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A TOPE | Fin de semana

Tontología

Hay días que te levantas con cara de gilipollas. Haces un esfuerzo por intentar cambiar el gesto o por lo menos disimularlo, pero nada: te vuelve otra vez, te sale con más fuerza que antes. Es lo que me pasó el otro día, cuando de repente me entero de que el Universo, sí, el Universo, ya no es nuestro. No tengo ningún afán de posesión, y menos de algo de tamaña magnitud, pero me entró una pena... universal. Es como que, de golpe, ya no puedes decir que te sientes "el dueño del Universo", porque resulta que ese ser, con el que te comparabas cuando te sentías en la gloria, ese que imaginábamos grandioso y feliz, es un tipo normal y corriente. Eso sí, un tipo hábil, que ha tenido la brillante ocurrencia de registrase como dueño del Universo.

Hasta ahora, lo de Miss Universo me hacía gracia por las pretensiones expansionistas del concurso. También lo de la empresa que te vende por 50 dólares una estrella a la que puedes bautizar con el nombre de tu amado/a (en realidad te venden la foto). Pero lo de comprar el Universo ya me parece una barbaridad.

Estas son las cosas que aumentan mi convicción de que hay que crear una nueva rama de la psicología que tendrá un gran futuro: la tontología. Aunque, puestos a pensar, la tontología no daría abasto. Porque, hablando de ser "dueños de", nos hipotecamos para comprar un piso que es en realidad un agujero de cemento y madera colgante; si se cayera, seríamos propietarios de algo que estaba en el aire, o sea, de nada. Pero, mal de muchos, hipoteca para todos, ¿no?

Y después de la primera fase, la de aturdimiento, me ha venido la de la rabia. Porque te estropean tus sueños, el imaginario de tus fantasías y, sutilmente, el Universo se va convirtiendo en algo mucho más material y prosaico. También te entra el puntito de rabia por no haber sido tú el iluminado al que se le ha ocurrido registrar todo eso. Aunque, en realidad, para qué lo quiere uno, ¿para fardar en las cenas con los amigos?, ¿para mirarlo cuando te dé la gana? Y encima luego vendrán los líos con el testamento: ¿qué dejas en herencia: un agujero negro, Plutón? Ya no es lo que era.

En este caso admito que estaría bien que, en la suposición de que Dios exista (y a ver cuál de ellos es el que realmente se manifiesta), aparezca y se entere de que todo lo que había montado, todo, se lo ha birlado un espabilado. Pero somos tan raros los del Planeta Tercero Norte que a un amigo, al comentarle la noticia, le encantó la ocurrencia, le hizo mucha gracia. Y además le dio la gran idea de su vida: la de registrarse como Dios. ¡Cómo se nos está poniendo la vida! Tienes un amigo que es Dios, pero te quedas sin Universo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 31 de mayo de 2008