Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:CLÁSICA

María Bayo da rigor a la zarzuela

La soprano pone en pie al público del Kursaal de San Sebastián

San Sebastián

Se llenó el Kursaal de San Sebastián con la presencia de María Bayo. La soprano navarra se movió entre el repertorio francés y la zarzuela, con un programa muy en sintonía con su momento artístico actual. La Orquesta de Cámara de Ginebra, con el joven director valenciano Rubén Gimeno al frente, calentó motores con una decorosa Sinfonía en do mayor, de Bizet, que dejó el ambiente preparado para la música vocal de Berlioz, donde Bayo se mostró con seguridad y fluidez, tanto en un aria de Béatrice et Bénedict como en un bolero para soprano y orquesta.

Con la zarzuela, la tarde dio un giro de intensidad. Salió a relucir el lado interpretativo de una cantante que incorporando la escena se manifiesta con un empuje arrebatador. En particular, su versión de la romanza Yo soy Cecilia Valdés, de la zarzuela cubana de Gonzalo Roig, alcanzó cotas emocionales de mucho impacto, pues Bayo añadió a su canto los valores expresivos del gesto y de un baile rezongón, con gracia y chispa por arrobas.

Bayo se creció, sintiéndose además correctamente acompañada por la orquesta suiza y su director español. Elevó el listón con Las hijas de Cádiz, de Delibes, en la primera propina, y se lanzó al infinito con una interpretación antológica de Chateaux Margaux. En pleno clima de apoteosis, la soprano recordó con La tarántula, que era alumna y admiradora de Teresa Berganza, pero conservando su personalidad. El público se puso en pie -algo no tan habitual en San Sebastián como en otros festivales- coronando la velada en atmósfera de franco éxito. De la orquesta quizá su momento más destacado fuese el intermedio de El baile de Luis Alonso. No perjudicó, en cualquier caso, a la cantante y acompañó con corrección en todo momento. Fue un recital, por encima de todo, amable, de los que conquistan y en los que se establecen vínculos de comunicación entre los artistas y el público.

Un corrillo de espectadores comentaba al final del concierto que Plácido Domingo debería de haber seleccionado a María Bayo para sus recientes recitales de zarzuela de Madrid y Salzburgo. No entro ni salgo en este tipo de apreciaciones. Lo que sí es un hecho es que los dos han impulsado en sus conciertos de los últimos meses los valores más comunicativos de la zarzuela con pleno rigor estilístico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 25 de agosto de 2007