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Crónica:Liga de Campeones

El mejor Robinho, el Casillas de siempre

El extremo brasileño y el portero rescatan al Madrid tras un partido caótico ante el Olympiakos

No cautiva el Madrid, que lo mismo dimite en el calentamiento de Montjuïc como resulta indigesto ante un equipo de perfil bajo como el Olympiakos, que, encima, jugó con un futbolista menos durante 80 minutos. Con un ritmo paquidérmico, una partitura de movimientos previsibles y una defensa de parvulario, el equipo de Schuster perdió el hilo por completo en un encuentro sencillo. Sólo un agitado tramo final del mejor Robinho y la excelencia del Casillas de toda la vida evitaron una sonrojante derrota del grupo de Schuster, sin sosiego pese a tener ventaja en el marcador al segundo minuto.

Raúl acudió puntual a su idílica cita con la Liga Campeones, pero el Madrid se gripó de inmediato. Cinco minutos después del tanto del capitán, Djordjevic fundió a Míchel Salgado, privilegiado espectador de un repertorio de amagos del serbio, que terminó por sentar de culo al lateral madridista. El capitán del equipo griego asistió a Galletti, clavado en el punto de penalti sin vigilancia alguna. El empate del argentino destempló al Madrid, que hipnotizó el partido para deleite del Olympiakos, que, expulsado Torosidis, se atrincheró con ocho jugadores por detrás de la pelota y tiró serpentinas por la contemplación rival.

REAL MADRID 4 - OLYMPIAKOS 2

Real Madrid: Casillas; Salgado (Higuaín, m.74), Ramos, Metzelder, Marcelo; Robinho, Guti, Gago, Sneijder (Balboa, m.81); Raúl (Torres, m.88) y Van Nistelrooy. No utilizados: Dudek; Baptista, Drenthe y Saviola.

Olympiakos: Nikopolidis; Torosidis, Antzas, Julio César, Bravo (Zewlakow, m.75); Galletti, Patsatzoglou, Stoltidis, Ledesma (Núñez, m.86), Djordjevic; y Lua Lua (Kovacevic, m.73). No utilizados: Sifakis; Georgatos, Né y Archubi.

Goles: 1-0. M. 2. Raúl. 1-1. M. 7. Galletti. 1-2. M. 47. Julio César. 2-2. M. 68. Robinho. 3-2. M. 82: Robinho. 4-2. M. 90. Balboa.

Árbitro: T. Oevreboe (Nor.). Mostró roja a Torosidis (m.13) y amarillas a Salgado, Robinho Djordjevic, Patsazoglou y Galletti.

Unos 63.000 espectadores en el Bernabéu.

Schuster y Mijatovic han perfilado una plantilla en la que no abundan los velocistas y mucho menos los regateadores. Y el equipo lo paga porque se embuda y se aleja de las orillas. Robinho es el único que electriza el juego, pero desde su debú en Cádiz, y ya han pasado más de dos años, nunca ha sido fiable. Al menos, anoche, en pleno plebiscito de Chamartín por sus romerías nocturnas con Brasil, fue el gran animador del Madrid. En realidad, el único. Él le quitó la pelota a Antzas en el tanto de Raúl, marcó dos goles y forzó el penalti que falló Van Nistelrooy. Cuando el Olympiakos hacía presagiar una bronca de la hinchada local, estupefacta desde el tanto de Julio César, explotó Robinho. Eso sí, en el perfil izquierdo, no en el derecho como le alineó de inicio Schuster. El brasileño acudió al rescate como nunca. Pese a su poca constancia, en el Madrid sólo él tiene una chistera. Es diferente de todos. Para lo bueno y lo malo.

Por el otro costado, el técnico alemán insiste con Sneijder, también desaparecido desde su impactante estreno a principios de septiembre. El holandés es un buen pasador y tiene pegada, pero no es profundo, requisito indispensable para despegar por las bandas. Quizá por esta razón Sneijder es hoy un futbolista invisible, fuera de plano en la mayoría de los partidos, en los que no pesa nada. En el extremo no es dañino y pierde panorámica, con lo que el angular del equipo se reduce a los pies de Guti, muy mal auxiliado por Gago, que no encuentra el rumbo que le encumbró desde juvenil en Boca. Esta vez, Schuster se vio obligado a retirar a Sneijder, aunque fuera a cambio de un marginal como Balboa, con el que no cuenta para nada en sus planteamientos.

El trecho final del caótico encuentro del Madrid retrató de mala manera al conjunto local. Después de haber empinado el marcador y con un rival asfixiado tras un largo recorrido con sólo diez jugadores, resulta que Casillas se convirtió en el otro héroe de la noche. Lejos de gobernar el juego hasta el cierre, el Madrid se vio al borde del abismo una y otra vez. Tres paradas magníficas de Casillas le dejaron a salvo y con Chamartín homenajeando a su milagroso guardameta. Una pésima noticia para el Madrid, que está tan agrietado que hasta debe tirar de su portero incluso en días de aparente faena de aliño.

El Madrid no despega. Y, lo que es peor, cada semana que pasa multiplica las dudas. El equipo no cuaja y Schuster tiene claro su ideario, el que motivó su contratación, pero no da con los intérpretes adecuados. Con rotaciones o sin ellas, el Madrid actual está mal enhebrado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 25 de octubre de 2007