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Crítica:DVD

Chris Marker como laberinto

"Cruzar fronteras es mi profesión". Chris Marker, cineasta visionario y enigma cuidadosamente autoesculpido, podría hacer suyas estas palabras, que abren la novela de J. G. Ballard Noches de cocaína. Nacido en 1921 bajo el nombre de Christian François Bouche-Villeneuve, Marker -que le tomó el apellido prestado al rotulador Magic Marker de la BIC Corporation- no sólo ha cruzado fronteras físicas en busca de inesperadas sincronías: su trayectoria es un incesante cuestionamiento de las fronteras que separan ficción y no ficción, que marcan una línea divisoria entre los discursos del cine y del arte contemporáneo o que ciñen nuestra percepción del acto creativo a la idea de un creador único y singular.

Cofre Chris Marker

4 DVD y libreto de 40 páginas

Textos de Chris Marker, Yannick Bellon, Fran Benavente, Gonzalo de Lucas, Isaki Lacuesta, Catherine y Andrew Brighton

Edición supervisada por Chris Marker

Intermedio. 34,44 euros

La memoria, el tiempo y los usos ideológicos de la imagen son las principales obsesiones de la obra de Marker

Hay quien sugiere que tanto Marker como 'Guillaume-en-Egypte' murieron en el hundimiento del 'Titanic'

A Marker le ha gustado siempre levantar cortinas de humo alrededor de su propia identidad: algunas fuentes sitúan su lugar de nacimiento en Mongolia, aunque lo más probable es que naciera en Neully-sur-Seine; se dice que pudo ser paracaidista en la Segunda Guerra Mundial o que luchó en el maquis; podría ser hijo de un soldado americano o ser la oveja negra de un linaje aristocrático... Existe abrumadora constancia de su costumbre de enviar instantáneas de su gato cada vez que le piden una fotografía propia o de emplear el nombre de dicho gato -Guillaume-en-Egypte- como su propia firma... Hay quien sugiere que tanto Marker como Guillaume-en-Egypte murieron en el hundimiento del Titanic. O que Chris Marker es el seudónimo de un colectivo secreto, a lo Luther Blissett. O, rizando el rizo, que el esquivo autor es un extraterrestre. O alguien venido del futuro.

Se cuenta que, en una de las raras ocasiones en que aceptó conceder una entrevista, apagó la grabadora de su interlocutor y le invitó a imaginar el encuentro... como un paseo etílico sobre una barca que se deslizara sobre las aguas del Nilo. Cuando, en pleno Mayo del 68, impulsó junto a Godard y Resnais el formato de los 0cinétracts -urgentes boletines informativos de la revuelta rodados en 16 milímetros-, alcanzó ese punto límite en la disolución de la autoría -la creación verdaderamente colectiva, el anonimato radical- que, años más tarde, los airados enfants terribles del Dogma sólo osaron emular como pose.

Pero quien busca (realmente) a Chris Marker, lo encuentra. Didac Aparicio, responsable del sello de DVD Intermedio, que ha lanzado en nuestro mercado la caja de 4 DVD Chris Marker. Obras INcompletas, no duda en definir al cineasta, extremadamente preocupado con la precisión de las traducciones empleadas en el subtitulado, como un Piero della Francesca de la era de la imagen. El autor de La Jetée (1962) y Sin sol (1982) se mostró abierto a que el director Isaki Lacuesta reciclase fragmentos de sus trabajos en Las variaciones Marker, un sumamente markeriano ensayo en imágenes, realizado en colaboración con Sergi Dies, que supone una de las más valiosas aportaciones de esta edición con respecto a las que pueden encontrarse en los mercados norteamericano (Criterion) y francés (Arte Vidéo).

En el año 2006, el Festival Internacional de Cine de Las Palmas dedicó una retrospectiva a este impenitente heterodoxo, y el excelente libro publicado para la ocasión, en edición de María Luisa Ortega y Antonio Weinrichter, llevó el significativo título de Mystère Marker. Ahora, Chris Marker puede, por fin, dejar de ser un misterio para el público español: en todo caso, la edición de Chris Marker. Obras INcompletas, que sólo puede mostrar algunos relevantes lados de su poliedro, permite considerarlo como un complejo laberinto en el que se han abierto estimulantes caminos de acceso. La selección se abre con la que, probablemente, sea la película más conocida de Marker, su única incursión explícita en los territorios de la ficción: La Jetée, el cortometraje que inspiró Doce monos (1995), de Terry Gilliam, una lírica miniatura de ciencia-ficción, en la que el habitante de un París apocalíptico viaja en el tiempo para recuperar un recuerdo de infancia que será el de su propia muerte. Ambientada en un futuro que ha perdido todo sentido de la linealidad temporal -y, por tanto, la concatenación lógica entre causa y efecto-, La Jetée adoptó una forma tan coherente con su contenido como transgresora con un medio de expresión que solemos definir como el arte de la imagen en movimiento: su relato se construye mediante la sucesión de imágenes estáticas, como una fotonovela suspendida en el aire, a excepción del breve instante de un parpadeo que, por contraste, se carga de abrumador significado.

Hay en La Jetée una cita explícita a Vértigo (1958), la película de Hitchcock sobre "la memoria imposible", que tendrá su eco en un largo fragmento de la posterior Sin sol (1982), auténtica summa del estilo Marker: el cineasta recorre los escenarios de San Francisco inmortalizados en Vértigo, en el curso de un libérrimo ensayo visual que toma como puntos cardinales "los dos polos extremos de la supervivencia" -Japón y Guinea-Bissau- para lanzar al espectador estimulantes y provocadoras ideas sobre la memoria como territorio de la identidad entre las aguas fluidas de la herencia -la tradición, el mito, la Historia- y el porvenir. Sin sol no es un documental, ni una película de ficción: es Chris Marker como género, una lección de lucidez que no aporta tantas conclusiones como preguntas. En suma, un trabajo que invita (y ayuda) a pensar.

La cultura enciclopédica y antijerárquica de Marker le lleva a proponer, en Sin sol, el videojuego Pac-Man como perfecta metáfora de la vida. En El último bolchevique, otro de los trabajos incluidos en el pack, el cineasta establece la relación entre el apodo de un luchador mexicano y el grupo de médicos acusado de conspirar contra Stalin. Dividido en dos partes, El último bolchevique es un monumental ejercicio de crítica cinematográfica, desgranada en imágenes, alrededor de la figura de Aleksandr Ivánovich Medvedkin, el genio secreto del cine soviético, autor de películas como La felicidad (1932) -incluida como lujoso complemento en Chris Marker. Obras INcompletas- y La nueva Moscú (1938), que le convirtieron en figura sospechosa bajo el estalinismo. Condenado a la invisibilidad por los gestores (y pervertidores) de la utopía en que había creído firmemente, Medvedkin terminó por invertir su talento registrando, para la posteridad, los fastuosos desfiles organizados a honra y gloria de Stalin.

La memoria, el tiempo y los usos ideológicos de la imagen son las principales obsesiones de la obra de Marker, tan tentacular e inquieta que rompe el marco estable de una filmografía para tantear los territorios de la imagen digital, el CD-ROM y la instalación multimedia. Con Chris Marker. Obras INcompletas, el público español tiene a su alcance una perfecta introducción a uno de los universos creativos más fascinantes e inagotables del cine contemporáneo. -

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de febrero de 2008