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XVI Congreso del Partido Popular

Arenas es el 'hombre fuerte' del nuevo PP

Rajoy elige a Cospedal, persona de consenso, como nueva secretaria general - Aguirre, ex jefa de la 'número dos', anuncia que votará al líder el sábado

La apuesta de Mariano Rajoy, representante de la vieja guardia de Alianza Popular, por el nuevo PP ya no tiene marcha atrás. Dos mujeres, María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría, serán las número dos y tres del partido, después de que ayer se conociera que la presidenta del PP de Castilla-La Mancha será la secretaria general. Dos mujeres con posturas alejadas de la Iglesia, cuyas decisiones personales corresponden a las costumbres habituales del siglo XXI -Santamaría está casada por lo civil y prometió, no juró, el día que tomó posesión de su escaño, y De Cospedal es separada y madre soltera por inseminación artificial.

Arenas estará en la cúpula con Cospedal y Mato, dos mujeres de su confianza

La nueva secretaria general aporta, como Santamaría, un perfil moderno

"Tú estás cocinando todo esto", le dijo hace poco Aguirre a Arenas

El nombramiento de Cospedal consigue pacificar de momento el PP

Dos mujeres que no son pata negra del partido -ambas son abogadas del Estado que llegaron a la política desde un ministerio y son afiliadas recientes-, tienen un perfil técnico más que político y simbolizan el pragmatismo que encarna su líder. La imagen del nuevo PP es demasiado evidente como para no pensar que es buscada. Y, sin embargo, detrás de este nuevo partido todas las fuentes consultadas ven la larga mano de un representante del PP de siempre, aunque viene de la UCD y no de AP. Javier Arenas se convirtió ayer oficialmente -ya lo era en privado para la mayoría de los dirigentes- en el nuevo hombre fuerte del partido.

De Cospedal, una candidata de consenso que fue consejera de Esperanza Aguirre, entre 2004 y 2006, y trabajó con Ángel Acebes en Interior, entre 2002 y 2004, es una persona de la absoluta confianza de Arenas. Él la aupó a la política, como hizo Rajoy con Sáenz de Santamaría, desde el puesto técnico en el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales que ocupaba cuando llegó el andaluz, en 1996. La vinculación con Arenas ha determinado toda la carrera política de De Cospedal.

Pero no sólo el nombramiento de De Cospedal demuestra el enorme poder de influencia de Arenas, uno de los vencedores de la nueva etapa que quiere abrir ahora Rajoy en el PP. El dirigente andaluz se sitúa como vicesecretario territorial, un asunto clave para el partido que hace de la unidad de España su bandera. Y como vicesecretaria de Organización se coloca Ana Mato, otra mujer de absoluta confianza de Arenas, con quien trabajó codo con codo cuando José María Aznar lo nombró a él secretario general y a ella coordinadora de acción sectorial primero y de organización más tarde. Sólo Esteban González Pons, hombre fiel al presidente valenciano Francisco Camps, ahora vicesecretario de comunicación y portavoz del partido, escapa al control de Arenas.

El líder del PP andaluz, pese a sus reiteradas derrotas en una tierra que se le resiste históricamente al PP, logra así la cuadratura del círculo: es el hombre fuerte en Madrid sin necesidad de abandonar Andalucía.

El caso de Eduardo Zaplana, que dejó de ser presidente de la Comunidad Valenciana para ser ministro y ahora ni siquiera ha sido invitado al congreso y casi no puede pisar el PP de su comunidad por su enemistad con quien fue su sucesor, Francisco Camps, es la prueba más evidente de que en el PP no es bueno dejar de ser un barón territorial para venir a Madrid. De hecho, una de las claves para el fracaso de la candidatura alternativa de Juan Costa, según explican sus amigos, es el hecho de que este diputado no controla ningún territorio.

Arenas, según fuentes del PP andaluz, rechazó ser secretario general hace un par de meses, cuando Rajoy se lo propuso. Se negó hasta tres veces, como San Pedro. No quería dejar Andalucía, su territorio, desde el que controla el grupo de militantes más grande dentro del PP, el que por sí solo hace ganar o perder un congreso. Pero sí ha aceptado este puesto de vicesecretario que le permite, junto a su escaño de senador, vivir a caballo y controlar todos los frentes. El compromiso de Arenas con Rajoy es total, para lo bueno -el poder- y para lo malo -si el líder cae por los malos resultados de 2009, él quedará tocado-.

Una vez más, Esperanza Aguirre, con su desparpajo habitual, dio en el clavo hace tres semanas, en el tormentoso Comité Ejecutivo en el que su mano derecha, Ignacio González, lanzó un durísimo discurso contra el líder en el que le acusó de estar haciendo del PP la "segunda marca" del PSOE. Aguirre no habló, pero lo dijo todo con gestos. Le tocó sentarse enfrente de Arenas, y quiso provocarle con una broma reveladora. Después de que el andaluz realizara un discurso entusiasta con Rajoy, ella le señaló y le hizo un gesto claro como de cocinero que remueve una olla. "Tú estás cocinando todo esto", le dijo con los labios y con una sonrisa. Él respondió con otra sonrisa.

Arenas y Aguirre son rivales políticos y representan las dos almas del PP enfrentadas a cara de perro en los últimos meses, pero les une algo: su devoción por De Cospedal. Por eso ayer, con el nombramiento de la presidenta del PP de Castilla-La Mancha, Rajoy logró lo que parecía imposible: pacificar el partido, al menos de momento, y lograr que Aguirre, su gran rival, que había evitado en todo momento mostrar su apoyo al líder del PP, se rindiera definitivamente. Aguirre aseguró por primera vez que votará a Rajoy, algo a lo que no se había comprometido hasta ahora. La presidenta sabe, según su entorno, que De Cospedal nunca irá contra ella. "A mí me gusta mucho el nuevo equipo de Rajoy", confesó.

"De Cospedal tiene por delante una tarea apasionante: conseguir integrar a todos los que estamos en el centro derecha", declaró. Esta frase es una clara invitación al acuerdo. Hace menos de una semana, la presidenta comió con Rajoy a solas y, pese a las buenas formas, no lograron ponerse de acuerdo en nada. Y fue sobre todo porque el líder no quiso revelar nada de su equipo ni negociar con ella. La dirigente regional quería saber a quién iba a poner como secretario general. Pío García-Escudero, por ejemplo, un candidato claro pese a que él no quería el puesto, está muy enfrentado a ella. Manuel Lamela, otro aspirante que sonó con fuerza en el último momento, también podía suponer un problema para Aguirre. Arenas hubiera sido una provocación para ella. De los seis finalistas, De Cospedal era la mejor para la gran rival de Rajoy.

El nuevo equipo tiene otra clave. Rajoy ha apostado sin matices por lo que considera como el "sonido limpio y claro de las provincias" que le ha apoyado frente a sus enemigos en Madrid, especialmente mediáticos. Pero tiene otra más de fondo. El líder tiene un equipo renovado, quiere pasar página de los últimos cuatro años que dirigió el partido junto a Zaplana y Ángel Acebes y está lanzando el mensaje de que va a por todas para intentar llegar a 2012. Nadie sabe si lo logrará, pero de momento el relevo más claro, Alberto Ruiz-Gallardón, tendrá que esperar, y lo hará en segundo plano, porque no tendrá la visibilidad que da una vicesecretaría.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 20 de junio de 2008