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Reportaje:

La estafa del galerista holandés

La justicia investiga el supuesto robo de 250 cuadros en una galería del centro de Barcelona

El pintor Juan Luis Quintana dejó el año pasado seis obras suyas en una galería de arte de Barcelona y ya no las ha vuelto a ver. Y no es porque haya aparecido algún coleccionista interesado en adquirir su Santo Grial o en deleitarse con su Totems urbi et orbe: los cuadros, sencillamente, han desaparecido. Quintana sospecha que están en manos del que fue director de la galería Art Works, ahora cerrada: el holandés Toni Van Schaik. El Juzgado de Instrucción número 25 de Barcelona investiga el caso por posible apropiación indebida y ha emitido una orden de busca y captura del sospechoso, que no acudió a declarar y se encuentra en paradero desconocido.

Hace dos años, Van Schaik instaló Art Works en una planta baja cercana a la plaza de Sant Jaume. Con la ayuda de su pareja, Lorry, el holandés atrajo a varios artistas españoles y europeos deseosos de dar una salida comercial a sus obras. Tal fue el caso de Quintana, a quien, mediante un correo electrónico, Lorry animó a exponer allí sus obras recientes. "No era una galería al uso; parecía más bien un pequeño centro de mercado de arte", recuerda, a toro pasado, el pintor barcelonés.

Beneficios repartidos

Quintana dejó en depósito sus cuadros -"los pintores también tenemos que comer", dice-. El contrato no dejaba lugar a dudas: en caso de venta, el galerista y el pintor se repartían los beneficios al 50%. Las condiciones para el resto eran similares. Quintana asegura que Art Works acumulaba entre 200 y 250 pinturas pertenecientes a más de una veintena de artistas. Aunque no se trata de artistas de fama internacional, su valor en el mercado habría alcanzado "en torno a 300.000 euros".

Desde Suecia, donde está establecido, Serguéi Jakovlev dio la primera voz de alarma. Intentó ponerse en contacto con Van Schaik para preguntarle por sus cuadros, también almacenados en Art Works. Lo intentó vía e-mail y por teléfono. En vano. No había ni rastro de él. Serguéi trasladó su preocupación a Quintana, quien, amargamente, comprobó que la galería había cerrado sus puertas. Después de varios meses sin pagar el alquiler del local, situado en el número 3 de la calle del Paradís, Van Schaik fue desahuciado por el propietario. Desde entonces, los pintores afectados no han vuelto a saber nada de él, y tampoco de sus cuadros.

Fue Quintana quien removió cielo y tierra para aclarar lo sucedido. Denunció la desaparición en una comisaría de los Mossos d'Esquadra y se puso en contacto con las más de 20 víctimas del supuesto robo, quienes, a su vez, presentaron denuncias en sus respectivos países: Portugal, Francia, Italia, Holanda y Suecia, entre otros.

Una persistente incógnita asaltaba a Quintana y al resto de los pintores: ¿permanecían los cuadros en su sitio, en la galería, o habían sido sustraídos? El pasado 30 de mayo salieron de dudas. El juzgado levantó el precinto y Quintana pudo comprobar con sus propios ojos que ni su Eolorama ni su Alcor estaban donde los vio por última vez. "Me sentó fatal porque tenía una mínima esperanza. Me afectó tanto que no pude pintar en unos meses", relata.

La justicia investiga ahora dónde están las pinturas. Para ello será básico encontrar antes a Van Schaik. Quintana sospecha que el galerista se llevó todos los cuadros a Holanda y los vendió en un mismo lote, a bajo precio. "Allí, a diferencia de España, existe una tradición muy fuerte de compra y venta de obras de arte", apunta.

Lo cierto es que sobre Van Schaik pesan ni más ni menos que tres órdenes de busca y captura, incluida la del Juzgado de Instrucción número 25. El hombre, natural de Utrecht, ha sido detenido en varias ocasiones por la policía: por robo con fuerza, por homicidio en Vilanova y por tráfico de drogas en La Jonquera.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de octubre de 2007