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Reportaje:FUERA DE RUTA

El sur del sur en América

Puerto Williams y los senderos de la indómita isla chilena de Navarino con el canal de Beagle al fondo

Ushuaia, la capital de la Tierra del Fuego argentina (50.000 habitantes), pasa por ser la ciudad más austral de América. Pero apenas cien kilómetros más abajo, el título de el sur más sur del mundo pertenece a una población chilena de apenas 2.500 habitantes, también ribereña del canal de Beagle: Puerto Williams, capital de la comuna de Cabo de Hornos, en la provincia Antártica Chilena, que nació hace apenas 55 años, en 1953, con el nombre de Puerto Luisa. El cambio de nombre -Puerto Williams- se hizo en 1956 en homenaje al marino irlandés John Williams Winston, quien estuvo al servicio del Gobierno de Chile y capitaneó la goleta Ancud hasta el estrecho de Magallanes en 1843, fundando el fuerte Bulnes y tomando así posesión chilena de aquella indómita región del continente americano, que había estado despoblada desde el descubrimiento del estrecho de Magallanes en 1520 por una flota española que buscaba nuevas rutas marítimas.

El primitivo fuerte Bulnes se trasladaría poco después medio centenar de kilómetros al norte, a Punta Arenas, también en la ribera del estrecho de Magallanes, que se convirtió en la población pionera de los territorios del sur chileno y se fue transformando en una floreciente y próspera ciudad política, económica y turística de 120.000 habitantes.

De Punta Arenas a Puerto Williams hay que viajar en una avioneta-avispa en la que se apretujan una docena de pasajeros. Alguno se santigua y toma Lexatin antes de que el aparato de fabricación rusa comience a sortear el viento y a jugar con las nubes. Una hora y media después, sobrevolando paisajes de ensueño, la avioneta deja a los viajeros en la población de Puerto Williams, en la orilla sur del canal de Beagle, en la isla de Navarino; a 400 kilómetros de Punta Arenas, a 160 kilómetros del peñón del cabo de Hornos, a 780 kilómetros de la Antártida. A unos 13.500 kilómetros de Madrid...

Estamos en los confines del continente americano, frontera entre Chile y Argentina un desolado y bello territorio por el que ambos países estuvieron al borde de la guerra a finales de los años setenta; una tierra indómita que fascinó a cuantos navegantes y aventureros la han atravesado desde 1520. Una gigantesca región de fríos, hielos y nieves, azotada durante nueve meses por vientos huracanados procedentes de la Antártida.

La población de Puerto Williams, en su mayoría militares y funcionarios civiles chilenos, cuenta también con un pequeño sector de pescadores. La isla dispone de una modesta infraestructura turística de hostales y pensiones (de 20 a 30 euros), suficiente para acoger a montañeros y senderistas, que en apenas tres meses de verano (de diciembre a marzo) tienen el privilegio de pisar los senderos y las montañas más sureños del mundo, una naturaleza virgen, las aguas más transparentes que jamás un turista haya contemplado, y la quietud misteriosa de un silencio que sólo lo justifica la lejanía.

Para la exquisitez y el lujo de unos días, el hotel-lodge Lakutaia (160 euros la noche, comidas y excursiones incluidas; o programas turísticos de cuatro o cinco días, incluyendo traslados desde Punta Arenas y con rutas terrestres y marítimas alrededor de la isla a unos 1.500 euros) ofrece la alternativa para el turista que viaja hasta Puerto Williams como base para una excursión en helicóptero o en yate hacia el cercano y mítico cabo de Hornos; un viaje de tres días (194 euros) en la goleta Victory.

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Leyendas y mentiras

Una simbólica población indígena -Villa Ukika- ofrece su artesanía y sus historias legendarias, desde una pequeña aldea. El Museo Martín Gusinde recuerda las costumbres de los yaganes, los primeros pobladores de estas tierras lejanas. A cuatro kilómetros de Puerto Williams, el Parque Etnobotánico Omora alberga una de las floras de musgos, hepáticas y líquenes más ricas del mundo, que los científicos han denominado metafóricamente "los bosques en miniatura del cabo de Hornos".

El club de yates de Puerto Williams -donde se preparan y negocian excursiones por los canales fueguinos, la vuelta al cabo de Hornos y los más lejanos viajes a la Antártida- está en la sala principal de un antiguo carguero de la Armada chilena, el Vicaldi, cedido hace años por el Gobierno y varado desde entonces en una pequeña ensenada al lado de la población. Decorado con viejas banderas, fotos, dedicatorias y recuerdos de navegantes que pasaron por allí, los lobos de mar intercambian historias, leyendas, mentiras y fantasías marinas mientras apuran sus tragos de ron al calor de una rústica chimenea de leña y una insoportable nube de tabaco.

La mayoría de los 4.000 viajeros-ecologistas que llegan cada año a Isla Navarino -el 95% de ellos extranjeros- son jóvenes mochileros que vienen a hacer senderismo o escalada en cuatro o cinco rutas, acondicionadas y perfectamente señalizadas; de dos o tres horas de duración; o de dos, tres, cuatro o más días, durante los que hay que ir pertrechados de sacos de dormir, tiendas de campaña, ropa de montaña, impermeable, gorro y guantes, gafas de sol, crema solar, calzado adecuado y víveres. Todo muy sencillo, seguro y barato viajando por libre. Otra alternativa: un tour de cuatro o cinco días, con todo tipo de equipos de trekking, con la asistencia de guía y porteador se puede negociar por unos mil euros (Luis Tiznado; turismoshila@gmail.com).

La ruta más sencilla y gratificante por las sendas más australes del mundo es la que lleva al cerro Bandera, una subida a 900 metros de altitud de unas cuatro horas de duración por un bosque de lengas, musgos y líquenes, contemplando al fondo el tranquilo canal de Beagle y las cordilleras nevadas del lado argentino.

Para senderistas más exigentes se ofrece el circuito Dientes de Navarino, de 55 kilómetros de recorrido y cuatro o cinco días de duración, por un cordón de cumbres escarpadas de 1.000 metros, rodeando lagunas, picos nevados y un imponente paisaje de torrentes y arroyos que acaban de nacer de la fusión de los neveros.

Si además de caminar el viajero es aficionado a la pesca y se quiere dar el lujo de su vida, en la isla de Navarino tiene a su alcance este capricho. Y si no lleva consigo cañas y aparejos, no se preocupe, en Puerto Williams también se lo pueden facilitar. En las rutas de cuatro o cinco días de caminata llegará a lagos puros de alta montaña -el Windhond, el Piluhejan y el Navarino- poblados por truchas de tres o cuatro kilos, que nunca hasta entonces han visto una mosca o una cucharilla, en rincones y orillas vírgenes. Y así, cualquiera puede presumir...

Cabo de Hornos, al lado

La forma más rápida y barata para llegar a la isla chilena es por barco; y el trayecto más corto es desde Ushuaia (Argentina) a Puerto Navarino, a una treintena de kilómetros de Puerto Williams (una hora de viaje, entre 40 y 60 euros ida y vuelta). Una minoría viaja en avioneta desde Punta Arenas (unos 80 euros ida y vuelta). Los menos llegan en yates y hacen una breve escala en su camino. Y la mayoría, un 70%, viajan en barco desde Punta Arenas (un ferry sale los miércoles y llega a mediodía del viernes; regresa el sábado y llega a Punta Arenas el lunes; precio: de 50 a 80 euros). Un viaje semanal, de 36 horas de duración, en un barco de abastecimiento y transporte que hace un espectacular recorrido por los canales fueguinos y antárticos, rodeados de ventisqueros, islas solitarias, glaciares y picachos de nieve perpetua. Y dependiendo de la época del año, sometidos a fuertes vientos, aguaceros y oleajes que hacen imposible contemplar el paisaje.

Puerto Williams es también el punto de salida para eventuales viajes para rodear el cabo de Hornos (165 kilómetros) en los meses del verano austral (de diciembre a marzo). Si se forman grupos de cuatro o cinco turistas, se puede negociar por unos 200 euros un viaje de tres o cuatro días hacia el mítico estrecho donde se funden el Atlántico y el Pacífico; una experiencia reservada para los viajeros más atrevidos y audaces que regresan con un subidón de adrenalina y el derecho a lucir una legendaria tradición o leyenda marinera: una oreja perforada con un vistoso anillo de acero o latón, mientras se masculla un orgulloso "Lo conseguí, yo estuve allí".

Consulta la guía de Chile de EL VIAJERO

Vías marítimas legendarias en torno al estrecho de Magallanes en la América austral.Vídeo: CANAL VIAJAR
Vídeo: CANAL VIAJAR

Guía

Cómo llegar

- En avión, desde Punta Arenas con Aerovías DAP (www.aeroviasdap.cl; 0056 61 61 61 00). Ida y vuelta, unos 80 euros.

- Por barco, desde Punta Arenas; sale el miércoles y llega el viernes (36 horas); regresa el mismo viernes y llega el lunes (información: verdeazulgris@yahoo.com).

- Desde Ushuaia (Argentina): sale todos los días en zódiac o en avión (entre 40 y 60 euros).

Dormir

- Lakutaia Lodge (0056 61 62 17 21; www.lakutaia.cl). Puerto Williams. La doble con desayuno, 160 euros.

- Hotel Finis Terrae (www.hotelfinisterrae.com; 0056 61 22 82 00). Punta Arenas. La habitación doble, 77 euros.

Información

- Oficina de turismo en Punta Arenas (0056 61 20 06 10).

- Servicio Nacional de Turismo (Sernatur) en Punta Arenas (0056 61 24 13 30; www.sernatur.cl).

- www.chileaustral.com.

- www.simltd.com.

- www.turismoshila.cl.

- www.turismopaliaike.com.

- www.ushuaia-info.com.ar.

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