Crónica:15ª jornada de LigaCrónica
i

El Valencia se enreda en Pamplona

El equipo de Koeman empata con Osasuna y lleva un mes sin ganar

El Valencia sigue enredando su culebrón. Ayer vivió el último capítulo, que se rodó en Pamplona y, el embrollo, lejos de encontrar algo de luz, se volvió a enredar en otro requiebro inesperado. Después de dinamitar la convocatoria con los descartes de Angulo, Zigic y Hildebrand, Ronald Koeman cambió de nombres en busca de aire fresco, intentó saltar al campo con un esquema nuevo, buscó futbolistas con "hambre" y obtuvo un pobre empate, el primero en Liga, que alarga un mes de sinsabores y sin una victoria que echarse a la boca. No hubo cambio de actitud, aunque sí de personajes. Pero la mentalidad no se escribe y se borra sobre una pizarra, sino que necesita un trabajo realmente profundo. Lo que sí logró fue seriedad y orden, ayudada por el juego de Osasuna, muy rígido y también más dispuesto a lograr un punto que a desbocarse al ataque.

OSASUNA 0 - VALENCIA 0

Osasuna: Ricardo; Azpilicueta, Cruchaga, Miguel Flaño, Corrales; Puñal, Javi García; Plasil (Juanfran, m. 75), Héctor Font (Margairaz, m. 88), Vela; y Portillo (Dady, m. 62). No utilizados: Elía, Echaide, Hugo Viana y Pandiani.

Valencia: Cañizares; Miguel, Albiol, Iván Helguera (Edu, m. 90), Moretti; Sunny, Marchena, Silva; Arizmendi, Villa (Morientes, m. 73) y Vicente (Joaquín, m. 73). No utilizados: Mora, Montoro, Manuel Fernandes y Mata.

Árbitro: Ramírez Domínguez. Amonestó a Helguera, Corrales, Javi García, Albiol y Puñal.

Unos 17.500 espectadores en el Reyno de Navarra.

En el conjunto valencianista variaron los personajes, pero no la actitud
La fórmula falló en los cimientos, y los dos equipos se minaron en el medio campo

Más información

Koeman dispuso una revolución ofensiva acumulando futbolistas en la vanguardia, pero la fórmula falló en los cimientos: la asistencia de balones a los jugadores más ofensivos. Los tres elegidos por el holandés arriba, Arizmendi, Villa y Vicente, especialmente los dos primeros, tuvieron que nutrirse de sus propias virtudes para generar peligro frente a la meta de Osasuna. Silva pinchó en la primera mitad y, como en los últimos encuentros, no mostró su vena más veloz y vertical. Quizá por cansancio debido a la cantidad de partidos que acumula sin un segundo de descanso. Sólo un par de latigazos desde el borde del área mostró el jugador. Mientras, Marchena y Sunny peleaban en la medular con mucho brío pero con menor capacidad de mover a sus compañeros. El sistema, ofensivo por definición, se convertía más bien en un armazón sólido y lento, un estilo demasiado diferente al habitual como para que el equipo se sintiese cómodo después de tantos cambios en la columna vertebral.

Osasuna tampoco ayudó a que el Valencia mostrase algo de recuperación. No saltó desenfrenado, sino que prefirió el modelo calculador y preventivo. De tanta prevención y tanto interés por no destapar la defensa, los de Ziganda acabaron la primera mitad con un solo remate a puerta, un cabezazo de Portillo tras una falta botada por Puñal, y enzarzando el partido hacia lo intranscendente.

Los esquemas de Koeman y Ziganda, similares, acabaron minándose en el centro del campo, con mucha labor de zapa y poca de creación. Plasil, por la derecha, trató de abrir el fútbol, pero sin el éxito deseado. Tampoco Villa y Arizmendi, muy móviles pero con carreras hacia espacios donde no llegaba el cuero, lograron superar a la ordenada zaga osasunista.

El partido discurría lento y, sobre todo, trompicado por todos lados. La creación del Valencia se colapsaba en el tercer o cuarto pase. Un fallo en la circulación o un robo de Osasuna cercenaban cualquier intento creativo de los de Mestalla. Los de Ziganda ni tan siquiera intentaron el juego trenzado sino que, ante cualquier complicación, eligieron el gorrazo para achicar al Valencia e intentar poner en juego a Portillo.

Pese a toda la primera mitad transcurrida, los dos equipos parecían más fríos y cautos. Tampoco los técnicos se decantaron por mover el banquillo en el descanso, así que el duelo siguió a impulsos poco fluidos, con golpes en forma de individualidades o jugadas ensayadas, como la que Plasil a punto estuvo de colar en la meta de Cañizares. Pero el Valencia empezó a carburar, sin llegar a la explosión, pero sí notándose más cómodo, propietario del balón y con más espacios para poner en circulación a sus tres y veloces futbolistas ofensivos, como Arizmendi, muy vivo por la derecha, mientras Azpilicueta secaba a Vicente. Sin embargo, las ocasiones no llegaban con claridad para los valencianistas.

Koeman, a falta de un cuarto de hora, cambió de punta de lanza y dispuso a Morientes, acompañado de Joaquín, para que ayudase a Arizmendi. La solución aportó movilidad, pero no gol ni más remate. Sunny, en una incorporación apoyada por Silva, consiguió acercarse a Ricardo, aunque Osasuna fue el encargado del último arreón. Claro que este impulso también resultó insuficiente para levantar un partido tan escaso de ritmo y mortecino que se terminó enredando en faltas, lesiones y pérdidas de tiempo. Como si el 0-0 fuera un tesoro.

Navarros y valencianos empatan en un partido bronco, marcado por la dureza. CNN+

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 08 de diciembre de 2007.

Se adhiere a los criterios de
Lo más visto en...Top 50