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Benfica BEN
0
dos Santos Mourinho Félix 84'
Real Madrid RMA
1
Vinicius Junior 49'
Finalizado

El Real Madrid se enmienda en Lisboa en la noche que Vinicius volvió a denunciar insultos racistas

El equipo de Arbeloa, mucho más sólido que en su visita de enero, derrota al Benfica con un maravilloso gol del brasileño, que paró el partido tras acusar a Prestianni, y encarrila el pase a los octavos, que se decidirá la próxima semana sin Mourinho, expulsado

Vinicius marca el gol de la victoria del Madrid en Lisboa.Pedro Nunes (REUTERS)

El Real Madrid volvió a Da Luz y nada fue como la última vez. El equipo de Arbeloa doblegó a un Benfica que no encontró el modo de hacerle daño con un ejercicio de enorme seriedad y un gol maravilloso de Vinicius, que paró el partido por un insulto racista de Prestianni. Regresan tras despejar las pésimas sensaciones de enero y con notable para alcanzar los octavos de la Champions el próximo miércoles en el Bernabéu, donde Mourinho, expulsado, no podrá volver a sentarse en el banquillo de su antigua casa.

BENBenfica
0
Anatoliy Trubin, Amar Dedic, Nicolás Otamendi, Tomás Araújo, Samuel Dahl, Andreas Schjelderup (Heorhii Sudakov, min. 73), Fredrik Aursnes (Sidny Cabral, min. 79), Rafa (Richard Ríos, min. 73), Leandro Barreiro, Gianluca Prestianni (Dodi Lukébakio, min. 80) y Vangelis Pavlidis
RMAReal Madrid
1
Thibaut Courtois, Trent Alexander-Arnold, Álvaro Carreras (Dani Carvajal, min. 98), Antonio Rüdiger, Dean Huijsen, Federico Valverde, Eduardo Camavinga (Thiago Pitarch, min. 93), Aurélien Tchouaméni, Arda Güler (Brahim Díaz, min. 85), Kylian Mbappé y Vinícius Júnior
Goles 0-1 min. 49: Vinicius Junior
Arbitro François Letexier
Tarjetas amarillas Vinicius Junior (min. 50), Gianluca Prestianni (min. 77), dos Santos Mourinho Félix (min. 84), Mbappé (min. 86), Sudakov (min. 91)
Tarjetas rojas dos Santos Mourinho Félix (min. 84)

Solo 20 días antes, el Madrid se había estrellado en Lisboa con un partido un tanto crepuscular, como de equipo que se derrite, sobrepasado por la intensidad y el deseo insuflados por Mourinho a su tropa. Pero más que un final, aquella incursión fallida en Da Luz funcionó como punto de giro. Arbeloa maniobró las siguientes semanas buscando una estructura que resistiera el martilleo que los había descuadernado en Portugal. Tanto que su mentor contó la víspera que había desechado aquel último partido de la liguilla en el que dejaron al Madrid fuera del top 8. Ya nada era lo mismo.

El técnico salmantino levantó un centro del campo compactado con Valverde, Tchouameni y Camavinga, y alegrado por la imaginación de Güler. A partir de ahí ha armado una solidez que ni asomó el 28 de enero en Lisboa. El Real se vio cómodo en un duelo bravo, con mucho choque y pocos silbatazos de un árbitro entregado a la fluidez cruda, que rasca. El pelotón de Mourinho trataba de replicar los calambrazos de la otra vez, las descargas con las que respondía a cada pérdida del Madrid, los golpes con los que le fue desgastando. Pero no había por dónde. Tchouameni se desplegó barriendo el centro con una contundencia devastadora. No se escapaba una miga a su autoridad de mariscal. Insuperable. Pavlidis y Rafa apenas respiraron por allí.

Tampoco aparecían ya oportunidades en la banda de Carreras, más tranquilo en su segunda visita a su viejo estadio. Camavinga le acompañaba para cegar cualquier grieta y Prestianni, una pesadilla indescifrable en enero por ese costado, desapareció. Hasta el incidente con Vinicius, hubo dudas de si había salido del vestuario.

Funcionaban mecanismos que habían reventado 20 días antes, y también lo de siempre. Lo de siempre es Courtois. Aursnes encontró un hueco para sacar un tiro lejano y cuando el belga ya se movía hacía donde iba a caer, la pelota tocó en un defensa y cambió de dirección. Casi en el aire ya, Courtois logró rectificar, tirarse al otro lado y bloquear el balón.

El Madrid apenas permitió nada más. Fue hundiendo al Benfica. Subía la temperatura de la caldera. El balón le corría más rápido, cada vez más a menudo al primer toque, más y más cerca de la portería de los portugueses. Y empezó a derrumbarse un chaparrón de tiros sobre Trubin. El ucranio, célebre por marcar 20 días antes en el 98, emergió esta vez para desactivar la batería de ocasiones. Hasta que apareció Vinicius, que estaba pasando la noche amarrado por Dedic. El brasileño había probado por fuera, por dentro, acelerando y frenando. El bosnio no se despistaba. Pero después de un regate vio que parecía perder pie, presionó el gatillo y colocó la pelota en la escuadra más lejana.

El gol parecía anunciar el principio del desguace del Benfica. La maquinaria del Madrid volaba sin fricción. Pero la noche se embarró después del baile celebratorio del brasileño, algunos topetazos entre rivales y la alarma de Vinicius al árbitro. Corrió a contarle que Prestianni le había llamado “mono”, el colegiado activó el protocolo antirracismo y se descuajaringó el partido. Los futbolistas del Madrid se retiraron al banquillo, amenazando con irse.

Retomaron el hilo diez minutos más tarde y Mourinho consiguió desencajar un poco la solidez del Real con piernas frescas. Pudieron correr, dieron un susto a Courtois y Arbeloa respondió con Brahim, Thiago y Carvajal, que se situó en la izquierda. Suficiente para abrochar un triunfo reparatorio que les acerca mucho a los octavos de final.

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