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Biología

Las bacterias aprenden a anticiparse a los cambios

Por mucho que los científicos se empeñen, tocar una campana antes de dar de comer a una bacteria no le hará modificar su comportamiento. Pavlov se habría estrellado si hubiera intentado su famoso experimento con estos microorganismos en lugar de con perros. Pero eso no quiere decir que las bacterias no tengan cierta capacidad de aprender y prevenir, según acaba de publicar Saeed Tavazoie, de la Universidad de Princeton (Nueva Jersey, EE UU), en Science.

La protagonista del ensayo es la Escherichia coli, el ser unicelular mejor conocido por los científicos, que la llaman E. coli para abreviar. Esta bacteria es la primera causa de infecciones alimentarias, y también la que más ataca a las personas que ingresan en un hospital. La causa es que se adapta como pocas al ser humano. Y es en esta fase donde se ha demostrado su capacidad de prevenir los acontecimientos.

En concreto, el ensayo ha medido la respuesta de la bacteria ante diversos cambios de su entorno. Frecuentemente, la E. coli ataca el sistema digestivo de las personas. En ese proceso se ha medido su respuesta, primero en entornos virtuales y luego en otros más similares a los reales (en este caso, ningún científico se la tragó, como hicieron los descubridores de la relación entre la Helicobacter pylori y la úlcera).

Temperatura ambiente

El primer cambio del proceso es de temperatura. La E. coli está en los alimentos frescos. Cuando llega a la boca, experimenta un aumento de ésta (pasa de los veintipocos grados de una casa refrigerada a los 37 grados del cuerpo de una persona). Entonces llega el cambio: no sólo se prepara para pasar calor. También anticipa lo que vendrá después.

Si todo el proceso sigue su curso, de la boca la E. coli pasará al estómago. Y ahí no sufrirá sólo un aumento de temperatura. Se encontrará con un entorno en el que habrá mucho menos oxígeno. Lo curioso es que no necesita llegar hasta el estómago para cambiar su metabolismo y adaptarlo a esa nueva circunstancia. Según han medido los investigadores, inicia las modificaciones correspondientes antes.

Es decir, no se trata de una respuesta evolutiva al ambiente, sino que anticipa el cambio. El calor de la boca hace el efecto de la campana en el experimento de Pavlov.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 14 de mayo de 2008