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"No sé cómo he llegado hasta aquí"

Un menor, perdido 16 horas en el monte, no recuerda nada al ser rescatado

Quería subir a la cruz del Capuruchu. Lo había pedido muchas veces. Francisco Manuel, de nueve años, logró el jueves que un tío abuelo suyo de 71 años le acompañara a recorrer la senda que sube al pico de la montaña más próxima a La Font de la Figuera. Al pequeño no le hacían mella las pendientes. A su tío, sí. Empezó a caer la noche y a mitad de camino ya no contestó a los avisos para que no se despistara, para que esperara. Se había perdido. El tío abuelo, de Córdoba, en el pueblo de vacaciones para ver a la familia, desconocedor de las trampas del entorno, regresó a La Font de la Figuera para pedir ayuda. Estaba, explicó ayer el alcalde, abatido, se cayó incluso al entrar en el pueblo. El hombre trató de situar el punto en el que el niño dejó de contestarle. De noche, entre la vegetación, entre cuestas y llanos, no supo decir dónde. Un bando del alcalde congregó a 300 vecinos y efectivos de Guardia Civil, Bomberos, policía local y protección civil. Ángel M. M., de la Unidad Adscrita de la Policía Nacional a la Generalitat, miembro del Grupo de Intervención y Emergencia (GIE) lo encontró a las 10.30 de ayer. "Se abrazó a mí, no decía nada. Le pregunté y me dijo que no sabía cómo había llegado aquí. No recordaba nada de lo ocurrido".

Desde las ocho de la tarde y hasta las cuatro de la madrugada, vecinos, policías, cazadores, escaladores, ciclistas de montaña de la zona peinaron el monte. El pequeño Francisco Manuel no contestaba. La búsqueda se suspendió hasta primera hora de la mañana de ayer. Una prima del pequeño y su novio subieron sobre las nueve hasta la Cruz del Capuruchu. Desde allí, le llamaron. Les pareció que contestaba y corrieron al pueblo a movilizar a la gente. Un helicóptero de la Generalitat se sumó a las tareas de búsqueda. La gente se dividió por grupos. Uno de ellos lo componían el alcalde, Santiago Micó, Ángel, policía nacional vecino de un pueblo próximo a La Font de la Figuera y adscrito desde hace dos meses al Grupo de Intervención y Emergencias (GIE), otro agente, y dos vecinos.

Lograron localizar el lugar donde estaba. "Es una zona muy difícil, muy escarpada. No se puede acceder a pie. Pero cuando oímos al niño, cuando me contestó, no lo pensé, había que subir una zona de escalada de cuatro o cinco metros, y lo hice", explicó Ángel M. M. "El niño se me echó a los brazos. Tenía arañazos, algún golpecito. Al principio no decía nada. Le pregunté si estaba bien, si sabía cómo se llamaba, donde estaba. Lo sabía, sabía incluso que estamos en fiestas. Pero no recordaba nada desde el momento en el que se perdió. Debió pasar mucho miedo. Le dimos agua, comió un plátano y bocadillos, y luego lo rescató el helicóptero", relató Ángel. El alcalde precisó que durante la noche habían estado a muy pocos metros del pequeño, pero debió dormirse y no les contestó. El niño ingresó en el hospital Lluís Alcanyís de Xàtiva, donde permanecerá en observación entre 24 y 48 horas. Su pronóstico era al cierre de esta edición estable dentro de la gravedad, estaba consciente y orientado. Francisco Castro, el padre, sólo quería ayer olvidar el que ha sido "el peor aniversario de boda".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de diciembre de 2007