Reportaje:

La oportunidad de María

La madre de la niña operada cuando era feto: "No he tenido miedo"

María ya come, no necesita apoyo respiratorio y prácticamente tiene la herida de su operación curada. Quizás mañana o pasado podría estar mamando. En una habitación del hospital sevillano Virgen del Rocío, sus padres, María José y Antonio, recitaban ayer con una deslumbrante sonrisa el parte médico de la recién nacida que más atención ha suscitado en las últimas 48 horas. Y no es para menos: fue operada cuando sólo era un feto de 26 semanas para paliar los efectos más graves de la espina bífida que padece con una técnica pionera en Europa, practicada en Estados Unidos y Brasil.

"Soy consciente de que he sido un conejito de indias, aunque no he sentido miedo porque he confiado en todo momento en los médicos". María José, malagueña de 36 años y farmacéutica óptica, asegura que nunca dudó qué opción elegir cuando una ecografía y una resonancia magnética detectaron la enfermedad de su hija a las 21 semanas de gestación. "Lo primero que me plantearon fue el aborto, pero soy católica y enseguida lo descarté. Vinimos a Sevilla a pedir una segunda opinión y me plantearon la cirugía fetal abierta. Sabía que tenía sus riesgos, pero para mí sólo había dos posibilidades: seguir con el embarazo o darle una oportunidad a la niña. Lo vi claro".

"Queríamos que se desenvolviera por sí sola, y no fuera dependiente"

Frente a la docena de periodistas que le asaetean a preguntas, a María José a veces se le quiebra la voz por la emoción, pero logra recomponer el gesto. Cuenta que desde mediados de junio -el momento de la operación- ha estado en reposo absoluto sin andar nada. Del sofá a la cama, y de la cama al sofá. Para desplazarse, una silla de ruedas. A su hijo mayor, Álvaro, de un año y medio, lo dejaron en Málaga porque ella tenía que estar completamente tranquila. "Lo que quiero es poder caminar y recobrar mi vida".

Tanto ella como Antonio, su marido, sevillano de 35 años y aparejador, saben que la enfermedad persiste aunque la intervención ha suavizado las secuelas más negativas. La niña mueve las piernas y los médicos opinan que controlará los esfínteres, pero hay que esperar un tiempo para una evaluación más precisa. "Hasta que no empiece a caminar, dentro de un año o dos, no se verá la efectividad total de la operación", dice Antonio, quien insiste también en la oportunidad que la intervención ha supuesto para su hija. "Salga mejor o salga peor, cuando nos vayamos, porque por ley de vida nosotros nos marcharemos antes, María tendrá una vida lo mejor posible. Queríamos que se desenvolviera por sí sola, y no ser dependiente, como habría ocurrido en el caso de que hubiéramos esperado a hacer la operación después de que naciera".

La madre, que no deja de dar las gracias a los médicos y destacar su "humanidad", quiere que se traslade un mensaje de "esperanza" a las familias con el mismo problema: "Muchas veces los padres deciden abortar corriendo sin saber lo que les pasa a los hijos, y puede haber una vida muy llevadera y con calidad". María José espera que el caso de su hija "abra camino porque la cirugía avanza", y sirva para que "las tasas de aborto disminuyan". "Se ha rezado mucho y yo me he encomendado a San Josémaría Esrivá de Balaguer [fundador del Opus Dei". La niña saldrá del hospital en dos o tres semanas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 08 de septiembre de 2007.

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