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Reportaje:

La Expo predice su futuro

El proyecto urbanístico se enfocó desde su inicio hacia la reutilización de la mayor parte de los edificios. La recuperación de la orilla izquierda del Ebro sobre Zaragoza es la gran sorpresa, más allá de los fuegos de artificio.

Para explicar la Expo de Zaragoza 2008 desde el punto de vista arquitectónico o urbanístico hace falta poner la vista tanto en el presente como en el futuro. Las lecciones de otras ferias internacionales, como la de Sevilla en 1992 -que quedó como una isla, con edificios muy separados unos de otros que poco han favorecido su reconversión- o incluso proyectos como el Fòrum de Barcelona -plazas secas y extensas donde no había donde resguardarse del sol-, así como las realizadas en otros países, con sus errores y aciertos, sirvieron de punto inicial para la reflexión sobre el sentido de la construcción de edificios singulares en un recinto y la relación o utilización posterior que puedan tener éstos con el desarrollo de la ciudad. Por eso, quizá, más importante que la Expo, será la pos Expo, que ha sido cuidadosamente planificada.

"Todo se ha hecho de manera algo inusual en este país: con previsión", apunta Carlos Lamela, a cargo del plan pos Expo

La Expo de Zaragoza, que se inaugura el próximo sábado, ofrecerá a los visitantes un recinto ferial bastante abarcable a pie, con accesos casi directos con la nueva estación del AVE a través del Puente del Tercer Milenio, de Juan José Arenas, para tránsito rodado, y el Pabellón Puente, peatonal, de Zaha Hadid, además de un servicio continuo de telecabina. Situada en "el meandro de Ranillas" y rodeado por el cauce del Ebro, el recinto de la Expo tiene 25 hectáreas de superficie, además de las 120 del Parque Metropolitano del Agua situado a continuación, al norte de la Ronda del Rabal.

Los principales edificios construidos son los ocho pabellones donde se ubicarán los participantes oficiales (106 países, comunidades autónomas y empresas), con dos plantas y conectados por una cubierta ajardinada, de César Azcárate y Raimundo Bambó, de ACXT; la Torre del Agua, de Enrique de Teresa; el Pabellón de España, de Francisco Patxi Mangado; el de Aragón, de Daniel Olano y Alberto Mendo; el Palacio de Congresos de Aragón, de Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano, y el Acuario Fluvial, de Álvaro Planchuelo.

El lema es Agua y desarrollo sostenible, un asunto que desde que se dio el visto bueno a la realización de este evento, en 2004 ha ido cobrando cada vez mayor interés e importancia en el debate social. En Zaragoza el agua será la gran protagonista. Se verá, se tocará y se discutirá. Está integrada además en las estructuras y las exposiciones de varios de los edificios y en las zonas de paso entre los pabellones. Distintos toldos y cubiertas darán sombra al paseo ribereño (Batlle i Roig han diseñado un umbrario de alegres círculos de colores para las plazas temáticas), mientras láminas de agua a lo largo del recorrido generarán un microclima para paliar el calor del verano.

El Pabellón de España, quizá el más complejo y logrado de todo el recinto, realizado por el arquitecto Patxi Mangado en colaboración con el Centro Nacional de Energías Renovables (Cener), ha sido construido con materiales respetuosos con el medio ambiente. En el exterior han creado un bosque de altos pilares formado por columnas recubiertas de barro cocido que absorben agua a través de la base y crearán un microclima para resguardarse del calor. La exposición al interior de los volúmenes de vidrio desarrolla ideas en torno a Ciencia y creatividad, y en la planta superior estará uno de los dos restaurantes de alta gama del recinto. El otro está en la magnífica terraza del Acuario Fluvial, con una cascada que cae desde lo alto, y que recicla el agua sobrante de los acuarios que alberga el edificio. En los laterales, otras cortinas de agua contribuyen a climatizar el interior. El acuario, el más grande de agua dulce de Europa, propone un recorrido de unos 8.000 metros por cinco de los grandes ríos del mundo. El edificio evoca en su exterior los perfiles de un glaciar y los colores o texturas de la tierra y la piedra. "El lenguaje general del edificio es el que integra arquitectura y naturaleza", explica Panchuelo, que ha trabajado con la firma especializada Coutant Aquariums.

La Torre del Agua tiene 76 metros de altura y es como el faro de la Expo, y no sólo porque de noche tendrá un sistema de iluminación que cambiará de color con las horas. Sobre una planta zócalo, de unos 13 metros de alto, se desarrolla una estructura vacía con recorrido a través de dos pasarelas en espiral que permiten observar hacia abajo -una vista no apta para los que sufren de vértigo- la escultura Splash (de Pere Gifré), que simula una gran gota de agua que salpica al caer. "Este pabellón ha sido concebido como un espacio expositivo en altura", dice su arquitecto, Enrique de Teresa. "Se trata de sacarle partido a esa dimensión y potenciar el recorrido de doble rampa, que no sólo te lleva a percibir el espacio interior sino que es a la vez un mirador espléndido sobre la ciudad". La idea es que en la etapa pos Expo pase a ser un centro de cultura y arte contemporáneo, pese a la dificultad de exponer en un espacio tan imponente. "La Tate Modern tiene la Sala de Turbinas que se ha convertido en un sitio emblemático. El de Zaragoza podría lograr algo similar".

Los zaragozanos Olano y Mendo proponen un edificio en forma de "cesta" para el Pabellón de Aragón, construido sobre tres pilares a siete metros del suelo. Sólo dos de sus plantas estarán abiertas a una exposición sobre la diversidad de los paisajes de la región. En la terraza superior habrá, durante la Expo, unos frutos hinchables iluminados. En la pos Expo será sede de algunas dependencias del Gobierno de Aragón.

El Palacio de Congresos de Aragón, de Nieto y Sobejano, también tiene un claro porvenir. Su perfil quebrado en ángulos ascendentes y descendentes alberga un auditorio para 1.500 espectadores y salas de exposiciones. De noche la iluminación los convertirá en bloques de luz sólida.

En el frente fluvial se despliegan seis pabellones temáticos en una superficie de mil metros cuadrados. En gran parte se trata de construcciones efímeras de uso científico-recreativo en torno al agua. Los arquitectos Batlle y Roig han realizado el diseño de estas plazas. "Siempre hay demasiadas cosas en las expos, la zona se leerá mejor cuando ésta acabe", piensa Enric Batlle. Unas suaves escaleras que bajan hasta el agua y un banco de 700 metros frente al río se convertirán seguramente en uno de los mejores paseos para los zaragozanos, que podrán ampliar hasta el inmenso Parque Metropolitano del Agua, diseñado por los arquitectos Alda y Jover y la paisajista francesa Christine Dalnoky. Contará con zonas recreativas, un centro termal, un pabellón de celebraciones, un centro ecuestre, hoteles, campos de golf, embarcadero y zona de playas.

Pero si hay un elemento concebido para convertirse en emblema de esta renovación de la ribera izquierda del Ebro, ése es el pabellón-puente de la iraquí Zaha Hadid. A dos semanas de la inauguración su construcción iba bastante retrasada, pero ya lucía su perfil de gran pez mitológico, más que del delicado gladiolo que describe su autora. Sin duda se convertirá en elemento de debate. Entre otras cosas, porque la propia idea inicial de ser un puente cubierto alberga ya la limitación de disfrutar abiertamente del paisaje. Los ventanales ofrecen una visión limitada del entorno. "Es una estructura encapsulada por su naturaleza híbrida de pabellón-puente, pero no se puede decir que esté cerrada al paisaje sino todo lo contrario", contesta Manuela Gatto, arquitecta del estudio de Hadid, a cargo de este proyecto. "La piel de la estructura está hecha de capas que protegen de la lluvia y el viento, pero hay también balcones hacia el río y la ribera desde donde se contemplan unas vistas preciosas. Los pilotes centrales están muy integrados con los ejes del río, lo que proporciona una conexión perfectamente integrada de los niveles inferiores del puente con las orillas y el recinto de la Expo".

El proyecto de reestructuración pos Expo ha sido encargado a los estudios Lamela y Master de Ingeniería y Arquitectura. Las zonas que se transformarán serán las de los pabellones de Ronda, Ebro y el edificio de las comunidades autónomas. Se prevé convertir los pabellones en un parque empresarial de 175.000 metros cuadrados, del que desaparecerán algunas infraestructuras como rampas y pasarelas, y se incluirá una amplia calle central. "La operación de mayor trascendencia de la Expo será la que se dé cuando se cierren las puertas", dice Carlos Lamela. "Su importancia se verá veinte, treinta o cuarenta años después. Todo se ha hecho de manera algo inusual en este país: con previsión". De acuerdo con la filosofía de respeto medioambiental, muchos de los edificios han sido concebidos de acuerdo con una arquitectura sostenible. "Las cubiertas de los pabellones genéricos son captadoras de energía solar y el resto de las estructuras responden a una arquitectura tranquila y tradicional, económica y racional", concluye Lamela.

En el Pabellón de España una exposición titulada ZaragozaKioto, con trabajos de diez despachos de arquitectos y urbanistas que practican la sostenibilidad, recuerda que muchos de los signatarios del Acuerdo de Kioto, entre ellos España, los siguen incumpliendo. "La sostenibilidad es el gran desafío de nuestra generación", dice el organizador de esta muestra, Luis Fernández Galiano. "Un planeta sostenible requiere pensar de nuevo la arquitectura y el urbanismo. Vivir de otra manera". Todavía queda mucho por hacer. O rehacer. -

Expo Zaragoza 2008 (Exposición Internacional Agua y desarrollo sostenible) se celebra del 14 de junio al 14 de septiembre. www.expozaragoza 2008.es

Zaha Hadid

Llegó como estrella para dibujar el icono de la Expo. Diseñó un gladiolo tumbado atravesando el Ebro y la construcción de su pabellón puente hoy recuerda más a una ballena que a una flor. Pero Hadid (Bagdad, 1950) crea marca. La única arquitecta con el Premio Pritzker (2004) salió de Irak cuando era adolescente para estudiar en la Architectural Association de Londres. Entre sus obras más destacadas como arquitecta están el Centro Rosenthal en Cincinnati (1998), la Terminal de Tranvías en Estrasburgo (2001) o el Centro BMW de Leipzig (2005). En España trabaja en el urbanismo de Zorrozaurre, en Bilbao.

Anatxu Zabalbescoa

Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano

Su Centro de Congresos debía tener presencia para marcar una fiesta pero, a la vez, conseguir entidad para permanecer más allá de ella. Nieto y Sobejano (Madrid, 1957), autores del Palacio de Congresos de Mérida, han firmado también viviendas en Groningen (Holanda). Suya es la ampliación del Museo de Escultura de Valladolid y las de los Museo de San Telmo de San Sebastián y de Arte de Moritzburg, en Alemania. Han ganado también concursos para levantar el Centro del Vino de La Rioja (2006), el Espacio para la Creación Artística Contemporánea de Córdoba (2006).

Enrique de Teresa y Julio Martínez Calzón

La Torre del Agua es un reto de ingeniería, un edificio hueco que recurre a la idea de Frank Lloyd Wright de pasear por una rampa para contemplar una exposición. De Teresa (Valladolid, 1951) firmó ya una torre de 45 metros junto al Pisuerga en el Museo de la Ciencia de Valladolid, junto a Rafael Moneo. Hoy dibuja la Facultad de Ciencias de esa ciudad y también un Centro de Salud. Julio Martínez Calzón (Valencia, 1938) es el ingeniero detrás de algunos de los mayores retos estructurales que se levantan hoy en España. En la Expo, firma también el armazón del Pabellón de Aragón.

Basilio Tobías

Una de las piezas más delicadas de la Expo es el propio edificio de oficinas de la organización. Su arquitecto, Basilio Tobías (Zaragoza, 1954) ha querido llevar la idea de la ligereza de la estructura hasta la transparencia de la fachada del mismo. En sus últimos trabajos, la torre de viviendas de 30 plantas en Zaragoza (2007) o el hotel Plaza (2004) de la misma ciudad, Tobías ya exploraba esa posibilidad. Más allá de la Sede del Departamento de Salud y Consumo para el Gobierno de Aragón, es también autor del Pabellón Polideportivo de Utebo (2008) y del de la Universidad Jaime I en Castellón (2002).

Álvaro Planchuelo

Que un arquitecto defina su trabajo como divertido y divulgativo es extraño. Álvaro Planchuelo (Madrid, 1959) lo hace. Y es un arquitecto atípico. Autor del Acuario de Gijón, en el que también trabajó con los consultores Coutant Aquariums, sabe que en un lugar así son más importantes los cocodrilos y las pirañas que la arquitectura. Tal vez, afectada por ese espíritu pragmático, su ingente obra es variada, pintoresca y muy comercial. Suyas son las instalaciones feriales de la ciudad de Plasencia, las gasolineras de Petróleos Avanti o el interior de los Centros Comerciales de Kinépolis o Aluche en Madrid.

Juan José Arenas

El autor del puente de la Barqueta sevillano recibió el encargo de levantar el puente del Tercer Milenio sobre el Ebro cuando su proyecto hispalense todavía estaba en obras. Hoy Juan José Arenas (Huesca, 1940) concluye "el mayor reto técnico de su vida, en el límite de lo construible". La vida de Arenas ha sido escrita a base de puentes. Suyos son el de Oblatas en Pamplona, el de Hispanoamérica en Valladolid, el móvil en la dársena Morrot del puerto de Barcelona o el puente sobre el Tormes de Salamanca. Ha firmado también viaductos sobre la ría de Betanzos, en A Coruña, sobre la Variante, en Almería, o la Ronda Urbana de Granada.

Olano y Mendo

Daniel Olano (Zaragoza, 1950) y Alberto Mendo (Zaragoza, 1957) son, junto a un equipo de treinta personas capitaneado por Andrés Navarro y Gabriel Lassa, los autores de la "cesta de paisajes" que quiere ser el Pabellón de Aragón. Con tanta experiencia como urbanistas como arquitectos, Mendo y Olano son autores de los planes generales de las principales ciudades de Aragón. En Zaragoza, suya es la intervención en el casco antiguo, la zona del Tubo, que concluyó con la construcción de un edificio multiusos. La Casa Consistorial de Cuarte de Huerva, en Zaragoza, es uno de sus proyectos más conocidos.

César Azcárate (IDOM)

Azcárate y Raimundo Bambó forman parte de ACXT, la rama arquitectónica de la legendaria ingeniería IDOM. Autores del edificio sinuoso que albergará los pabellones internacionales y los de las comunidades autónomas, el suyo quiere ser un inmueble río, curvilíneo y fluido e integrado, casi absorbido por el entorno y coronado por parques con vistas. ACXT reúne a cuatrocientos arquitectos que firman proyectos de tipologías tan diversas como el Complejo Deportivo Municipal Pau Gasol en Sant Boi, en Barcelona (2008), el Estadio de Fútbol del Pasarón, en Pontevedra, o del Athletic de Bilbao, ambos en construcción.

Alday, Jover y Dalnoky

Dos francesas y un maño. El trabajo de estos arquitectos paisajistas es una apuesta de futuro: un pulmón junto al Ebro. Durante la Expo veremos el Parque Fluvial poco más que en los huesos. Pero llegará para quedarse. Alday (Zaragoza, 1965) y Jover (París, 1969) han firmando juntos el Centro Cultural El Molino en Utebo (2005) y el Polideportivo Las Delicias (2007), ambos en Zaragoza. Christine Dalnoky (1956) es una paisajista con mayúsculas. Con su socio Michael Desvigne firmó numerosos parques en Lyon, Burdeos y Marsella, y estaciones del TGV. En el año 2001 fue premiada en la Bienal del Paisaje de Barcelona.

Patxi Mangado

No es ésta la primera vez que Patxi Mangado (Estella, 1957) reviste un proyecto suyo de cerámica. La solución ya le dio buenos resultados en el interior del restaurante La Manduca de Azagra (Madrid). Por lo demás, el arquitecto navarro, que ha firmado en la Expo el Pabellón de España, es autor de inmuebles que marcan las ciudades, como el Auditorio Baluarte de Pamplona o el nuevo Estadio de Palencia. Mangado se dio a conocer con una propuesta radical para la plaza de los Fueros en Estella (Navarra). También es autor del Centro de Innovaciones Tecnológicas, en San Sebastián, o de las Bodegas Marco Real en Olite (Navarra).

Enric Batlle y Joan Roig

Aunque se resisten a encasillarse en la categoría de paisajistas y firman otras tipologías, como la Torre Millinuim en Sabadell o la Ciudad Deportiva del FC Barcelona, Batlle y Roig (Barcelona, 1956 y 1954) son expertos en parques urbanos. Que tenían mano para el paisaje y la vegetación lo dejaron claro en el Cementerio Roques Blanques en El Papiol (Barcelona, 1984) y en el Parque de la Estación en Igualada (1995). En esos años, levantaron un puente sobre el río Besós y construyeron uno de sus mayores proyectos: el Nus de la Trinitat. En la Expo están de fiesta. Firman, con Gayarre y Marco, las plazas temáticas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de junio de 2008

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