Análisis:
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Recuerdos del 'glamour' náutico

El glamour de los grandes yates con los gallardetes de banderas que indicaban su lejano origen ya no está en el puerto de Valencia. En la división External Marinas del Puerto de Copa del América apenas quedan 25 embarcaciones. Un contraste respecto a los 500 barcos de entre ocho y 30 metros que alojó durante las competiciones. La mayoría de las embarcaciones eran de nacionalidad italiana, seguidos por los británicos, franceses y neozelandés. En cualquier caso, transeúntes con un nivel económico que les permite gastar en torno a 500 euros de combustible para un día de navegación, si se trata de un yate de en torno a 20 metros. Además de los 14 euros por noche del amarre y los gastos del consumo de luz, agua y aire acondicionado, con tarifas en función de la eslora. Un paseo por el pantalán de la Marina de Superyates permite comprobar que el panorama es similar. Por allí pasaron las embarcaciones más deslumbrantes de más de 35 metros. Estos días, es difícil ver alguno.

Rumbo a otros puertos

"Ahora tan sólo vienen algunos, que están de paso en la ciudad", apuntan desde America's Cup Management. Pero la mayoría emprendió travesía hacia lugares con un mayor atractivo para la navegación. "Persiguen el encanto de paisajes con acantilados, calas o montañas". Por ello, barcos de diferentes nacionalidades, pero sobre todo europeos, recorren el litoral y fondean en las costas de Dénia, Xàbia, Moraira o cruzan el Mediterráneo hasta las islas Baleares.

Isidoro Sánchez, comodoro del veterano Real Club Náutico de Valencia, recuerda que durante las regatas no han tenido un solo amarre libre ante la llegada de yates, megayates y superyates. "De hasta 40 y 80 metros de eslora", apunta orgulloso repanchingado en la cubierta de su velero. Ahora reciben en torno a ocho al día, pero siempre de paso hacia otras costas. A pesar de que insiste en que el turismo náutico puede ser más económico, más seguro y más ecológico que otras aficiones, admite que no es deporte popular. La idea la deja clara el contramaestre del club, Agustín Portolés. "Es necesario pertenecer a un nivel medio-alto o alto para poder comprar casi cualquier barco y mantenerlo". Explica que un barco de unos 20 metros de eslora puede gastar en torno a 90.000 euros durante un mes de vacaciones. Turismo de alto nivel, que, a pesar de las bajas del mes de agosto, en el Real Club Náutico apuestan por él. Por ello han construido una ampliación para barcos de hasta 120 metros, de cara a las embarcaciones de la próxima edición de la Copa del América y al turismo del resto del año, que encuentran en Valencia "un lugar oportuno para repostar".

Lo que más afecta es lo que sucede más cerca. Para no perderte nada, suscríbete.
Suscríbete

Regístrate gratis para seguir leyendo

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS