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Crítica:Escaparate

Miedo al ayer y al mañana

Por fin se empieza a publicar en España la obra narrativa del ucranio Yuri Andrujovich (1960), uno de los escritores más notables surgidos a finales del pasado siglo. En general, la caída del muro de Berlín supuso una convulsión extraordinaria en la Unión Soviética y los países del Este. La dificultosa y compleja experiencia de independencia real y autorreconstrucción de la mayoría de ellos, ahora en la órbita de un Oeste deseado o añorado y, en parte, decepcionante, las ha convertido en naciones-conflicto y ese conflicto pone en ebullición un concentrado caldo de cultivo apto para generar materia dramática de primer orden, pues se trata de pueblos que viven "entre el miedo de ayer y el miedo de mañana". De ahí que algunas de sus voces se conviertan en las más interesantes, literariamente hablando, de los comienzos del presente siglo.

Doce anillos

Yuri Andrujovich

Traducción de O. Gollyak y F. Guerrero Solé Acantilado. Barcelona, 2007

336 páginas. 20 euros

Recreaciones

Yuri Andrujovich

Traducción de Olga Korobenko

Acantilado. Barcelona, 2007

152 páginas. 13,50 euros

Las dos novelas de Andrujovich tienen entre sí unos diez años de diferencia y resulta muy oportuna su edición simultánea porque muestra su espléndida evolución. La primera, Recreaciones, cuenta la llegada de cuatro jóvenes literatos a un festival cultural donde, empapados de alcohol, se perderán en una noche de aquelarre a la que no es ajeno un docto psiquiatra suizo que personifica al diablo. La segunda, Doce anillos, cuenta la llegada a un balneario de los Cárpatos de ocho personas de distinta procedencia, entre las que se encuentran un doctor experto en la poesía del ucranio Antónovich, un poeta borrachuzo y desastrado con su esposa e hija, dos bailarinas de striptease, un cineasta y un fotógrafo austriaco. También ellos entrarán en una noche terrible, en especial el poeta, su esposa y el fotógrafo, y emprenderán no un descenso a los infiernos, sino un descenso hasta la orilla misma del río que bordea el inframundo, de donde los dos primeros regresarán transformados y en el que el tercero se internará a su pesar.

Tras la escritura de Andrujovich -como en la caverna de Platón- se reconocen sombras. Dos definen su sentido de lo irónico-grotesco: el genial Gógol y Bulgákov; y también cruzan por la memoria del lector las sombras de Bohumil Hrabal, con su capacidad de reunir lo mediocre y lo poético en jocunda armonía y ese humor centroeuropeo y singularmente inteligente de Musil. Escribe como narrador, sin ocultarse, y a partir de ahí rompe con las convenciones de la narración tradicional, se salta normas clave del realismo y reparte las cartas de su relato. Un relato que lo mismo se pega a tierra que sube al cielo sin dificultad aparente; un relato que busca asentarse en un "territorio donde nosotros somos los que se han ido, los que han desaparecido de la superficie visible del mundo, y aquellos que todavía quedan sobre ella tienen la oportunidad de traspasar".

El estilo es deliberadamente enumerativo en su descripción, reiterativo; y también, a la vez, brutal y poético, abarrocado, directo al blanco. La sensación de caos férreamente dominado, de disparate lúcido que culmina en las respectivas noches de cada una de las novelas, es su mejor baza expresiva. Recreaciones parece un anticipo de Doce anillos tanto en concepción como en construcción, pero si la primera es un estallido, la segunda es una ambiciosa y soberbia explosión controlada. En Doce anillos hay una compleja mirada sobre el mundo y sobre el deterioro (de las personas, de las relaciones, del tejido social, del arte mismo...) con el alcohol como proceso de embrutecimiento hacia la lucidez o hacia la destrucción. El conflicto es la confusión, de ahí los imprecisos límites del preciso lugar donde reúne a sus personajes; de ahí la ascensión al cielo del fotógrafo austriaco echando una mirada simbólica a la Europa de Cárpatos y Balcanes, al viejo espíritu centroeuropeo y a la ruda realidad del presente. Su escritura es también pródiga en símbolos, desde el Chrysler Imperial que aparece en ambas novelas hasta el río al que acuden todos a lo largo de la noche; son tantos que es imposible comentarlos aquí, así que quedan a disposición del lector, que se recreará en encontrarlos.

Los diez años de diferencia entre ambas novelas nos hablan de un escritor dotado de un estilo propio que bebe de la gran tradición centroeuropea y eslava, de un mundo propio expuesto sin miedo y con riesgo, de una formidable mirada sobre su gente y su tiempo que es como decir sobre el mundo que nos toca vivir y, más en concreto, de una particular fortuna en el uso del sueño como representación carnavalesca de la realidad. A este hombre le encantarían, si no los conoce ya, los "espejos deformantes" de Valle-Inclán. -

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de noviembre de 2007

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