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El conflicto de Oriente Próximo

La justicia paquistaní excluye a Sharif de los comicios

La difícil estabilidad política de Pakistán sufrió ayer un nuevo revés. Un alto tribunal de la ciudad de Lahore dictaminó que el ex primer ministro paquistaní Nawaz Sharif no podrá presentarse a las elecciones parciales a la Asamblea Nacional que se celebran esta semana. La sentencia mantuvo otra anterior que consideró que el líder de la Liga Musulmana de Pakistán-Nawaz (PML-N) no era un candidato apto porque en 1999 fue hallado culpable del intento de secuestro del avión en que viajaba el entonces jefe del Ejército, general Pervez Musharraf. El astuto general fue capaz desde el aire no sólo de impedir el secuestro, sino de dar un golpe de Estado que acabó con el Gobierno de Sharif.

"Es una conspiración. Una decisión política", declaró un portavoz de Sharif. Todo apunta a que el líder de la PML-N no apelará al Supremo, ya que no reconoce la autoridad de esos jueces, colocados por Musharraf en noviembre pasado tras la declaración del Estado de emergencia y la destitución de los magistrados que cuestionaban la legalidad de las elecciones presidenciales que permitieron a Musharraf seguir como jefe del Estado.

Expulsar a Musharraf

Desde que Sharif volvió a Pakistán en noviembre pasado, tras ocho años de exilio, dejó siempre clara su intención de expulsar del poder a Musharraf. La PML-N fue la segunda fuerza política más votada en las elecciones generales celebradas en febrero pasado, a escasa distancia del Partido Popular de Pakistán (PPP), que lideraba la asesinada ex primera ministra, Benazir Bhutto, quien también había vuelto del exilio el pasado octubre. El viudo de Bhutto, Asif Alí Zardari, tomó el mando del PPP, aunque, como Sharif, no tiene escaño en la Cámara baja.

Tras la rotunda derrota de los partidos pro Musharraf, el PPP y la PML-N formaron un Gobierno de coalición, pero seis semanas después Sharif sacó a sus ministros del Gabinete por desacuerdos con Zardari sobre el compromiso para restablecer en sus puestos a los jueces del Tribunal Supremo, lo que amenazaría la permanencia de Musharraf. La estabilidad del Gobierno es ahora muy precaria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 24 de junio de 2008