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Reportaje:PEKÍN 2008 | Faltan 29 días para los juegos

El 'pecado' de ser mujer y deportista

Varios países musulmanes todavía dificultan o prohíben el acceso de sus atletas a la competición

"Ésta es una residencia gubernamental y tanto la piscina como el gimnasio son sólo para hombres", señala el recepcionista del Palacio de Conferencias de Yeddah. Así es en todas las instalaciones públicas de Arabia Saudí, incluidas sus escuelas e institutos.

En Arabia Saudí no pueden ir al gimnasio o la piscina, y hay clubes clandestinos

La gimnasta iraní Hasampur se pasó al tiro porque no podía llevar mallas

Al amparo de "razones culturales y religiosas", el país aparta sin miramientos a sus mujeres del deporte. No es un caso único. A las puertas de los Juegos de Pekín, que comienzan el próximo 8 de agosto, las restricciones a las deportistas en los países musulmanes siguen a la orden del día. Tal es la discriminación que un grupo de activistas ha pedido al Comité Olímpico Internacional (COI) que cumpla con sus estatutos (que exigen la no discriminación por razón de sexo) y prohíba la participación de los países que excluyen a las mujeres de las competiciones internacionales.

"El COI debe suspender la participación en los Juegos de los países que no permiten que sus mujeres compitan", pide un informe del Institute for Gulf Affairs (IGA). La presión empezó tras los Juegos de Atlanta con el grupo Atlanta/Sidney Plus y en 2000 se sumó la Fundación para el Deporte de la Mujer. A pesar de que esos esfuerzos se han traducido en una mayor presencia de mujeres en las últimas convocatorias, el COI se ha mostrado reticente a tomar una medida que sólo se aplicó contra Suráfrica por su política de apartheid.

"El paso de la antorcha olímpica ha desatado protestas desde París hasta San Francisco debido al trato que China da al pueblo tibetano, pero nadie ha protestado por otra tragedia que afecta a millones de mujeres en Arabia Saudí, Irán y otros países musulmanes", denuncia Ali al Ahmed, director del IGA y activista de los derechos humanos. "Muchas mujeres musulmanas ni siquiera sueñan con participar en los Juegos porque sus países prohíben el deporte femenino por completo, o restringen severamente sus actividades atléticas".

Aunque la situación varía mucho de unos a otros, es un hecho que la presencia de mujeres de Estados islámicos en los Juegos es muy escasa. De los 57 miembros de la Organización de la Conferencia Islámica sólo dos vetan de forma abierta su participación: Arabia Saudí y Brunei. Pero si bien los equipos olímpicos exclusivamente masculinos se han reducido desde los 35 de Barcelona en 1992 hasta los cinco de Atenas hace cuatro años, entre los 10.000 atletas de dos centenares de países que acudirán a Pekín todavía habrá un puñado en los que la presencia femenina será apenas simbólica.

La falta de promoción de las actividades deportivas de la mujer desde la infancia o las restricciones a su forma de vestir limitan la posibilidad de que se dediquen al deporte y no digamos ya a la alta competición. En Irán, por ejemplo, la obligación de ocultar el cuerpo femenino que se impuso poco después del triunfo de la Revolución Islámica impide la participación de sus mujeres en encuentros internacionales. Corredoras, futbolistas y otras jugadoras tienen que llevar pantalones largos, batas hasta la rodilla y pañuelo, algo prohibido por los reglamentos. Sus nadadoras sólo pueden competir ante público y jueces femeninos. Esas trabas merman tanto su capacidad de medirse con otras atletas como su consideración en los circuitos deportivos.

Irán ha promovido en los últimos años una opción alternativa, los Juegos Islámicos Femeninos, en los que las mujeres compiten sin violar las normas de vestido más ortodoxas. Sin embargo, además de consagrar la segregación sexista, esa cita carece del nivel y reconocimiento de los Juegos Olímpicos, donde las iraníes sólo pueden participar completamente cubiertas. Su representante de tiro en Atenas, Nasim Hasampur, era una destacada gimnasta, obligada a cambiar su especialidad ante la imposibilidad de presentarse en público en mallas. De los 52 deportistas que Irán va a enviar a Pekín sólo dos son mujeres, una tiradora de arco y una luchadora de taekwondo.

Tal como ha resumido Nawal al Mutawakel, la campeona olímpica marroquí de 400 metros vallas en Los Ángeles 1984, "la participación de las mujeres en el deporte es un reflejo de su posición en la sociedad en general. Su entrada en estos espacios deportivos coincide a menudo con su entrada y participación activa en la sociedad civil y la política".

Sin necesidad de legislación, el peso de las tradiciones y el sistema patriarcal logran efectos similares en Qatar, Yemen y Emiratos Árabes Unidos, que finalmente romperá el tabú enviando a la hija de un jeque a Pekín. Incluso en Afganistán o Irak, donde los nuevos gobiernos se adhieren -al menos en la forma- a la promoción de la igualdad, los islamistas radicales se alían para desincentivar la participación de la mujer. Robina Muqeemyar fue la única afgana en Atenas y corrió los 100m con pantalones largos y camiseta de mangas.

El triunfo amargo de Hasiba Bulmerka en Barcelona fue una lección. La argelina, que ganó los 1.500m y se convirtió en un icono para muchas mujeres árabes, se vio obligada a trasladar su residencia a Europa ante las amenazas de los grupos fundamentalistas que le recriminaban correr en pantalón corto y negarse a usar el velo en los actos públicos. Un riesgo con el que también tiene que contar Dana Abdul Razzaq, la única iraquí en Pekín.

"El COI debe hacer más para eliminar las prácticas discriminatorias de sus miembros, que violan la propia carta olímpica", pide Al Ahmed, coautor del informe del IGA. Sus miradas están puestas en Londres 2012. En su opinión, esos Juegos "deberían ser testigos de la celebración de las atletas de Arabia Saudí, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Irán y otros países islámicos".

De vuelta en Yeddah, Lina al Maeena considera positiva esta campaña. "Tal vez las presiones nos ayuden a que las cosas se muevan más deprisa", manifiesta. Al Maeena es la capitana y una de las fundadoras del Jeddah United, un equipo femenino de baloncesto que, como los recién formados de fútbol y voleibol, juega en la clandestinidad. "No tenemos instalaciones, ni entrenadores, ni árbitros, es todo un esfuerzo personal, y, sin embargo, el deporte podría ayudarnos a combatir muchos males sociales". Para ella y el resto de las jugadoras, la cita olímpica es un sueño. Se conformarían con poder competir, aunque fuera tapadas como las iraníes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de julio de 2008