Columna
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¿Qué crisis?

Dice una paradoja que hay tres tipos fundamentales de economistas: los que saben contar y los que no. Solbes sabe contar y entiende que estamos ante una "desaceleración acelerada". Ha acertado al fin con el diagnóstico. Es de un rigor ambiguo, y atrapa los contornos borrosos de una realidad desacertada. En cuanto a la duración, también se puede decir con precisión indeterminada que se trata de un fenómeno transitorio pero no episódico, más bien superficial aunque con raíces profundas. Por supuesto, su naturaleza es de una volatilidad sumergida. Hay quien se indigna por el uso de eufemismos para maquillar la realidad. ¿Todavía existe la realidad? Uno de los humoristas neocon que asesora a Bush manifestó a los ansiosos informadores de economía: "¿Quieren saber ustedes cuál es la verdadera realidad? Vayan entreteniéndose con ésta, mientras les preparamos otra". Cristóbal Montoro, portavoz de la oposición para asuntos económicos, no está conforme con la ya conocida como Paradoja de Solbes, inspirada en el estado de "contentamiento descontento" de Camões. A Montoro le hubiera gustado escuchar en labios gubernamentales la anhelada rendición: "¡Estamos en crisis, señores y señoras!". Montoro se equivoca. Tiene esa visión anticuada de cuando la palabra "crisis" gozaba de la buena reputación que produce el pánico. Descrita por el cauto vicepresidente, la crisis sonaría a una inevitable seducción primaveral, a la manera del verso de Salinas: "Amor. Amor. Catástrofe". El vocablo "crisis" forma parte de la vida cotidiana y que un gobernante como Solbes promulgue de forma solemne la instauración de la Crisis podría provocar un incontenible entusiasmo popular. Al fin y al cabo, venimos de una "crisis de crecimiento". Eso es lo nuestro. ¡En crisis y creciendo! Lo que de verdad acojona es desacelerar acelerando. Pasa una moto cabizbaja en la noche. Leo un graffiti fresco: "Lo más caro es ser pobre". Ahí va el tercer economista.

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