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COLUMNA

Pasaba por Madrid

Me llamo Valentín (de 54 años, atlético, profesor de matemáticas). Me llaman Valiente por mi actitud. La valentía no me sirvió de nada ayer. Padezco de agorafobia. Huyo de mítines y multitudes. Ayer sentí que llegaba el final de mi existencia. Acudí a mediodía a la plaza de San Juan de la Cruz. Me topé con 200.000 cazadores y miles de perros que aullaban contra la ministra de Medio Ambiente por la Ley de Caza. Huí como puta por rastrojo, aunque me gustan los perros a rabiar. Escapé al centro en busca de sosiego. Allí había concentración de pingüinos disfrazados contra el C02.

Seguí huyendo de la multitud, pero di de bruces con una manifestación de jóvenes investigadores. Otra vez a escapar por el centro, donde centenares de personas bramaban contra la imposibilidad de conseguir vivienda digna. De acuerdo con casi todos esos presupuestos, otra vez hube de escapar de las masas cuidando de mi endeble salud. Eso ocurrió en Madrid ayer. Esta ciudad no está hecha para quienes sufrimos de agorafobia, que también somos personas con todos los derechos.

No acaban ahí mis desdichas. Soy colchonero y acostumbrado a sufrir. El Atlético acabará conmigo. No acudo al Calderón por prescripción facultativa, pero ayer no me pude aguantar. No recuerdo lo que pasó. Me dio un espasmo al principio del encuentro, perdí el conocimiento y me llevaron a un hospital. No puedo aguantar tanta emoción ni tanta gente.

Me fascina la canción Pasaba por aquí, de Aute. Si usted tiene agorafobia, consulte el programa de manifestaciones antes de viajar a Madrid. Sugiero que para relajarse, además del tema citado, escuche a la Banda Inaudita, de Zielinski, durante todo el viaje.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de marzo de 2008