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Necrológica:

Robert Vesco, empresario fugitivo que intentó sobornar a Nixon

Robert Vesco ejerció durante décadas como rey de los empresarios fugitivos. Y aunque sus días de gloria se acabaron tras ser condenado a 13 años de cárcel por fraude en Cuba en 1996, se le creía entre rejas en La Habana. Sin embargo, la pasada semana The New York Times informaba de su supuesta muerte, que fue confirmada más tarde por Lidia Alfonso Llaguer, su última esposa, quien indicó que su marido falleció de cáncer de pulmón en La Habana el 23 de noviembre de 2007, y está enterrado en el cementerio de Colón habanero. Vesco tenía 74 años y estaba en libertad provisional desde 2005.

La rocambolesca historia de su vida arranca en Detroit, donde abandonó sus estudios de secundaria para trabajar en una fábrica de automóviles. Con 21 años se había mudado a Nueva Jersey y era empleado en una fábrica de maquinaria pesada. Cuando ésta se declaró en bancarrota, Vesco decidió hacerse cargo de ella, la rebautizó como International Controls Corporation y a los 30 años se había convertido en millonario.

Sus bolsillos siguieron llenándose cuando otra empresa, Investments Overseas Services, comenzó a tener problemas financieros y Vesco se ofreció a salvarla de la ruina. La adquirió por apenas cinco millones de dólares, consiguiendo el control de fondos de inversión por valor de 400 millones. Pero a principios de los años setenta, la Securities Exchange Commission (SEC) emprendió una investigación sobre la empresa y acusó a Vesco de robar 224 millones de dólares. Pero cuando las conclusiones de la SEC se hicieron públicas, este hombre con aire de mafioso había abandonado EE UU y se había instalado en Costa Rica. Desde allí intentó sin éxito sobornar al presidente Nixon, a cuya campaña donó 200.000 dólares con la esperanza de que, al ser reelegido en 1972, cancelara la investigación.

En Costa Rica se hizo íntimo amigo de su presidente, José Figueres, que llegó a declarar "Ojalá más Vescos vinieran a Costa Rica, los necesitamos". Desde allí también se involucró en un negocio con Libia para comprar aviones estadounidenses a cambio de sobornos a funcionarios de EE UU que también fue descubierto. En 1978 se vio obligado a huir de Costa Rica por un negocio oscuro con el hijo del presidente. Y tras pasar por Bahamas, Nicaragua y Antigua, acabó aterrizando en Cuba, que le acogió "por razones humanitarias". Tras una década, corrieron rumores sobre sus relaciones con carteles colombianos de la droga y su nombre volvió a sonar en un juzgado de Florida como socio del traficante Carlos Lehder Rivas.

El golpe de gracia lo dio intentando engañar al Gobierno cubano con una supuesta droga milagrosa para curar el sida, el cáncer y hasta el resfriado. Condenado a 13 años de cárcel, disfrutó de una celda privada y salió en 2005.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de mayo de 2008