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Los marroquíes cuestionan la utilidad de elegir el Parlamento

Más de 15 millones de ciudadanos han sido convocados a las urnas el próximo viernes

¿De qué sirven unas elecciones legislativas en un país en el que la Constitución otorga un poder casi absoluto al rey? ¿De qué sirve votar si el rey nombra al primer ministro y al menos a cuatro miembros clave del Gobierno al margen de la mayoría parlamentaria, como sucedió en 2002? La pregunta está propiciando un amplio debate en Marruecos, cuyos ciudadanos han sido convocados a las urnas el próximo viernes para participar en las segundas elecciones legislativas del reinado de Mohamed VI.

Nada menos que 33 partidos se disputan los 325 escaños de la Cámara de Representantes (cámara baja), de los que al menos 30 están reservados para las mujeres.

"Me gustaría que se me explique el sentido de las elecciones en este régimen", escribe Walid, un internauta, en un foro de debate sobre las legislativas abierto en Internet por la delegación en Marruecos de la fundación alemana Friedrich Ebert.

"Los marroquíes son conscientes de la importancia de las elecciones, pero son sobre todo conscientes de su inutilidad", ironizaba el novelista Rida Lamrini en otro debate, éste con políticos y representantes de la sociedad civil, organizado por la misma fundación alemana.

El monarca marroquí ostenta no sólo buena parte del poder ejecutivo, sino que designa al jefe de Gobierno -el actual, Driss Jettu, es un tecnócrata sin afiliación política-, a los llamados ministros de "soberanía", que desempeñan las carteras de Interior, Exteriores, Justicia y Asuntos Islámicos, así como al responsable de la Defensa. Administra además directamente parte del presupuesto nacional a través de fundaciones vinculadas al palacio real.

De ahí que islamistas e izquierdistas preconicen el boicoteo de la cita con las urnas que estará, sospechan, repleta de irregularidades pese a que el soberano prometió que el escrutinio será "irreprochable". "Votar aquí es caer en un timo", asegura Nadia Yassin, la figura más conocida del gran movimiento islamista Justicia y Caridad, ilegal pero tolerado por las autoridades.

"Las principales decisiones son tomadas por el rey y su entorno", recuerda Abdalá el Harif, líder de Vía Democrática, un diminuto partido izquierdista que también propugna el boicoteo. "El ciudadano que vote debe aceptar que sus representantes ejecuten decisiones que ellos no han tomado", añade.

Otras tres pequeñas formaciones de izquierdas, escindidas del gran partido socialista, han optado por concurrir juntas a las legislativas para reclamar ante todo "una Constitución democrática que garantice la separación de los poderes y amplíe las prerrogativas de un parlamento del que emane un auténtico Ejecutivo que de verdad gobierne", según Abderrahman Benameur, cabeza de lista de esta coalición en Rabat.

El Partido de la Justicia y del Desarrollo (PJD), la gran formación islamista legal, no hace tanto hincapié en la reforma constitucional, pero reconoce que la actual Carta Magna reducirá su margen de maniobra si ganan en las urnas. "Si no tenemos un proyecto de sociedad definido, es porque la política en Marruecos es una autopista cuyo trazado ya ha sido diseñado", reconoció Lahcen Daoudi en la revista Tel Quel de Casablanca.

Para los dos partidos tradicionales (socialista y el nacionalista Istiqlal) la aprobación de una nueva Constitución ha dejado de ser una prioridad. Prueba de ello es que han aplazado la elaboración de un memorando sobre esta cuestión que debían entregar a Mohamed VI.

"Los partidos no tienen la madurez suficiente para recortar las prerrogativas del rey", declaró, en enero, el líder del Istiqlal, Abbas el Fassi, a Tel Quel. Reconocía así, sorprendentemente, que pese a su larga historia y a su lucha por la independencia, la formación que encabeza es aún bisoña.

"Stalin tenía la Constitución más democrática del mundo y, sin embargo, la Unión Soviética era una dictadura", recuerda Mohamed el Yazghi, secretario general de los socialistas, para justificar la menor importancia de este asunto. "Si se hace una lectura actualizada de la Carta Magna, el rey no tiene ya tantos poderes". "La manera de gobernar el país ha cambiado, se está modernizando".

El escaso peso de los partidos en Marruecos, su consabida incapacidad de poder aplicar sus programas electorales, son algunas de las causas de la apatía de la opinión pública cuando el país vive en plena campaña. "Hay un enorme desfase entre el desinterés de la gente y la ardua competición entre candidatos", constata el investigador Abdelá Tourabi.

El riesgo de abstención es alto sobre todo entre los jóvenes. Por lo pronto, nada menos que el 60% de los jóvenes en edad de votar no se ha tomado la molestia de inscribirse en el censo electoral, según una estimación del profesor Bernabé López, de la Universidad Autónoma de Madrid. Sólo se han apuntado 1,39 de los 3,5 millones de marroquíes de entre 18 y 24 años.

Cauto, el ministro del Interior, Chakib Benmoussa, aseguró que se daría por satisfecho si la participación superaba el 52% de las legislativas de 2002. Reconoció, no obstante, que desearía que fuese "más elevada".

Hace cinco años la participación fue probablemente hinchada por las autoridades. A primera hora de la tarde, cuando ya habían votado los fieles tras la oración del viernes, apenas superaba el 30% en las ciudades. Después apenas hubo afluencia en la mayoría de los colegios electorales, pero al cierre éstos esgrimieron índices que rondaban, o incluso rebasaban, el 50%.

33 PARTIDOS A ELEGIR

La Cámara de Representantes está formada por 325 diputados y es el rey el que nombra al primer ministro

El 60% de los jóvenes en edad de votar no se ha tomado la molestia de inscribirse en el censo

33 partidos presentan candidatos, pero sólo dos (socialista y el nacionalista Istiqlal) lo hacen en las 95 circunscripciones del país

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de septiembre de 2007

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