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AL VOLANTE

Conducción tranquila

El HHR es un monovolumen muy original que aporta ventajas interesantes, como un interior amplio y con un acceso fácil gracias a su altura, y un puesto de conducción cómodo, elevado y con buena visibilidad frontal.

Este familiar tan especial sólo se vende con un motor 2.4 de gasolina (170 CV) y dos cambios, un manual de cinco marchas y un automático de sólo cuatro (unidad de pruebas) bastante superado. El conjunto destaca por su tacto suave y fino, se conduce sin esfuerzo y funciona correctamente: es sólido y manejable en ciudad, viaja a punta de acelerador en carretera y no resulta perezoso en autopista. El punto flaco es el cambio, porque al tener sólo cuatro marchas, están muy separadas. Así, cuando se acelera a fondo para que responda con brío, el convertidor (equivalente al embrague) patina en exceso, aumenta el ruido del motor y tarda en ganar velocidad. En contrapartida, no gasta mucho para su cilindrada: unos nueve litros en conducción suave, 11 apurando más las marchas y 12, en ciudad.

El HHR tiene unas suspensiones blandas, muy al estilo norteamericano, que priman el confort y filtran bien los baches. Al contrario que otros modelos de su procedencia, la carrocería va bien sujeta y pegada al suelo, y no balancea en exceso. Así, practicando una conducción tranquila y relajada, ofrece una comodidad notable y permite disfrutar en los viajes. Sólo la dirección, algo imprecisa, no transmite el aplomo deseable en autopista. Pero, aunque no es un coche pensado para mantener ritmos alegres en zonas viradas, se defiende aceptablemente y no resulta lento y pesado en las curvas. Además, los frenos paran bien e incluye de serie el control de estabilidad ESC, una garantía en caso de apuro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de agosto de 2008