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Editorial:

Menos accidentes

El descenso de las muertes en carretera confirma la eficacia de las últimas medidas

El balance de muertes en carretera durante 2007 ha descendido algo más de un 10% con respecto al año anterior, dejando por debajo de 3.000 el número de fallecidos en accidentes de tráfico. También la última operación salida se ha saldado con menos víctimas que las Navidades anteriores. En términos absolutos, se sigue hablando de cifras sobrecogedoras: más de 2.800 personas han dejado la vida en las carreteras españolas durante los últimos doce meses, lo que sigue suponiendo un insoportable coste humano. Pero la evolución de los datos ofrece, por otro lado, un tímido motivo de esperanza, que debería confirmarse en el año que comienza.

No se trata sólo de que haya descendido el número de accidentes y víctimas mortales, sino de que ese descenso obedece a un conjunto de medidas adoptadas por el Gobierno y, en última instancia, interiorizadas por los conductores. Se abre así una vía para persistir en los medios aplicados a paliar una de las principales causas de mortalidad en España, sacudiendo el resignado fatalismo con el que la sociedad española ha convivido con esta tragedia durante décadas.

Como cualquier accidente, los de tráfico son resultado de múltiples causas, tanto humanas como debidas a fallos en los vehículos o a la dificultad de algunos trazados. Pero si algo los singulariza es el alto porcentaje en el que son producto, sobre todo, de las conductas individuales al volante, en particular los excesos de velocidad y el uso y abuso del alcohol o estupefacientes. Tiene sentido, por tanto, que el Gobierno haya prestado una atención prioritaria al comportamiento de los conductores y los pasajeros, adoptando medidas como la obligatoriedad del cinturón en todos los asientos de los vehículos, el establecimiento del carné por puntos, la ampliación del número de radares o la inclusión de nuevos tipos en el Código Penal para sancionar a quienes atentan contra la seguridad en las carreteras. A la vista de las cifras, es posible concluir que las penas establecidas para los conductores temerarios están cumpliendo su función preventiva.

No basta, sin embargo, con el propósito de introducir hábitos de conducción que aumenten la seguridad en las carreteras, tanto a través de la persuasión como de la coerción. Esos hábitos sólo sirven para reducir una de las múltiples causas de los accidentes. Existen otras, a las que el Gobierno también debería seguir prestando una atención continuada. La mayoría de las víctimas mortales se produce en vías secundarias, no siempre suficientemente señalizadas y cuyo firme o trazado no contribuyen a evitar los accidentes.

Hoy existe una mayor conciencia de lo que los conductores se juegan en la carretera, y en la tarea de evitar los accidentes deben colaborar todos los sectores involucrados. También los fabricantes, manteniendo los niveles de seguridad de los vehículos en la cima de las características y prestaciones técnicas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de enero de 2008