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COLUMNA

Año Nuevo, vida nueva

¡Arrepentíos, queridos lectores, porque llega la terrible noche de los Propósitos para Año Nuevo! Supongo que todos nos inclinaremos por los clásicos, dejar de fumar, hacer deporte (otra forma de llamar al adelgazamiento) y aprender inglés, y cuando digo todos me refiero a la clase de a pie; la política pica más alto. A nadie se le escapa que los propósitos de PSOE y PP son ganar las próximas elecciones, lo que plantea un conflicto agudo ya que sólo puede haber un vencedor. ¿Habrán madurado ambos un plan B como el de no dejar para mañana lo que puedas hacer hoy (otro clásico), es decir, ofrecer algo que pueda interesar de verdad al votante más allá del voto arrojadizo?

El propósito del lehendakari no puede ser más sencillo: consultar a la vasquidad. Más sencillo y más vacuo, porque, en teoría, el gran proyecto político del lehendakari debería agotarse en el propio acto (y nosotros que nos lo creíamos..., nadie hace propósitos de imbecilidad ni siquiera para Año Nuevo). Los de Urkullu parecen consistir en que se reconozca el estatuto de preso político para algunos -por lo menos- miembros de ETA encarcelados y se procure el acercamiento de todos, relegando a segundo plano la suerte de quienes estamos a este lado de las rejas. Por cierto, uno de ellos, me refiero a un preso, se está proponiendo acabar la carrera de Derecho, de la que sólo le faltarían dos asignaturas. Lo que llama la atención es que tuviese aprobadas las demás, visto el desprecio que siempre ha demostrado por la ley y el Estado de Derecho. Los que no están nada claros son los propósitos de ANV, ya que oscilan entre la legalización y una ilegalización hacia la que correrían encantados.

Nos queda la carta a los Reyes Magos para pedir que rebajen el Euríbor

Pero que no decaiga, los que comeremos las uvas somos nosotros, el común de los mortales, o sea más, y muchos de los buenos deseos para 2008 se escapan de nuestras manos. Por ejemplo, el Euríbor, aunque nos resta el comodín de la carta a los Reyes Magos para pedir que le rebajen algún punto. Otrosí los precios en general, quiero decir que nos gustaría que bajaran, y de hecho ya estamos haciendo votos y propósitos para bajarlos en aquello que nos concierne. Yo, sin ir más lejos, he decidido rebajar en un 50% el precio de mi aliento, y eso que lo tengo siempre limpio (ya no fumo. ji, ji). Me consta que mi vecino está contribuyendo con bajar el precio de las lechugas un 100% para que sólo se lucren los intermediarios, o sea, todavía más. ¡Y claro que estamos dispuestos a que nos congelen los sueldos para no ver la cara horrible de la inflación! Congelarlos e incluso quitarles un par de puntos para ver si ya nos hacemos pobres de solemnidad y quedamos un poco más afuera del cuadro y hacen con nuestros huesos y despojos biocombustible. O electricidad, porque parece que aun pagándola cara todavía la pagamos por debajo de lo cuesta, situación que cualquiera consideraría reñida con los beneficios que consiguen las eléctricas.

Pero, ¿quiénes somos nosotros para saber de estas cosas? Sobre la suerte del mundo más en general, mejor callarse. Bueno, no del todo, es posible que haya calentamiento global, pero no cabe duda de que lo que echa humo es el bolsillo de Al Gore, que habría multiplicado su fortuna por cincuenta desde que se hizo su profeta. Como para no encenderse. Pero, en fin, seguro que hay motivos para que 2008 sea un año feliz y así se lo deseo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 31 de diciembre de 2007