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Entrevista:ALMUERZO CON... M.-CLAIRE HOUARD

"En Bélgica son los políticos los que nos han desunido"

Desde el verano, su vida ha dado tal giro, que Marie-Claire Houard aún siente vértigo. Esta funcionaria de a pie de Lieja (suroeste de Bélgica) se ha convertido en una celebridad gracias a las disputas políticas que mantienen a su país sin Gobierno desde hace seis meses. La señora Houard, como la llaman por aquí, cansada de asistir desde el sofá de su casa a los rifirrafes entre políticos flamencos y valones lanzó una petición por Internet. En el sucinto texto pedía a la clase política que dejara atrás las diferencias lingüísticas y se ocupara de gobernar. La petición corrió como la pólvora en un país sediento de sentido común y 140.000 belgas la firmaron. Después vino la manifestación que Houard convocó alentada por los firmantes de su petición. 35.000 almas se juntaron aquel domingo 18 de noviembre en Bruselas para pedir la unidad de Bélgica, un país poco dado a salir a la calle en masa. El movimiento se ha contagiado, y el sábado habrá una marcha sindical.

Esta funcionaria ha logrado convocar a miles de belgas por la unidad del país

"El día de la manifestación estaba muerta de miedo. Pensé: ¿Y si vienen más periodistas que manifestantes? Al fin y al cabo fue todo un poco improvisado. Pero la calle se llenó gente. Hacía un sol increíble. La gente se acercaba a hablar conmigo, flamencos, francófonos. Fue maravilloso".

Hoy Houard, convertida en la voz del pueblo, acude a debates televisivos y concede entrevistas a cadenas de televisión árabes o japonesas, sin perder por el camino la frescura y la inocencia de hace apenas cuatro meses.

Entra sonriente en un agradable restaurante de ensaladas y tostas de Lieja, su ciudad. Cuenta entre risas tímidas su historia y cuando se le pregunta por su opinión política hasta le da vergüenza responder. "Yo no soy una analista", empieza algunas de sus frases, para a continuación arrojar toneladas de sentido común en bruto sobre la mesa. "Los flamencos y los valones no se llevan mal. Creo que han sido los políticos los que han sembrado la desconfianza entre las dos comunidades. La gente de la calle no comparte esos problemas", cuenta en francés esta madre de dos hijos. "Atravesamos un estado emocional delicado. Se han polarizado los sentimientos en los dos bandos, no es un buen momento".

A sus 45 años, Houard responde al retrato robot de muchos de sus congéneres francófonos y es, en parte, la explicación viviente de la falta de entendimiento entre las dos principales comunidades lingüísticas del país. "Malaprendí flamenco en la escuela como todos los belgas y lo olvidé como todos los belgas". Y apenas viaja a Flandes, "excepto a veces, para hacer turismo, es como ir a otro país". Flamencos y valones apenas se comunican, casi no se conocen, "por eso el debate se convierte en diálogo de sordos".

Habla mucho e intercala con dificultad bocados a la tosta de cangrejo que ha pedido. De bebida, un refresco que ni siquiera termina. Sonríe incluso cuando le toca posar envuelta en una bandera belga, a pesar de que todo esto de la celebridad le infunde curiosidad y rechazo. "Pero mi marido me dijo: mira, tú lanzaste la petición y ahora te toca asumir tus acciones". Parte de la asunción pasa por contestar a los 1.200 correos electrónicos que ayer le esperaban en su bandeja de entrada.

La Farigoule. Lieja

- Tosta de cangrejo con ensalada

- Tosta de beicon, queso y atún

- 1 coca-cola

- 1 agua sin gas

- Total: 24,10 euros

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de diciembre de 2007

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