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COLUMNA

El cardenal Tarancón

El pasado mes de mayo se cumplió el centenario del nacimiento del cardenal Tarancón. El Ayuntamiento de Borriana, su ciudad natal, y la Agrupació Borrianenca de Cultura, han querido rendir homenaje al ilustre purpurado organizando diversos actos y editando un libro que reivindica su figura como impulsor de la reforma de la Iglesia titulado Vicente Enrique i Tarancón. Un cardenal per a la libertat. En su presentación en Valencia, el profesor de la Universitat de València August Monsón decía que "los juicios temerarios que tan a menudo emite el cardenal Agustín García-Gasco, hacen más vigente que antes el espíritu aperturista y conciliador del cardenal Tarancón".

Convendría recordar, ahora, su intervención como presidente de la Conferencia Episcopal Española en la misa celebrada en la Iglesia de los Jerónimos madrileña, el 27 de noviembre de 1975. Ante el recién proclamado rey Juan Carlos y en presencia de numerosos gobiernos, altos cargos del Ejército y la plana mayor del régimen franquista, pronunció una homilía que sorprendió por su defensa de los derechos humanos y de la participación de todos los ciudadanos en las tareas de gobierno. Fueron estas palabras, pronunciadas por el máximo representante de la Iglesia española en aquel momento, las que abrieron las puertas a la Transición, las bases en que habría de asentarse la añorada democracia.

No olvidemos que el cardenal Tarancón no era bien visto por el régimen franquista. Los círculos más conservadores y reaccionarios hacían patentes sus iras gritando aquello de "Tarancón al paredón" durante el entierro del almirante Carrero Blanco, asesinado por ETA en un terrible atentado. Y es que el cardenal de Borriana era un verdadero demócrata. Lo demostró en diversas ocasiones siendo presidente de la Conferencia Episcopal Española.

En opinión del obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, "Tarancón estuvo siempre en sintonía con el pensamiento de Pablo VI y se apoyó en las conclusiones del Concilio Vaticano II para establecer cómo debían ser las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Él decía que debieran estar guiadas por la cordialidad desde la independencia". Y es desde esa independencia, ciertamente, que Tarancón contribuyó al papel fundamental que la Iglesia, la Conferencia Episcopal Española por él presidida, tuvo durante la Transición. Una actitud bien distinta de la que vienen practicando sus actuales dirigentes como Rouco, García-Gasco o Cañizares. Sólo un ejemplo: ¿imagina alguien que el cardenal Tarancón hubiese permitido que la COPE, la emisora de la Iglesia, llegara al sectarismo actual, a practicar un periodismo lleno en insultos y descalificaciones, basado en la demagogia y la mentira, puesto al servicio de una opción política concreta? ¿Habría convocado Tarancón manifestaciones en apoyo de esa opción política y en contra del presidente del Gobierno democráticamente elegido? La crispación actual y la manipulación de los medios no era su estilo.

"El cristianismo ha de presentar su propia oferta pero respetando la de los otros", proclamaba el cardenal en el discurso de su nombramiento como doctor honoris causa de la Universidad Politécnica de Valencia. Tarancón era un demócrata. Para sus hermanos en Cristo que hoy rigen los destinos de la Iglesia española, tal vez era un rojo. ¡Quién sabe!

fburguera@inves.es

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de enero de 2008