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Reportaje:

Claveles y lirios para una despedida

La clase política rinde homenaje a Candel en un adiós institucional

El Saló Sant Jordi del Palau de la Generalitat se vistió ayer de luto para despedir al escritor y ex senador Francisco Candel. La amplia representación del mundo de la política que se acercó a dar el pésame a su compañera, Joana Gardés, subrayó la dimensión institucional de la despedida, aunque muchos de quienes pasaron por la capilla ardiente lo hicieran también en calidad de amigos del fallecido. Bajo una fotografía de Candel, una bandera catalana tejida con claveles rojos y amarillos y enmarcada con laurel, homenaje de su compañera, flanqueaba el féretro, permanentemente custodiado por dos agentes de los Mossos d'Esquadra.

Diez minutos después de la una de la tarde, el féretro había sido recibido en el Palau de la Generalitat por el presidente autonómico, José Montilla, y por el alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, quien firmó en el libro de condolencias visiblemente emocionado. Montilla, que afirmó que Cataluña estaba de luto por la muerte de Candel, dijo de él que luchó "por la recuperación de nuestras libertades democráticas y nacionales" y fue "un ejemplo del esfuerzo por integrarse en Cataluña de muchos ciudadanos que, como él, también eran otros catalanes".

La ex consejera Anna Simó llevó al velatorio un ramo de azucenas. Otros amigos y allegados a la familia también llevaron flores al difunto. Y algunos, como Pedro Pérez, uno de sus vecinos de la Zona Franca, se sobrepusieron a la emoción para confesar su "gran pena" por el fallecimiento del amigo. Pero no todos los que visitaron la capilla ardiente le conocían personalmente. Algunos quisieron mostrarle sus respetos por su lucha por la cohesión social y su defensa de los más pobres. María Fernández lo hizo en nombre de su cuñado, el fallecido doctor Carles Ribas, el médico que se ganaba la vida sanando a gentes pudientes y al mismo tiempo mantenía un dispensario, sin ánimo de lucro, en la Zona Franca, y a quien Candel tenía en gran estima.

El ex presidente de la Generalitat Pasqual Maragall destacó que Candel "fue uno de los primeros inmigrantes que entendieron Cataluña". Y que gracias a él ha sido más fácil, dijo: "Que nosotros entendamos a los inmigrantes". También el ex presidente Jordi Pujol se acercó hasta la capilla ardiente. Le había visitado el pasado domingo, "el último día que lo vimos consciente", y también el miércoles. Pujol glosó su dimensión pública y calificó a Candel como "una de las personas más importantes de la segunda mitad del siglo XX en Cataluña" por su contribución "a la cohesión del país y a la convivencia", pero, sobre todo, subrayó que se sentía "muy honrado de haber sido amigo suyo".

El consejero de Interior, Joan Saura, también le había visitado recientemente, en su caso hace dos semanas. "El mismo día que vi por última vez a Gregorio López Raimundo", recordaba ayer con pesar por las dos pérdidas recientes. El escritor Ignasi Riera, autor de la monografía Candel, Paco, Francesc y en su día editor del difunto, se desplazó expresamente desde Madrid para rendir su último homenaje al amigo fallecido. "Era un hombre libre, y en nuestro país esto empieza a ser un hecho diferencial", lamentó. Los líderes sindicales Cándido Méndez y Josep Maria Álvarez también quisieron unirse al homenaje a un hombre que siempre estuvo del lado "de los que menos tienen", como recordó Álvarez, secretario general de UGT en Cataluña.

El pintor Joan-Pere Viladecans, patrono de la Fundación Paco Candel, destacó la dimensión literaria del fallecido y glosó sus cualidades humanas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 24 de noviembre de 2007