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"Confío en que sea una trastada"

La primera gran búsqueda de la menor de Mijas acaba sin pistas

La ausencia de la joven Amy Fitzpatrick, de 15 años, ha adquirió ya, tras ocho días sin noticias de ella, rango de gran desaparición. Ayer se puso en marcha el primer retén amplio de búsqueda, formado por 250 profesionales de Guardia Civil, Policía Local y Protección Civil. Este dispositivo fue seguido de cerca por un centenar de periodistas ansiosos de novedades sobre el paradero de Amy, y de detalles más o menos escabrosos -según el grado de amarillismo de sus medios- sobre la adolescente irlandesa y su familia, instalada en la Costa del Sol desde hace cinco años.

El despliegue, en el que participaron también seis perros rastreadores y dos helicóperos, comenzó a las 9.00 y se cerró sobre las 15.30 sin hallazgos significativos. De forma paralela al rastreo sobre el terreno transcurría el trabajo de los investigadores de la Guardia Civil, interrogando a personas conocidas de la menor. Según fuentes cercanas al caso, una de las principales hipótesis de trabajo coincide con los anhelos de la madre: que Amy esté viva y que se haya escapado de casa por su voluntad.

"Confío en que sea una trastada de Amy y que no vuelva por miedo a la que se ha montado", declaró Audrey Fitzpatrick en una conferencia de prensa -esta vez con preguntas- celebrada tras la batida.

Con lágrimas en los ojos y las manos temblando, la madre de Amy criticó que "quienes se dicen amigos" de su hija hayan declarado en entrevistas que la menor desaparecida era una chica con problemas. "Mi hija y yo estamos muy unidas, pero como madre e hija tenemos nuestras discusiones e incluso cuando salía enfadada de casa llamaba para decir donde estaba," aseguró. La adolescente, que cumplirá 16 años en febrero, no está matriculada en ningún instituto.

El portavoz de la familia, Franco Rey, reclamó de nuevo la atención de la prensa del Reino Unido -principal medio de información de los británicos en la Costa del Sol- y se quejó del tratamiento de los periódicos irlandeses, a los que reprochó haber difundido noticias falsas, como que se había hallado el cadáver de Amy en Dublín.

La chica fue vista por última vez a las 22.00 del día de Año Nuevo. Salió de la casa de su amiga Ashley Rubio, en la urbanización Calypso, con dirección a su propio domicilio, situado a 1,5 kilómetros. El atajo que habitualmente tomaba, un camino de tierra sin iluminación, se convirtió en uno de los puntos de atención de los grupos de rastreo. Registraron los cañaverales y zonas arboladas cercanas y examinaron cada rincón de los edificios en construcción. Allí encontraron unos leotardos negros que, al igual que otras prendas halladas durante los días anteriores, no pertenecen a Amy.

La batida abarcó seis kilómetros a la redonda del lugar donde Amy fue vista por última vez, y los grupos se dividieron el terreno en 12 zonas de trabajo. "La batida es un elemento más de la investigación, que servirá para descartar hipótesis", mantenía uno de los coordinadores.

A pocos metros del centro de mando, Ashley, la amiga de la desaparecida concedía entrevistas a las televisiones, acompañada por su madre, Deborah. También hizo acto de presencia en el lugar, junto al campo de fútbol de La Cala, Guillermo Wanninkhof, el padre de Rocío, la joven desaparecida y asesinada en esta misma zona hace 9 años. "Vengo a mostrar mi apoyo a los padres de Amy", afirmó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de enero de 2008