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Véspera sin sillas por el sistema de bienestar

Había 14 sillas y eran más de 300 los invitados. Y había un cuarteto de viento que tocaba muy bien. Xerión sonaba espectacular, ahí aupado en lo alto de la loma, recortados los músicos con su ropa negra, sus clarinetes y sus atriles sobre los nubarrones grises del cielo. Pero el concierto no se disfrutaba. Dolían mucho los pies. "¿Es que no sabías que a Monte Pío no se viene con tacones? Se clavan entre los adoquines".

Esto se lo decía una invitada a otra, representantes de alguna de las 175 asociaciones de minusválidos, dependientes, enfermos o grupos en pro de los marginados que fueron invitados a la casa oficial de Touriño para participar en la Véspera del Día de Galicia. La recepción de este año, con ésta van tres desde que el presidente es presidente, estaba dedicada a los colectivos, unos 800, que en Galicia forman la verdadera trama del sistema de bienestar. Y ayer no era el vicepresidente (de Igualdade e Benestar) sino el presidente quien se erigía en abanderado de los servicios sociales y la ley de dependencia.

La actriz Sara Casasnovas, de 'Amar en tiempos revueltos', se quitó el vestido

No estaba Quintana. Ni ningún conselleiro. Sólo Touriño, su mujer, Esther Cid, y Villarino, la presidenta del Parlamento, se encargaron de apretar manos y repartir besos y palmadas entre los representantes del "tejido asociativo" al que el presidente dio las "gracias" en un discurso transmitido en directo por la tele. Touriño aprovechó para recordar a todos su "compromiso" con "esa Galicia del bienestar" y prometió seguir ampliando el número de centros, la teleasistencia y el transporte adaptado.

Entre los invitados, siempre esquinado, estaba el cura Benigno Moure, presidente de la fundación San Rosendo, inhabilitado para presidirla por la Audiencia de Ourense. "¿Pero usted sigue en el cargo?", se le preguntó. "Es que lo mandamos al Supremo", respondió él tan tranquilo, como si el pecado de quedarse con los bienes de una anciana se limpiase con un avemaría. Moure intentó varias veces darle la mano a Touriño, pero siempre hubo algo en el medio que lo impidió.

La gente llevaba demasiado tiempo de pie. Los representantes de Cogami (Confederación Galega de Persoas con Discapacidade) se arrimaron discretamente al muro para apoyarse. El público apenas aplaudió al cuarteto (incluso cuando interpretó el Himno con la cantante Carmen Rey) porque estaba cansado. Salvo los que venían en silla de ruedas, todos, algunos mayores y enfermos, habían esperado de pie un buen rato al presidente, habían recorrido el perímetro de la finca con él y habían escuchado el concierto y el discurso diciendo ay por lo bajo. El dolor de pies sólo se disipó un instante, cuando la actriz Sara Casasnovas, que vino a declamar unos versos de Lois Pereiro tan hermosos como ella misma, se quitó el vestido y quedó en sostén. Sorpresa para todos. Silencio absoluto. Y luego una pregunta que alguien soltó en el cóctel: "¿Si llega a ser hombre, se hubiera quitado los pantalones?"

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 25 de julio de 2008