Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
COLUMNA

Deriva socialista

Nunca pienso que cuando alguien sale en defensa de algo es que está atacando otra cosa. Generalmente creo, de buena fe, que aquello que se trata de defender está siendo agredido y necesita el favor de alguien. Y algo de eso supuse que le pasaba a la educación pública madrileña cuando padres, enseñantes y alumnos denunciaban sus carencias o el mal trato recibido. No digo que los abandonos de la enseñanza pública tengan necesariamente que ver con los apoyos que se le ofrecen a la enseñanza concertada, pero al decir de quienes sirven a la enseñanza pública y de quienes son servidos por ella parece que algunos excesos en la ayuda a la concertada han podido ir en su detrimento. No obstante, la denuncia sistemática de esta anomalía puede que le pareciera un ataque a la derecha madrileña.

Quienes envían a sus hijos a la escuela pública pagan la educación subvencionada de otros

Lo que cambia ahora es que también le parece lo mismo a los socialistas: su secretario general de Madrid sale en defensa de la escuela concertada y avisa a sus correligionarios de que atacarla supone enfrentarse a la mayoría de la sociedad.

Si se tratara de una opinión personal de Tomás Gómez no sería nada nuevo, dijo algo parecido cuando llegó a su cargo, pero si se debe a un viraje en la posición mantenida hasta ahora por su partido tendría uno que preguntarse qué relación puede tener este cambio con la profundización en la izquierda de Zapatero en su último congreso, eso que sus adversarios llaman radicalización, o con las ideas rancias de los socialdemócratas que Rajoy ha detectado en el PSOE.

El propio Tomás Gómez nos lo aclara: hace autocrítica de lo que han venido pensando los socialistas hasta ahora y reconoce que el PP ha tenido razón en lo que seguramente no la tienen los progres trasnochados de la escuela pública. Así que ya hay un asunto menos que obligue a los madrileños a pensárselo antes de elegir entre unos y otros en unas elecciones autonómicas, con lo cual aquellos que hubieran votado a Esperanza Aguirre porque, como dice Tomás Gómez, el PP ha ofrecido "soluciones a los sectores más pragmáticos de la clase media a través de la enseñanza concertada", y ha sabido adaptarse mejor a los cambios sociales, podrán votar a Gómez como al líder pragmático que necesita el socialismo madrileño.

Parece además que sea un argumento convincente de Gómez para los socialistas madrileños que la escuela concertada la inventara Felipe González, ya que no es corriente que se tengan en cuenta méritos del pasado sin advertir a la vez que los tiempos han cambiado. Bien es verdad que uno no ha preguntado a los inventores de la escuela concertada cuánto tenía el invento de González de solución transitoria, hasta tener una buena escuela pública para todos, y cuánto de solución definitiva para la escuela privada y el progresivo deterioro de la pública. Pero supongo que cuando los socialistas lleguen al poder en la Comunidad ya la escuela pública madrileña estará dotada adecuadamente, muy bien atendidos incluso los inmigrantes, les sobrará presupuesto para la enseñanza pública y podrán dedicarlo a garantizar su elección a todos aquellos que quieran educarse en colegios de curas.

Antes un colegio de curas era un colegio de pago y los colegios más distinguidos de Madrid eran colegios de curas que pagaban los padres de los que iban a los colegios de curas. Ahora los que envían a sus hijos a la escuela pública pagan también la educación subvencionada de otros en función de su libertad para elegir.

Siempre he pensado que cuanta más libertad para elegir le sea dada al ciudadano, trátese de lo que se trate, mejor funciona una sociedad democrática, pero también nunca he dudado de que la libertad para elegir del rico sea más amplia que la del necesitado. Bien está en todo caso que su fortuna le dé a cada cual para tener en casa a un profesor particular o llevar a sus niños a un exquisito centro de privilegiada enseñanza, como hacen muchos adinerados cuando están enfermos y acuden a un médico que pagan por su cuenta o a una clínica de lujo, a pesar de que mis impuestos y los suyos les garanticen una asistencia sanitaria pública en plano de igualdad.

Pero la confusión entre lo privado subvencionado, que en educación se llama concertado, y lo público abandonado como consecuencia del mimo a lo privado, no debería afectar a la libertad de cada cual para elegir -eso sí, entre lo que el Estado le da, y si no a pagarlo aparte- ni eximir al Estado de una educación pública para todos que permita al ciudadano sentirse en libertad en la escuela. Lo que se trata de elegir supongo que no es ideología escolar propia, que cada uno tiene derecho a elegir y en consecuencia a pagarse. Se trata de exigir al Estado una escuela sin exclusiones ni privilegios y sin catequesis para nadie.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 15 de julio de 2008