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Entrevista:ALMUERZO CON... DAVID MECA

"El límite está en la mente"

"Es un local muy romántico, el mejor en su género. Vengo a menudo". Música chill-out, iluminación de baja intensidad y el murmullo de una fuente. Entra David Meca y le felicitan. Cumple 34 años. El restaurante tailandés está en el Eixample de Barcelona. Le aficionó a la comida thai su primera novia en EE UU. Hoy no lo saborea, pero su plato preferido es el padthi, una especie de tallarines dulces. Quema tres veces las calorías de una persona normal pero, fritos aparte, no necesita cuidar especialmente su dieta. Lo cuenta al tiempo que aparta los rebordes de su americana y muestra su cintura de avispa.

El nadador de grandes distancias quiere ir a los Juegos Olímpicos

Empeñado en nadar a ritmo de récord en ríos, pantanos o mares, busca los retos en un mapa totalmente desplegado -canal de la Mancha, lago Ness, río Paraná, río Nilo, de Alcatraz a la costa de San Francisco, de la península a Ibiza o el estrecho de Gibraltar- y no para hasta que los supera. "He sido varias veces campeón del mundo en aguas abiertas, busco otras motivaciones".

Cuando tenía cinco años, una enfermedad le obligó a calzar unas botas ortopédicas y a llevar aparatos en las piernas. Los médicos le aconsejaron que nadase. "Siempre he tenido que luchar. Mis padres son muy valientes. Algo llevaré en los genes". Su padre, José, alias El Aldeano, abandonó su Jaén natal con la ilusión de triunfar como matador de toros en Cataluña. De vez en cuando le animaba a probar con el capote. "Pero no tenía ni su arte ni su salero. Yo no servía para torero". Le cautivó la imagen de una nadadora estadounidense, "muy menudita", que ganaba a las alemanas que medían dos metros. Se llamaba Janet Evans y ganó cuatro medallas de oro olímpicas. "Me vi reflejado en ella porque yo era enclenque, el más escuálido del grupo". Tanto llegó a obsesionarle que un día, cuando tenía 18 años, reunió 2.100 euros y, sin tener demasiada idea de inglés, se marchó a EE UU. En la Universidad del Sur de California, logró entrenarse junto a ella. Además, se graduó en arte dramático e hizo sus primeros pinitos como actor en varias series.

El mar le infunde respeto, incluso miedo. "En verano, cuando voy a la playa, jamás nado solo". Al tiempo que participaba en varias series y obras de teatro se proclamó cuatro veces campeón del mundo en aguas abiertas. No tenía bastante. Necesitaba otros retos. Muchos le critican porque entienden que cae en la excentricidad. "Se trata de demostrarme a mí mismo que cada vez puedo más. Es una cuestión de la mente. Es donde está el límite".

La parafernalia mediática y los patrocinadores han salpicado su imagen. "No sé por qué admitimos que los pilotos y coches vayan rebozados de pegatinas. ¿Por qué un deporte minoritario no puede tener patrocinadores?". Se levanta a las cinco de la mañana para entrenarse ocho horas y, a veces, participa en rodajes otras ocho. "Eso es lo que la gente no ve. Nadie me ha regalado nada".

Su objetivo, ahora, es superar el reto que no logró en enero: cruzar tres veces a nado el estrecho de Gibraltar. El próximo verano volverá a la carga e intentará obtener una plaza para competir en los Juegos Olímpicos. "No sé dónde, pero moriré en el agua. Lo sueño y tengo pesadillas sobre eso". Lo dice mientras apura un sorbo del dulzón té thai que tanto le gusta. No prueba el vino. Algún día quiere aprender a catarlo.

Restaurante Thai Gardens. Barcelona

- Té Thai: 2,70

- Perles Thai: 10,70

- Thai hom mali: 4,00

- Golden bag: 7,50

- Yum hua pli: 10,40

- Kai satee: 7,30

- Gambes Isaan: 15,50

- Masaman Thai: 16,60

Total: 74,70 euros

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de febrero de 2008

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