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Ida de los cuartos de final de la Liga de Campeones

El Barça se anima en Alemania

El equipo azulgrana se impone al Schalke con el estilo que caracteriza al cuestionado Rijkaard

Gelsenkirchen

Rijkaard se irá cualquier día del Camp Nou, superado por el vedetismo de sus figuras, futbolistas que viven y saben vivir como nadie en la vida. Ningún barcelonista, sin embargo, podrá reprocharle al entrenador su lealtad al club y fidelidad al estilo azulgrana. Aunque al parecer había un cuchillo dispuesto a rebanarle el pescuezo en caso de una derrota sangrante, el técnico mandó jugar a su equipo como si nada ocurriera. Y a diferencia del castigo ante el Betis, el Barça resolvió desde la seriedad un encuentro sencillo con la superioridad que se le supone al favorito.

SCHALKE 04 0 - BARCELONA 1

Schalke 04: Neuer; Rafinha, Bordon, Krstajic, Westermann; Asamoah (Larsen, m. 73), Ernst, Kobiashvili, Pander; Altintop (Lovenkrands, m. 88) y Kuranyi (Vicente Sánchez, m. 60). No utilizados: Schober; Abel, Grossmüller y Höwedes.

Barcelona: Valdés; Zambrotta, Puyol, Milito, Abidal; Xavi, Touré (Márquez, m. 73), Iniesta; Eto'o (Giovani, m. 82), Bojan (Sylvinho, m. 85) y Henry. No utilizados: Pinto; Edmilson, Gudjohnsen y Thuram.

Gol: 0-1. M. 12. Henry conecta un duro disparo, rechaza Neuer y el propio Henry centra para que Bojan marque a placer.

Árbitro: Kyros Vassaras (Grecia). Mostró la cartulina amarilla a Milito, Pander, Larsen, Ernst, Giovani, Márquez, Krstajic y Puyol.

Veltins Arena. 60.000 espectadores.

Pese a competir con la fecha de caducidad puesta y haber perdido mucho encanto y ambición, el Barça de Rijkaard recuperó el ánimo con el tilín de la Champions. La Copa de Europa despierta grandes emociones, genera partidos inolvidables y depara las mayores sorpresas. Hay equipos destartalados que han encontrado su razón de ser en el torneo. Los azulgrana, al menos, siguen invictos en el extranjero y, después de ganar un tiempo precioso, aspiran a batirse en semifinales tras negociar un excelente marcador en Gelsenkirchen.

Nada más salir al campo, el Barcelona desdramatizó futbolísticamente su fiasco ante el Betis. Apostó Rijkaard por la misma alineación, salvo la entrada de Milito por Thuram, e insistió en el plan de juego de cada día, como si no hubiera perdido ningún encuentro en la Liga, fiel a su ideario incluso en las situaciones más exigentes. Tomó la pelota y desplegó su juego aseado y escrupuloso hasta anestesiar al Schalke. Iniesta y Xavi mezclaron estupendamente mientras Henry y Eto'o se abrían por las bandas y Bojan aguardaba para poner el punto y final a la jugada. Así ocurrió a los doce minutos cuando Iniesta profundizó con el empeine para Henry, el francés remató sobre el portero y recuperó después el rechace para asistir a Bojan. No perdonó el ariete, que siempre acompaña la jugada para rematarla con la facilidad que sólo tienen los goleadores.

El gol enfureció al Schalke, que se arremangó y fue al encuentro del Barcelona. Al equipo alemán le avala el físico y la energía, calidades decisivas en las jugadas de estrategia. No necesita elaborar el juego para llegar al campo ajeno sino que le alcanza con poner centros y forzar córners y faltas para resolver los partidos. El Schalke buscó el cuerpo a cuerpo y el árbitro pitó a su favor unos cuantos libres indirectos que animaron a la ruidosa hinchada. La intimidación alemana exigía por parte azulgrana mucha tensión defensiva, intensidad y una especial concentración, respuestas que no son fáciles de encontrar en un equipo frágil anímicamente.

Empujado por Ernst, un poderoso medio que arrambla con compañeros y rivales, el Schalke buscaba a sus aviadores en los saques de esquina y los libres indirectos. La fragilidad de los laterales azulgrana, sobre todo por su falta de contundencia, complicó la vida a los centrales y al medio centro, más que nada porque Touré juega impedido por una hernia discal. Los azulgrana fueron perdiendo agresividad y el partido se les estaba haciendo demasiado largo. Había que tocar con cuidado, evitar la pérdida del balón en la divisoria y rematar el encuentro.

Los azulgrana consiguieron con el tiempo volver a dormir la contienda hasta el punto de que Slomka retiró a Kuranyi para dar entrada a Vicente Sánchez: un delantero habilidoso ocupaba el puesto de un gigante. El anfitrión ganó movilidad, sorpresa y juego entre líneas mientras a los azulgrana les faltó ambición, expuestos a las caprichosas concesiones de sus defensas. Asamoah y Altintop pudieron empatar antes de que Abidal estuviera a punto de cometer un nuevo penalti como ante el Betis.

El partido se volvió loco hasta que los barcelonistas le echaron de nuevo el guante. Los cambios ayudaron al Barça a recolocarse y abrazar el final con comodidad. Rijkaard ni se inmutó. Tiene un don natural para no ponerse nervioso ni cuando en el entorno suena la amenaza de ultimátum mientras Ronaldinho descansa en Castelldefels. Jugó el Barça como le gusta a su entrenador y ganó en Alemania.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de abril de 2008