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Córcega se 'blinda' para recibir a Sarkozy

Grupos nacionalistas de la isla protestan por la gran presencia policial

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, desembarcó ayer en Córcega en medio de un impresionante dispositivo de seguridad, que incluye la llegada a la isla de más de 1.500 gendarmes y policías, así como una serie de medidas como la prohibición de cualquier manifestación en Ajaccio, donde hoy tendrá lugar un Consejo de Ministros extraordinario que el jefe del Estado ha trasladado -por segunda vez desde que inició su mandato- fuera del palacio del Elíseo.

El descubrimiento, hace cosa de una semana, de un lanzagranadas en las colinas que rodean esta ciudad, la mayor de la isla, disparó todas las alarmas sobre las intenciones de los grupos nacionalistas más radicales que todavía practican el terrorismo.

Varios miembros de organizaciones políticas nacionalistas han denunciado la vigilancia especial a la que están siendo sometidos estos días, incluida la utilización de aparatos electrónicos de espionaje en las puertas de sus casas. Sarkozy pretende dar un giro a la política de París sobre la isla rebelde, planteando una política de desarrollo sostenible que sirva de ejemplo, al tiempo que de laboratorio, para los proyectos de lucha contra el calentamiento climático.

"No me gustan, no respeto a los que ponen bombas, los asesinos, porque traicionan a Córcega, porque deshonran a Córcega", dijo ayer Sarkozy en su discurso en la sede del Gobierno local, que había sido boicoteado por uno de los grupos nacionalistas más radicales (Corsica Nazione Indipendente), pero al que asistieron representantes de otras formaciones. El presidente prometió que intensificará "la represión de los actos violentos contra los edificios públicos y privados". El Consejo de Ministros de hoy se produce pocos días antes del comienzo del proceso contra Yvan Colonna, acusado de ser el asesino del prefecto Claude Erignac el 22 de mayo de 1999, un atentado que marcó un punto de inflexión en el conflicto corso.

Polémica subida salarial

Por otra parte, el presidente verá su sueldo multiplicado por más de dos cuando la mayoría gubernamental apruebe la ley de presupuestos en la Asamblea Nacional. Se trata de equipararlo al del primer ministro, que cobra actualmente mucho más que el jefe del Estado, concretamente 240.000 euros brutos anuales contra 101.488 para el inquilino del Elíseo. La oposición socialista criticó duramente la medida.

"Ser presidente de la República es una responsabilidad considerable. Considero normal que el presidente tenga una remuneración comparable a la del jefe del Gobierno y a la de los jefes de Estado de otros países europeos", señaló el jefe del grupo parlamentario de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), Jean François Copé.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 31 de octubre de 2007