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CARTAS AL DIRECTOR

El banquillo de la CPI

Con qué facilidad se lleva a la Corte Penal Internacional a ciertas figuras políticas, por genocidio, crímenes de guerra o contra la humanidad. Ahora le tocó a Bashir, de Sudán. Antes fueron Milosevic y otros. A mí me parece todo esto admirable: que un organismo internacional lleve al banquillo a esta clase de energúmenos, tan odiosos y malignos. Pero me queda un rictus en el alma que no tengo por menos que expresar: mientras no se haga lo mismo con el señor Bush (y otros que todos tenemos en mente), no podré creer que la CPI tenga la altura moral que quisiéramos, porque pintando a la justicia como una señora ciega parece como si, cuando cae en sus redes un elemento de esta calaña, se levantara un poquito la venda, y así luego decidir si sí o si no sentarlos en el banquillo. En otras palabras, varios cristales para las mismas gafas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de julio de 2008