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La carrera hacia la Casa Blanca

Clinton revitaliza su candidatura

La senadora vence en Pensilvania según los pronósticos de los canales de televisión -

Obama intenta mantener su condición de favorito ante las próximas primarias

La senadora Hillary Clinton advirtió ayer que su victoria en Pensilvania, anticipada por las encuestas de los principales canales de televisión en la madrugada de hoy, la confirma como la candidata más fuerte de cara a las elecciones presidenciales de noviembre. Cualquiera que sea la diferencia de votos, "una victoria aquí sería un gran logro", declaró la aspirante demócrata mientras los electores acudían a las urnas en unas primarias que pueden tener grandes consecuencias en el desarrollo de este emocionante duelo.

Clinton trató hasta el último momento de disminuir la presión de tener que ganar por un amplio margen para continuar en la carrera. La ex primera dama tenía una ventaja de más de 20 puntos hasta hace un par de semanas en Pensilvania, un Estado que, por sus características demográficas -votantes de edad elevada, trabajadores y clase media de raza blanca y conservadores-, se ajusta como un guante a las condiciones que vienen favoreciendo a Clinton en otras primarias.

400 superdelegados, la mitad del total, no han dicho a qué candidato apoyan

Su desventaja, además, en número de Estados ganados, delegados obtenidos y votos populares acumulados hasta ahora, parecía obligar a la senadora de Nueva York a un triunfo contundente ayer para demostrar que su candidatura sigue teniendo vigencia y sentido. Ella no está de acuerdo. "No creo que el margen tenga gran importancia; una victoria es una victoria", declaró a la cadena NBC.

Barack Obama, por su parte, cree que es precisamente el margen lo que importa. "Yo no pronostico una victoria nuestra, pero sí creo que estaremos cerca. Clinton partía con una gran ventaja aquí", manifestó el senador de Illinois. La interpretación de los resultados de ayer en Pensilvania es muy importante para contemplar lo que resta de este proceso. Obama tiene actualmente una ventaja de 166 delegados elegidos en las urnas -144 si se cuentan los superdelegados-. Incluso en la más optimista de las previsiones, se trata de una diferencia casi imposible de remontar para Clinton en las nueve primarias pendientes.

A Clinton le quedan, por tanto, dos opciones de reclamar la nominación: un triunfo en cuanto al número de votos totales emitidos en el conjunto del país o un masivo respaldo por parte de los superdelegados (cerca de 800 notables del Partido Demócrata que tienen voto en la convención sin haber sido elegidos directamente en primarias). La primera de esas opciones es bastante remota. Obama dispone ahora de una ventaja de 2,6 puntos en número de votos. Clinton necesitaría una cadena de sonoras victorias para revertir esa cifra.

La más clara posibilidad para Clinton es, pues, la decisión de los superdelegados. Quedan alrededor de 400 por hacer pública su decisión. Otros pueden cambiar la que han anunciado. Un masivo pronunciamiento a favor de un candidato sí puede resultar decisivo. De ahí la importancia de Pensilvania, el Estado más grande de los que quedan por votar. Una victoria por 15 o 20 puntos ayudaría a Clinton a acumular delegados y votos populares. Pero, sobre todo, le permitiría argumentar ante los superdelegados que ella es la candidata más capacitada para ganar en grandes Estados que son clave en noviembre. "El acceso a la Casa Blanca pasa por una victoria en Estados como Pensilvania", declaró ayer la senadora.

Es un argumento de peso. Clinton ya ha ganado en otros Estados de tanto valor, particularmente Ohio, y ha estado por delante de Obama en otros lugares menos disputados de cara a las presidenciales, pero también simbólicos, como California o Nueva York. La debilidad de Obama en esta materia es innegable.

Pero -y este pero es con mayúsculas-, si Clinton no consigue una victoria amplia (digamos, más de diez puntos), todos esos argumentos se invierten. Con Obama a cuatro o cinco puntos de su rival, lo más importante ya no es su dificultad para ganar los grandes Estados, que, por otra parte, está cerca de hacerlo, sino la irreversibilidad de su triunfo final.

Con una de esas derrotas dulces, Barack Obama puede afrontar las próximas elecciones en Carolina del Norte (dentro de dos semanas) como favorito, con cinco veces más dinero en sus arcas que Clinton y con la presión a favor de los dirigentes del partido, ansiosos de poner fin a la sangría de esta guerra civil.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 23 de abril de 2008