Columna
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Cretinos

No me siento escandalizado por las declaraciones de Alejo Vidal Quadras. Más aún, me parece exagerado lo que se ha montado por las opiniones del dirigente del PP. Sobra decir que tiene todo el derecho del mundo a opinar mal de Blas Infante, como cualquiera lo tenemos de censurarlo a él mismo. Es cierto que Blas Infante no tuvo nunca votos suficientes para su proyecto político ni para salir diputado pero eso no lo convierte en un cretino o en un payaso. Fue un idealista e incluso un ingenuo que evolucionó desde un cierto adanismo en la primera parte de su vida, como se refleja en El ideal andaluz, hasta un mayor compromiso progresista con su participación en el Partido Republicano Federal Socialista y su libro La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado Libre de Andalucía. Su fusilamiento le dio un aura mítica de líder que en vida no llegó a tener. A él debemos nuestros símbolos e incluso se puede decir que fue el primero y el que con más ahínco defendió la vía estatutaria. Fue un buen hombre que creía en una causa que con el tiempo se ha llevado a cabo con más profundidad de la que él mismo soñó. Las declaraciones de Vidal Quadras son injustas y ofensivas, pero no hay que exagerar. Es normal que los adversarios del PP aprovechen la ocasión para poner en un apuro a Javier Arenas. Es lo que el propio Arenas habría hecho, sobre todo tras su propuesta sobre la versión del himno andaluz y sus opiniones sobre las elecciones separadas. Pero de ahí a declarar a Vidal Quadras persona no grata va un abismo. El problema de estos políticos tan locuaces es que dicen muchas tonterías, como le ha ocurrido en esta ocasión al líder popular catalán. Tanto hablar para acabar en la necedad y en la simpleza. Mucho más peligrosos para la convivencia fueron Sabino Arana o Companys, por hablar de dos nacionalistas periféricos. Peores aún Onésimo Redondo, Primo de Rivera y tantos otros en el bando del nacionalismo reaccionario español. Eso por no citar a José María Aznar, que tanto daño ha hecho a la sociedad con su intolerancia españolista.

Me parece que la expresión Padre de la Patria Andaluza referida a Blas Infante en el Estatuto de Autonomía resulta desafortunada. Infante fue un precursor, pero eso de Padre de la Patria suena ampuloso. No creo que la mayoría de los andaluces se sientan representados por una frase así. No podemos convertir a Infante en un símbolo por sí mismo, porque caemos del lado del nacionalismo más absurdo. Siga Vidal Quadras con sus sandeces que a quien pone en problemas es a los suyos. Que le den micrófonos y los del PP acabarán por sacarlo de sus listas electorales.

Los que sí van camino del cretinismo son algunos de Izquierda Unida. Que Sánchez Gordillo se haya convertido en el protagonista de la vida de IU en Andalucía dice mucho de la degradación de esta organización. El alcalde de Marinaleda es un irresponsable, un tipo que lleva toda la vida defendiendo a Batasuna y los medios violentos en la política. Ya que no hay fincas que tomar ni tierras que asaltar se inventa nuevas causas. Ahora quiere ir de nuevo al Parlamento andaluz, donde tan sólo se le recuerda por tres cosas: acudir en chándal a las sesiones, cobrar su sueldo de maestro junto con el de diputado y una sesión en la que permaneció todo el rato de pie imitando a Mosén Xirinachs. Ha recobrado protagonismo dentro de IU con motivo de la enésima pelea interna de esta organización, fruto además de una trampa: la Candidatura Unitaria de Trabajadores (CUT) tiene presencia en cuatro o cinco pequeñas localidades de Sevilla, pero han afiliado a medio pueblo con lo que están sobre representados en la organización al emplear un ardid que dice mucho de la falta de escrúpulos y los deseos de medrar de este iluminado. No importa falsear los censos si eso sirve a sus intereses. Y los dirigentes de la organización, en vez de poner las cosas en su sitio, pactan con él para garantizar la candidatura de Felipe Alcaraz, aunque en el camino se pueda quedar Diego Valderas.

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