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El debate de las infraestructuras

Trabajar para el diablo, bajo la advocación de una virgen

Los obreros de túneles son, dicen los ingenieros, gente de creencias extrañas. Cuando abren un túnel, lo primero que hacen es poner allí la imagen de una virgen María en la versión de la religión católica. Esto asegura que el túnel resistirá incluso por encima de los cálculos ingenieriles. Es una creencia extravagante porque la tienen obreros de raigambre católica, como los bolivianos o ecuatorianos, pero también otros de tradición menos cristiana como los musulmanes procedentes de los países del Magreb.

Sea como sea, si hay túnel, hay imagen de una virgen. Y a pesar de tan creyente práctica, luego se hacen otras cosas que el refranero califica como "trabajar para el diablo", lo que significa hacer trabajos absolutamente inútiles. Acaba de ocurrir en el tramo de la línea 9 que se abrirá a los fotógrafos esta tarde en presencia de no pocas autoridades. Para que puedan captar el momento en el que las dos tuneladoras se unen, se ha procedido a construir una pared artificial. Formalmente, el acto convocado para las 16.15 horas en Sant Andreu servirá para que se inmortalice el momento en el que las tuneladoras dan el último golpe al subsuelo y cae el último trozo de tierra que las mantenía invisibles. Pero, en la práctica, eso ocurrió hace unos días, de modo que la empresa constructora, según fuentes del Gobierno catalán, ordenó a los trabajadores que reconstruyeran la paredilla para no chafar el acto previsto para hoy. "No ha sido una decisión de GISA (empresa pública que gestiona las obras de la línea 9) sino de la propia constructora", aseguró un portavoz del Gobierno, que insistió en que este paripé se hace siempre, para evitar daños a los asistentes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 25 de septiembre de 2007