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COLUMNA

Fondos soberanos

Uno de los grandes conglomerados financieros mundiales más afectados por la crisis de las hipotecas locas es el gigante norteamericano Citigroup. Pues bien, la pasada semana, el fondo soberano de Abu Dabi, perteneciente a los Emiratos Árabes Unidos, ha comprado casi el 5% del Citigroup. Aparentemente se trata de una operación estrictamente financiera, ya que los árabes se han comprometido a no tener papel alguno en la dirección del banco, ni a designar miembros para el Consejo de Administración del mismo.

Un día antes, otro fondo soberano de esos emiratos, esta vez de Dubai, anunciaba que se quedaba con una "participación sustancial" (se estima que entre el 3,5% y el 5% del capital) de la multinacional japonesa Sony. Dos marcas tan potentes como Citigroup y Sony, en manos de inversores públicos árabes: ésta es la nueva cartografía del sistema, que están revolucionando los fondos soberanos, aquellos que se encargan de hacer productivas las gigantescas reservas de divisas de algunos Estados.

El capital público árabe ha entrado en dos empresas privadas tan relevantes como Citigroup y Sony

Los fondos soberanos han tomado relevancia en los Estados ricos en recursos naturales (por ejemplo, los petroleros) y en aquellos otros que han acumulado muchas reservas porque su moneda está devaluada y son grandes exportadores de productos industriales (China). Desde hace algún tiempo, estos fondos soberanos han dejado de invertir sobre todo en renta fija (por ejemplo, en bonos del Tesoro americanos) y lo hacen en compras estratégicas que llegan a alterar el capital de muchas compañías, compitiendo con los grandes fondos de inversión o de pensiones privados.

Más allá de los problemas relacionados con la propiedad de los fondos soberanos (que ha generado gran inquietud en algunos países, como, por ejemplo, EE UU, Alemania o Francia, con medidas proteccionistas legales o de facto), se discuten tanto sus aspectos negativos como los positivos. Entre los primeros, la opacidad de muchos de ellos, definidos en ocasiones como "cajas negras" que amenazan la estabilidad del sistema; respecto a los segundos, se afirma que, al revés que los fondos de alto riesgo y los más especulativos, los soberanos han limitado los estragos provocados por la crisis financiera actual, ya que sus inversiones son a largo plazo.

Hace unos meses, China entró a través de una de estas estructuras en el fondo de capital riesgo Blackstone; en septiembre, el emirato Abu Dabi compró una parte de Carlyle. Lo que acontece ahora con Citigroup, Sony, la empresa de microprocesadores AMD, el grupo aeronáutico EADS o los casinos MGM Mirage indica que lo que se veía como una excepción comienza a ser la regla. Los fondos soberanos dependen del precio de las materias primas (y el petróleo está muy alto) y, ya lo hemos dicho, de las reservas de divisas. Las reservas mundiales acumuladas están cerca de los cuatro billones de euros, de los que dos terceras partes se sitúan en países asiáticos. -

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de diciembre de 2007