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gastronomía

La guerra de los fogones se desata en la Pérfida Albión

Los 'chefs' británicos se enzarzan en una pelea de 'egos'

La música puede resultar familiar para los oídos de aquellos que asistieron perplejos al reciente rifirrafe entre los más insignes cocineros españoles. El chef Herbert Berger, cuyo restaurante londinense (1, Lombard Street) luce una estrella Michelin, se despachaba esta semana con un ataque en toda regla contra sus colegas del Reino Unido, conminándoles a dejar de comportarse como "niños presumidos", más interesados en labrarse la fama que en el arte de los fogones.

Wareing: "No me importaría no hablar con Ramsay, es un auténtico bastardo"

Herbert Berger: "Que dejen de comportarse como niños presumidos"

Si bien la diatriba apuntaba a toda la profesión, su desencadenante tiene dos nombres con mayúsculas del panorama culinario de Gran Bretaña: Marcus Wareing y su antiguo mentor, Gordon Ramsay, enzarzados hoy en una publicitada disputa de egos.

El asunto es tan complejo como todo lo que se fragua en las mejores cocinas. Wareing, de 38 años, ha forjado su carrera a la sombra de Ramsay, tres años mayor y único poseedor de tres estrellas Michelin en la capital británica. Un galardón que, dada su reconocida arrogancia, no desea compartir con nadie. A aquellos a los que considera sus discípulos les exige una fidelidad total. Encomendó a Wareing la dirección del restaurante Petrus de Londres que él gestionaba, y Wareing cumplió tan bien la tarea que recabó la segunda estrella de la guía francesa, un éxito que le ha dado alas para volar en solitario: a partir del próximo septiembre arrebata el leasing del local a su ex maestro. Si toda defensa pasa por un buen ataque, antes de que Ramsay abriera la boca Wareing declaraba a la prensa que no le "importaría no volver a hablar nunca con él, es un verdadero bastardo".

La lógica reacción del sector, ponerse al lado de Ramsay frente al traidor, no se ha producido, porque el chef más famoso de Reino Unido encarna también una personalidad irascible, como pudo comprobar la audiencia en su más famoso programa televisivo, La cocina del infierno. El título lo dice todo. Este escocés que llegó a jugar en un equipo de fútbol de Glasgow, los Rangers, hasta que una lesión lo recondujo hacia la cocina, es caracterizado por muchos como el cazador cazado. El que fuera su maestro, Marco Pierre White, en su día el cocinero más joven en lograr las tres estrellas Michelin, no ha dejado de echar pestes contra su persona desde que lo dejara plantado. White es un personaje complejo, que abandonó la restauración en el pico de la fama y después de haberse erigido en el primer celebrity chef (cocinero famoso) británico. Desde entonces no deja de aparecer en los medios, repartiendo consejos y sobre todo lanzando sus dardos contra todo aquel que merece mayor atención. Una de sus últimas víctimas es el popularísimo Jamie Oliver, una suerte de Bamby de la cocina, por sus buenas maneras -que las cámaras de sus programas de televisión recogen fielmente-, sus obras caritativas y por encabezar una campaña para mejorar la precaria alimentación en las escuelas. Presentó un pliego de firmas al mismísimo Tony Blair, a la sazón primer ministro, gesto que White aprovechó para sentenciar: "No admiro a alguien que se presenta en Downing Street con un equipo de cámaras".

Las espadas permanecen en alto, los beneficios en juego son tremendos (la lengua inglesa abre a los chef estrella británicos la llave del mercado estadounidense) y nadie parece convencido de que Herbert Berger pueda disuadir a sus compañeros de que "se dejen de tanta tontería para promocionar su perfil y se concentren de una vez en lo que de verdad importa, que es elaborar la mejor cocina".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 5 de agosto de 2008