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Reportaje:MODA

Elegancia en las líneas

Con nuevas técnicas o con métodos tradicionales, una nueva generación de ilustradores ha devuelto el esplendor al diseño de moda, con Paul Poiret como referente. Exposiciones de Arturo Elena, Jordi Labanda y Paula Sanz muestran su vigencia.

Los dibujos de ilustradores y diseñadores como Paul Poiret, el hombre que liberó a las mujeres de los corsés, en los que se emplearon las técnicas del estampado en color, inspiradas en los bloques de madera japoneses, son todavía punto de referencia. La ilustración vivió hasta el fin de la II Guerra Mundial momentos de verdadero auge y fue la innovadora fotografía la que comenzó a restarle protagonismo y augurar su declive. En los años cincuenta, algunos ilustradores se mantuvieron trabajando para los grandes modistas parisienses, pero la llegada de los sesenta, el culto a la juventud y el auge de la figura del fotógrafo de celebridades superaron de nuevo a la ilustración de moda.

"El ilustrador puede transmitir un estado de ánimo o emoción", afirma Arturo Elena

A finales del siglo XX surgió una nueva generación de ilustradores, unos recurrieron a las posibilidades que ofrecía el ordenador; otros, sin embargo, recuperaron las técnicas más tradicionales. "A mí me gusta trabajar con rotulador y papel. Después de muchas pruebas decidí que ese instrumento me permitía jugar con los colores a mi antojo y con él logro crear las texturas que deben llevar los modelos. Utilizo el ordenador lo mínimo, aunque sí uso fotografías, sobre todo de los años cincuenta, para lograr dar un ambiente muy concreto", afirma el ilustrador aragonés Arturo Elena.

Figuras estilizadas con una exquisita minuciosidad en los detalles se reflejan en la obra gráfica de Arturo Elena. Cartulina y rotuladores son los elementos imprescindibles que emplea el artista para conseguir una técnica muy depurada en sus trabajos. La exposición de 41 de sus obras en la galería ESME de Madrid (Ayala, 110) coincide con la del dibujante reconocido internacionalmente Jordi Labanda en el Museo Nacional de Arte en México y con la de Dibujos y collages, de Paula Sanz Caballero -basada en los señores Bolhanseck y sus viajes- en Valencia (My Name's Lolita Art, Avellanas, 7).

"Hoy se valora mucho el trabajo manual y mientras la fotografía se está quedando en un plano más relegado nosotros, los ilustradores, estamos teniendo una demanda mayor. Se da valor al tiempo que dedicas al cliente, desde la propuesta de trabajo hasta que lo entregas son muchos meses los que debes estar dando vueltas al proyecto". Paula Sanz colabora puntualmente en revistas y su actividad se centra en el diseño gráfico y la publicidad para empresas de todo el mundo. Vive en Nueva York, donde durante todo 2008 deberá trabajar para ilustrar las portadas de unos almacenes de superlujo. "Mis clientes están ubicados en todo el mundo, desde Australia a Japón. Cuanto más aumento la lista de espera más se cotizan mis ilustraciones".

Después de los primeros garabatos, fueron los personajes de cómic los que una y otra vez quedaron impresos en los papeles de los que se iba apropiando Arturo Elena. Hoy, sus ilustraciones son reclamadas por diseñadores de moda como Victorio & Lucchino, Custo, Sybila, Roberto Verino o Lemoniez, y ha trabajado para firmas como Loewe y Chanel. "Llegué a la moda de una manera casual. Un familiar se dedicaba a la costura a medida y entré en contacto con los catálogos de tejidos. Me impresionaban las figuras que aparecían dibujadas en las revistas y después de observarlos durante mucho tiempo lo tuve claro. Quería hacer eso. Dibujar y dibujar". Fue a matricularse a la Escuela de Diseño y Publicidad de Barcelona y antes de hacer la inscripción ya había logrado un trabajo fijo en una de las empresas textiles de esa ciudad. "Entré en contacto con los tejidos y lo que más ansiaba era ser capaz de plasmar las texturas del terciopelo, la seda o los plisados en el papel". De Barcelona se trasladó a Sevilla, donde conoció a Victorio & Lucchino y ahí comenzó su trabajo más directo con los diseñadores.

Mientras el trabajo de Arturo Elena se ha limitado al campo de la moda, la prensa y la publicidad, el de Jordi Labanda se ha extendido al de la creación. Es difícil no encontrar bolsos, carteras, camisetas, bolígrafos y un largo número de objetos en los que no estén estampados los dibujos de este creador uruguayo afincado en Cataluña.

Habla Elena de lo que ha sido y es la ilustración en la moda en el último siglo. "Ha sufrido muchos vaivenes. En los primeros años del siglo XX era bastante rígida y casi sólo se detallaba la ropa sin tener en cuenta los rostros. No se expresaban los sentimientos y eso es algo que fue evolucionando hasta el punto de que todo se muestra en el papel". Explica entonces cómo en el trabajo directo con los diseñadores "hay algunos que son muy puntillosos, que te pueden llegar a informar hasta del color de la laca de uñas que va a llevar la modelo cuando desfile. El caso contrario es quien te da absoluta libertad para crear, pero en el fondo son más exigentes porque el ilustrador puede resaltar o realzar un elemento determinado, puede dar prioridad al elemento frente al modelo, transmitir un estado de ánimo o emoción". -

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de noviembre de 2007