadador "es admirable, monstruosa". Más incluso: "Un deportista como él es un orgullo para el mundo entero". Igual que Nadal, convertido en un icono tal que hasta un periodista de Bangladesh le preguntó si un número uno no podría contribuir de alguna forma con el tercer mundo: "No hay problema. Encantado. Si puedo hacer algo por Bangladesh, que me lo digan".

Un valor seguro

Desde 1988, ya son once los podios visitados por el tenis en los Juegos, seis de ellos en la modalidad de dobles. Ayer llegó el primer oro, logrado por Rafa Nadal.

"Ahora tenemos al número uno del mundo. Eso es una garantía como competidor", razona Emilio Sánchez Vicario, el seleccionador español; "siempre fuimos a los Juegos con gente entre los mejores. A los tenistas nos gusta defender a nuestro país. Además, el tenis español está en su mejor momento y en los últimos 25 años ha tenido una actuación brillante. Nunca se ha fallado porque siempre se compitió con gente de mucha calidad".

Cuando Emilio Sánchez Vicario y Sergio Casal lograron la plata en Seúl 1988, se montó la marimorena. "La repercusión fue brutal. Había nosecuantasmil personas esperándonos en el aeropuerto. A nivel mediático, fue nuestro triunfo más importante", recuerda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 18 de agosto de 2008

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