Análisis:EXTRAVÍOS
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Cruel

Colmada por los mejores dones -salud, belleza, inteligencia, sensibilidad, rango-, todo parecía sonreír a Shunkin, que se convirtió, casi desde la cuna, en el tesoro más preciado de su acomodada familia, residente en un barrio elegante de Osaka, durante la floreciente era Meiji, que abarca el último tercio alargado del siglo XIX. Tan pródigo se había mostrado con ella el destino que ni siquiera el inesperado hecho trágico de quedarse ciega a los nueve años pareció afectarla, porque si esta grave invalidez la obligó a reorientar su primera inclinación artística, la danza, no le impidió destacar enseguida como una excelente virtuosa en la interpretación de instrumentos de cuerda. Todavía más: todos los inconvenientes prácticos que le acarreó la pérdida de visión fueron subsanados por el amoroso auxilio que le proporcionó un joven pupilo de la casa paterna, llamado Sasuke, cuatro años mayor que ella, el cual decidió que su misión en la vida no sería otra que la de complacer, a cualquier precio, hasta el menor de los deseos de la hermosa ciega, transformándose de esta manera en su satélite. De todas formas, la apoteosis de la devoción erótica de Sasuke por Shunkin se produjo cuando, con 41 años cumplidos, tras décadas de servicial entrega a su adorado ídolo, aquél decidió él mismo cegarse, no sólo porque intuyó que su amada no deseaba ser vista por su íntimo cuidador tras haber sufrido cierta desfiguración en su radiante belleza, sino porque esta autoimpuesta privación le aproximaba más a ella. Por lo demás, ni qué decir tiene que el abnegado Sasuke mantuvo la misma actitud de ardorosa entrega durante los 25 años que sobrevivió a Shunkin.

Éste es, sumariamente descrito, el argumento de la novela corta titulada La historia de Shunkin, de Junichiro Tanizaki (1886-1965), calificada como una historia de "amor cruel". No sé si cruel, pero, en todo caso, para el genial escritor japonés, toda relación erótica digna de atención debía ser, por lo menos, compleja, rara y tortuosa, cuando no, sin más, refinadamente perversa. ¿Era acaso este autor un alambicado misántropo? Es posible; pero de lo que estoy seguro es de que comprendió como nadie el insondable subterráneo que se esconde bajo cualquier verdadera pasión amorosa, ella misma tan excepcional y peligrosa que la mayoría de los mortales la rehúyen o la trivializan.

Pero ¿qué es lo que temen los mortales acechados por el amor como "atracción fatal" entre dos seres? Se han dado muchas explicaciones al respecto, pero creo oportuno ahora rescatar, al hilo de la actualidad, la anacrónica teoría que, hace más de dos siglos, defendió Lavater sobre el magnetismo animal, que ahora podría encajar, al menos metafóricamente, con la interpretación que se da al origen de la vida en el cosmos como una conjunción entre moléculas orgánicas y fluidos electromagnéticos. Sea como sea, según Tanizaki, el último momento en que Shunkin y Sasuke estuvieron juntos, antes de enfermar y morir la primera, fue cuando ambos, cogidos de la mano, procedieron al ritual de soltar a una alondra cautiva para, al remontar ésta el vuelo, escuchar su prodigioso canto.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS