Crónica:Crónica
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El regalo del predicador

Lenny Kravitz recibió una gaita como recuerdo de su concierto vigués

Si algún día Lenny Kravitz decidiese abandonar la rentable senda del rock para apostar por los ritmos étnicos, ya tiene instrumento con el que comenzar. Antes de que el pasado jueves irrumpiese en el escenario del Instituto Ferial de Vigo (Ifevi) para inaugurar su gira europea, el músico de Brooklyn recibió un regalo muy especial de manos del teniente alcalde de Vigo, el nacionalista Santiago Domínguez. Una gaita de madera de granadillo anillada en plata, obra del artesano Afonso Castro, fabricante de instrumentos desde hace dos décadas para gaiteiros como Carlos Núñez y Anxo Pintos. Su coste ronda el millar de euros. Kravitz sugirió al teniente alcalde vigués que fuese su profesor de gaita. Domínguez lo invitó amablemente a buscarse otro maestro. Para lo que el autor de Are you gonna go my way? no precisa enseñanza es para ser una estrella de la música.

Su comportamiento encima del escenario es el de un profesional curtido en los directos. Su salida se retrasó 30 minutos sobre lo previsto, pero a cambio dio espectáculo durante las dos horas y media siguientes. En el limitado tiempo del que dispusieron los reporteros gráficos para retratarle realizó un completo catálogo de poses rockeras, se quitó las gafas de sol con las que hizo su aparición bajo los sones de Back in Vietnam, saludó al público en inglés con un encendido "¿Va todo bien, Vigo?" y situó sobre el escenario a la banda de siete músicos que le acompaña. Juntos hicieron buen aprovechamiento de los 300.000 vatios de sonido disponibles y que al enérgico batería casi se le quedan pequeños. Las instalaciones del recinto ferial, que se estrenaban como escenario de un concierto internacional, superaron la prueba aguantando la potencia del conjunto. Las colas en los accesos al Ifevi no sorprendieron a nadie.

Presentó a sus músicos con sumo cariño, sus contoneos provocaron delirios y se mostró cómplice con el público dando paso a sus canciones más conocidas, como Mr. Cab Driver o Stand by my woman. La actitud no decayó e incluso fue a más cuando, arrodillado y con los brazos en alto, Kravitz clamó por la fraternidad universal en la recta final del concierto. "Cantad conmigo por el amor de Dios", exclamaba con su característica voz nasal, tan capacitada para el ronroneo de dormitorio como para el bramido del rock and roll.

En esta gira Love Revolution con la que presenta su octavo disco, el guerrillero se ha convertido en predicador. Y, de un regalo a otro, quizá pensaba en cómo corresponder a la gaita de Castro cuando decidió estrenar el tema Love, love, love en directo ante los 9.000 espectadores vigueses que coreaban su nombre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 30 de mayo de 2008.