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Reportaje:PEKÍN 2008 | XXVI Juegos Olímpicos

Un chino contra China

El 'inventor' de la estadounidense Shawn Johnson, campeona mundial de gimnasia, vuelve a Pekín tras 15 años

Cuando la estadounidense Shawn Johnson ganó su primer oro en una competición de alto nivel, se acercó a su entrenador, agitó con sus saltitos los leotardos decorados con caracteres ilegibles, y con su vocecita encantadora le cuchicheó en la oreja: "Chow, quiero que sepas que esta medalla es para Li". ¡Menudo galimatías! ¿Qué hacía entre tanto chino la favorita para ganar el oro individual de gimnasia en los Juegos?

Liang Chow extiende su sonrisa cortada a cuchillo y se pone a pensar sobre la gran lección que le ha enseñado su vida de baúl, magnesia y medallas, que es en sí misma la respuesta a esa pregunta. Pasa Chow primero por la pirueta mortal de su viaje desde la selección china de gimnasia a la estadounidense. Sigue luego con lo que le ha dado fama, haber forjado desde los seis años a Johnson, campeona mundial. Y termina por el peor y el mejor momento de su existencia, la brutal inundación de su gimnasio de Iowa, Estados Unidos, y la vuelta a Pekín, su ciudad, 15 años después. Chow enseña los dientecitos diminutos entre sus labios sin labio, estira las mangas azules de su chándal estadounidense, y se decide. "He aprendido que no hay mejor manera de ser feliz que ayudar a otros a cumplir su sueño". ¡Vaya con su perfecto inglés con acento del mediooeste! ¿No era éste el hombre que llegó a Iowa en 1991 con una beca, un trabajo de entrenador en la Universidad, y sin saber ni papa de inglés?

A los diez años, Chow había sido obligado a dejar su casa y no sabía nada de Estados Unidos. Su mundo se reducía a las paredes de un gimnasio pequinés, donde todo, desde la comida gratis a la cama, estaba puesto al servicio de su éxito. Con esa edad se proclamó campeón de China. En 1989 ayudó a su país a conseguir el bronce mundial. Y hoy vuelve a Pekín para reencontrarse con su familia -"He visto a mis abuelos y sus hermanos 15 años después; fue increíblemente emocionante"- y lograr que su pupila gane el oro para Estados Unidos. Extraño. O no. "Yo amo Des Moines", dice de la ciudad en la que vive. "Lo amo porque es un lugar sencillo y una comunidad única".

Esa misma comunidad es la que le está ayudando a pagar la reconstrucción de su gimnasio, arrollado e inundado por la crecida del Raccoon a pocas semanas de que su pupila se jugara la plaza olímpica. Hubo que rodearlo de sacos de arena. Ahora hay que rehacerlo entero. "Recuperar el gimnasio está obligando a invertir mucho dinero", cuenta Chow. "La superficie en la que nos ejercitamos es la que más daños sufrió. Había mucha agua dentro", añade. Y sonríe. Chow es un entrenador duro. Su fría mirada ha alcanzado fama. También, sin embargo, le distinguen los cortos entrenamientos -unas 26 horas a la semana- y que nunca se mueve solo. Su sombra se llama Li Zhuang y es su mujer. Su fama de estricta entrenadora también resuena en el mundo de la gimnasia. Chow lo niega. ¿Cómo consiguió formar a la mejor del mundo? "Nunca la empujamos. Nunca le pusimos presión", contesta.

De esas manos ha salido Johnson. A los 16 años, la chica lee a Faulkner, escribe poemas, y sabe algo de chino. Ambos celebraron entre cuchicheos su primer triunfo cuando la gimnasta tenía 12 años. Las palabras de entonces resultaron incomprensibles para la mayoría del público. El viernes, si triunfan en Pekín, en tierra de grandes gimnastas, no necesitarán traductor.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de agosto de 2008