_
_
_
_
LA CALLE | Rutas
Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

La senda de los payeses

La alta montaña se ilumina en verano. Sus valles y lagos son un regalo irrechazable, y sus colores, una obra de arte. En el Pirineo se pueden encontrar viejos caminos que antiguamente eran vías de comunicación estratégicas entre los pueblos de la zona. En estos tiempos modernos, con la aparición de las carreteras, los desplazamientos han perdido el encanto de antaño. Por este motivo, por el estrés de los habitantes de las grandes urbes ruidosas, una terapia es volver a recorrer aquellas viejas rutas para recuperar la esencia de la tradición de caminante -aunque algunas tradiciones conservadoras están para romperlas- y rememorar el modus vivendi de nuestros antepasados. La comarca del Pallars Sobirà es uno de los mejores lugares para descubrir estos caminos y aventurarse en un mundo donde el pasado hace acto de presencia a cada cruce del camino.

Iglesias románicas, macizas casas características de la alta montaña e, incluso, un pueblo abandonado, son algunas de las sorpresas más destacables que nos ofrece la ruta de esta semana. Los paisajes son también los protagonistas de un itinerario que acerca al caminante al Vall d'Àneu: una tierra que conserva su encanto natural, a pesar de ser la puerta de entrada de estaciones de esquí. Otro detalle. El agua, como en todo el territorio del Pirineo, es uno de los elementos naturales básicos. El río Noguera Pallaresa, que acompañará al caminante durante toda la excursión, es uno de los ríos europeos más bravos y supone una cita obligada para los amantes de la pesca -controlada- y de los deportes de aventura como el rafting.

La ruta se inicia en la Guingueta d'Àneu, uno de los mayores pueblos del valle. Una pista asfaltada lleva al caminante hasta el pantano de la Torrassa. Unos prados orientan al excursionista para seguir el camino bien señalizado. Sin dejar el río, se pasa por Escalarre, se asciende al pequeño pueblo de Burg y se continúa con las citas de Llavorre y Dorve, pueblos olvidados por la contaminación de los tiempos modernos y tecnológicos, hasta llegar de nuevo a la Guingueta.

Toda la ruta se desarrolla por caminos de herradura. El verano es la estación ideal para conocer el territorio y su historia, porque en invierno, la presencia de nieve complica el recorrido por la pérdida de orientación.

Observaciones: El camino es impracticable en bicicleta y en todos los pueblos hay fuentes.

Lo que más afecta es lo que sucede más cerca. Para no perderte nada, suscríbete.
SIGUE LEYENDO

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_